Descubren una “Tierra congelada” a solo 150 años luz que podría enseñarnos cómo sobrevivió la vida en el pasado

COSMOLOGÍA.-

Un exoplaneta de tamaño terrestre, con un año casi idéntico al nuestro, podría estar completamente congelado. Su estudio ayuda a entender los límites reales de la habitabilidad planetaria.

Ilustración conceptual que muestra de forma esquemática la relación entre la estrella y la órbita de HD 137010 b, destacando su ubicación aproximada cerca del límite exterior de la zona habitable, no a escala ni basada en una imagen real. Fuente: ChatGPT.

La búsqueda de planetas parecidos a la Tierra suele asociarse a mundos templados, con océanos líquidos y climas relativamente estables. Sin embargo, algunos de los hallazgos más reveladores no encajan en esa imagen cómoda. A veces, los planetas que más se parecen al nuestro lo hacen en tamaño y órbita, pero no en temperatura. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con HD 137010 b, un exoplaneta rocoso descubierto a menos de 150 años luz, cuya superficie podría estar completamente congelada.

El hallazgo se describe en un estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters, donde un equipo internacional presenta la detección de un planeta de tamaño terrestre que orbita una estrella similar al Sol, aunque algo más pequeña y fría. El interés del trabajo no está solo en la detección en sí, sino en lo que implica: un planeta con características orbitales casi idénticas a las de la Tierra, pero sometido a un flujo energético mucho menor, lo que lo convertiría en una auténtica "Tierra bola de nieve".

Un planeta casi gemelo de la Tierra, pero mucho más frío.

HD 137010 b destaca por su sorprendente similitud con la Tierra en parámetros clave. Según el análisis del tránsito observado, su radio es de 1,06 veces el terrestre, una diferencia mínima que lo sitúa claramente en la categoría de planetas rocosos. Además, su periodo orbital estimado es de unos 355 días, prácticamente un año terrestre, lo que implica una distancia a su estrella comparable a la que separa la Tierra del Sol.

La estrella anfitriona, HD 137010, es una enana K, algo más pequeña y menos luminosa que el Sol. Esa diferencia resulta crucial. Aunque el planeta se encuentre a una distancia similar a la de la Tierra, la menor luminosidad estelar hace que reciba solo alrededor del 29 % de la energía que llega a nuestro planeta. Esta cifra es comparable a la que recibe Marte, y condiciona de forma decisiva su clima.-

Fuente: The Astrophysical Journal Letters.

Los autores del estudio señalan que, con estos valores, HD 137010 b se sitúa cerca del borde exterior de la zona habitable. En términos estadísticos, existe aproximadamente un 51 % de probabilidad de que su órbita caiga dentro de los límites más optimistas de esa región. Sin embargo, estar en la zona habitable no garantiza temperaturas suaves ni la presencia de agua líquida en superficie.

Una detección extraordinaria basada en un único tránsito.

La forma en que se detectó este planeta es tan llamativa como el propio mundo descubierto. HD 137010 b fue identificado gracias a un solo tránsito registrado por el telescopio espacial Kepler durante su misión K2. El tránsito duró unas 10 horas y produjo una caída extremadamente pequeña en el brillo de la estrella, de apenas 225 partes por millón.

Detectar un planeta de tamaño terrestre con un solo tránsito es algo excepcional. El propio paper subraya este carácter inédito al afirmar que “este es el primer candidato a planeta con un radio y propiedades orbitales similares a las de la Tierra que transita una estrella similar al Sol lo suficientemente brillante como para permitir observaciones de seguimiento sustanciales”. La frase resume la importancia técnica y científica del hallazgo.

Normalmente, la confirmación de un exoplaneta requiere observar múltiples tránsitos para medir con precisión su periodo orbital. En este caso, la larga duración de la órbita hace que esos tránsitos sean raros. Por eso, los autores reconocen que serán necesarias varias campañas de observación para confirmar definitivamente la naturaleza planetaria de HD 137010 b, aunque consideran muy alta la probabilidad de que se trate de un planeta real.

Temperaturas extremas y un posible mundo congelado.

Las estimaciones térmicas del estudio dibujan un escenario poco acogedor. Incluso en el caso más favorable, suponiendo una atmósfera con bajo albedo, la temperatura de equilibrio del planeta rondaría los –68 °C. Con valores más realistas, similares a los de la Tierra, las temperaturas bajarían hasta –85 °C, y en un escenario de alta reflectividad podrían alcanzar –100 °C.

Estas cifras sitúan a HD 137010 b como uno de los planetas de tamaño terrestre más fríos jamás detectados alrededor de una estrella similar al Sol. Los autores señalan que, en estas condiciones, el planeta podría encontrarse en un estado de glaciación global, conocido como snowball planet, en el que la superficie está cubierta por hielo casi en su totalidad.

El estudio advierte que si el planeta tuviera una concentración de dióxido de carbono similar a la terrestre, podría quedar atrapado en un clima de bola de nieve, altamente reflectante, que reduciría aún más la temperatura superficial. Este tipo de retroalimentación climática es bien conocida en la ciencia planetaria y desempeñó un papel clave en la historia temprana de la Tierra.-

Distribución de probabilidades que sitúa al planeta cerca del borde exterior de la zona habitable. Fuente: The Astrophysical Journal Letters

¿Puede existir agua líquida en un mundo así?

A pesar de este panorama gélido, el paper no descarta la posibilidad de agua líquida. Los autores señalan que “parece eminentemente plausible que una atmósfera moderadamente rica en CO₂ sea propicia para la existencia de agua líquida en superficie”, siempre que las condiciones atmosféricas sean las adecuadas.

Este razonamiento se apoya en modelos climáticos aplicados a otros exoplanetas terrestres y en la propia historia de la Tierra. Nuestro planeta atravesó varios episodios de glaciación global durante su evolución geológica, y aun así la vida logró persistir, probablemente en refugios subterráneos o bajo el hielo.

La clave estaría en la composición y densidad de la atmósfera. Una atmósfera más espesa, con mayores concentraciones de gases de efecto invernadero, podría elevar la temperatura superficial lo suficiente como para permitir bolsas de agua líquida, incluso en un planeta globalmente frío.

Un sistema planetario que podría no estar solo.

Aunque HD 137010 b parece aislado en los datos actuales, el estudio sugiere que podrían existir otros planetas en el sistema, tanto en órbitas interiores como exteriores. Los autores plantean la posibilidad de una arquitectura similar a la del Sistema Solar, con varios planetas rocosos repartidos en la zona habitable y quizás un planeta gigante más lejano.

Además, se detectó una ligera variación en las velocidades radiales de la estrella que podría indicar la presencia de un cuerpo adicional, posiblemente un planeta masivo comparable a Júpiter. Aunque los datos no permiten confirmarlo, este escenario reforzaría el interés del sistema como laboratorio natural para estudiar la formación planetaria.

La combinación de un planeta terrestre frío, una estrella relativamente tranquila y la posible presencia de otros mundos convierte a HD 137010 en un objetivo prioritario para futuras misiones y observatorios de próxima generación.

Una ventana al pasado climático de la Tierra.

Más allá de la cuestión de la habitabilidad, HD 137010 b ofrece una oportunidad única para comprender cómo evolucionan los climas planetarios extremos. Estudiar un planeta que podría estar atrapado en una glaciación permanente ayuda a poner en contexto los episodios de Tierra bola de nieve que ocurrieron en nuestro propio planeta hace cientos de millones de años.

Este tipo de mundos recuerda que la habitabilidad no es un estado fijo, sino un equilibrio delicado entre órbita, estrella, atmósfera y geología. En ese sentido, HD 137010 b no es solo un exoplaneta interesante: es un espejo frío que refleja una de las fases más extremas de la historia terrestre.

Por: Eugenio Manuel Fernández Aguilar. Físico, escritor y divulgador científico.

Sitio Fuente: Muyinteresante