Los colores de la tierra: teñir con tintes naturales
CIENCIA UNAM.
Una práctica tradicional aún viva en comunidades de México.
Hace 20 años el maestro Carlos Barrera Reyes, el artista visual inició una investigación en tintes naturales impulsado por el trabajo de la maestra Leticia Arroyo Ortiz, considerada una de las especialistas en México en esta área.
Desde ese momento, el ahora profesor en la maestría de artes visuales en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, ha visitado varias comunidades de Chiapas y Oaxaca, en donde ha impartido talleres de tintes naturales con el fin de rescatar esa práctica milenaria.
Entre sus primeros esfuerzos estuvo integrar en su trabajo fibras como algodón coyuchi, seda, pelo de conejo, plumas de guajolote, ixtle y lino. Además, buscó nuevas plantas con las cuales trabajar y se enfocó en clasificar los colorantes a través del grupo químico al que pertenecen.
“Esa parte la trabajé los últimos ocho años, cuando empecé a investigar sobre los colorantes, lo cual toma mucho tiempo porque tienes que revisar artículos científicos y tesis para poder encontrar los colorantes. Los tintes naturales más famosos ya están muy investigados y es muy fácil encontrar qué colorantes tiene, pero de muchas otras plantas no hay investigación”, relata el maestro Barrera Reyes.
Uno de los inconvenientes que encontró al hacer esta búsqueda es que los trabajos que revisaba generalmente se enfocaban en encontrar alguna propiedad medicinal en las plantas no tanto sus colorantes.
Sin embargo, sí logró identificar nuevos colorantes y clasificarlos químicamente en seis grupos: ácidos liquénicos, carotenoides, flavonoides, indigoides, quinonas y taninos. Algunas plantas —agrega— tienen más de un colorante de estos grupos, por lo que es importante saber cuál predomina para clasificarla según su grupo químico.
“Cuando se conoce qué colorante principal tiene cada planta o material tintóreo, se sabe qué técnica de teñido utilizar”, explica el maestro Barrera. Destaca que cuando empezó a investigar las clasificaciones químicas, detectó que el teñido podía dar mejores resultados, según la manera en que lo hacía o si combinaban técnicas de teñido.

Trabajo en comunidades.
El primer acercamiento que tuvo el maestro Barrera hacia una comunidad fue en Magdalenas, en Chiapas, en 2008. Su intención era trabajar con las mujeres que confeccionaban el Huipil de la Virgen de este sitio, para teñirlo con tintes naturales, pero no fue aceptada su propuesta.
Descubrió que los huipiles que había no estaban teñidos con tintes naturales. A partir de ese momento empezó un proyecto con las comunidades que en sus inicios consistió en integrarse a ellas, conocer su forma de vida y convivencia. Lo llevó a cabo durante tres años en dos comunidades chiapanecas: Zinacantán y en Paraíso del Grijalva.
Después de unos años, el proyecto fue creciendo y se integraron varias tejedoras para aprender sobre tintes naturales y aplicarlos en sus productos, los cuales posteriormente fueron expuestos en concursos o eran vendidos a los turistas.
“Me costó trabajo enseñarles a las tejedoras porque aprender tintes naturales no es tan fácil. No basta un taller, ni dos, ni tres. Es a partir como del octavo o noveno que realmente me di cuenta que las tejedoras lo empezaban a aprender y lo que yo quería era que realmente lo aprendieran, que se volvieran unas maestras en el teñido para que después lo pudieran replicar”.
Este proyecto de teñido en comunidades de Chiapas, también lo llevó a Oaxaca, sobre todo en aquellos lugares en donde no se sabía teñir, los cuales son menos que en Chiapas, pues en Oaxaca sí es una técnica que sigue más viva, incluso existen sitios como Teotitlán del Valle en donde siempre han teñido los tejidos.
Menor uso del teñido natural.
Entre las problemáticas que ha enfrentado el teñido natural en los últimos años, es que ha dejado de usarse y de transmitirse su enseñanza a las nuevas generaciones.
Una de las razones por las que han dejado de usarse tintes naturales, sobre todo en Chiapas, es porque por los años 70 llegaron las anilinas a nuestro país y se empezaron a utilizar para teñir, pues era más fácil hacerlo que con pigmentos de plantas, el problema es que los huipiles que pintaban con ellas se despintaban cuando los lavaban.
Sólo algunas tejedoras siguieron usando tintes naturales, pero en realidad sólo eran empleados para piezas que eran expuestas en concursos como los de Fonart (Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías).
Otro motivo por el cual dejaron de usarse tintes naturales, es porque llegaron a México los hilos de China, que estaban mejor pintados y eran muy baratos.
“Finalmente, se dejó de utilizar tinte natural por lo barato de los hilos; no puedes competir con un hilo de 30 pesos cuando de la otra forma había que cosechar el algodón, que crezca, recolectarlo, hilarlo a mano, limpiarlo, teñirlo, o sea, es trabajo de un año por lo menos. Aunque en la actualidad esto está cambiando, pues se ha retomado todo lo natural”.

Dos tintes excepcionales.
Como parte de su clasificación química de los tintes naturales, el maestro Barrera trabajó con el lodo negro y el caracol púrpura. Explica que el primero nunca se ha perdido como tinte natural, pues las tejedoras en Chiapas lo utilizan mucho para teñir sus faldas y ponchos de color negro.
Sin embargo, uno de los inconvenientes es que en particular las tejedoras son muy cuidadosas de compartir el conocimiento sobre éste. Una vez que el maestro Barrera pudo obtenerlo buscó qué colorantes tenía que permitía lograr el color negro.
Encontró que para es necesario mezclarlo con otra hierba, la cual tiene taninos y sin esa planta no se logra teñir de negro, sino que el color se va más a los grises.
“Pensé que sí era tanino, entonces podía utilizar otra planta que tenga taninos o usar ácido tánico, que es lo mismo, un químico, y lo hice y no llegó el negro, se queda en el gris. Entonces, esa hierba tiene algo más aparte de taninos que es lo que hace que junto con el lodo negro el material se vuelva negro, pero no hay ninguna investigación sobre eso”.
Asimismo, se enfocó en el caracol púrpura, un molusco en peligro de extinción y utilizado en la costa de Oaxaca. Al igual que con el lodo negro, al principio le fue difícil conseguir que le permitieran trabajar con este recurso, por lo que primero colaboró durante cinco años con los habitantes de la zona, a quienes les impartió talleres de teñido.

Posteriormente, le permitieron tomar muestras del colorante del caracol, el cual libera el molusco como una protección contra sus depredadores. Relata que trabajar con este caracol es una labor que requiere de mucho cuidado, tanto para extraer el colorante como para volver a colocar al animal en donde fue recolectado, con el fin de que no muera.
El maestro Carlos Barrera reconoce que es importante trabajar en conjunto con las comunidades, conocerlas y poder impulsar en ellas el teñido con tintes naturales, una práctica milenaria que se ha estado perdiendo, a pesar de ser parte de nuestro patrimonio cultural.
Por: María Luisa Santillán.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM