Terremotos boomerang: el extraño rebote que desconcierta a los sismólogos y que es más frecuente de lo que se creía
CIENCIAS DE LA TIERRA / GEOLOGÍA / SISMOLOGÍA.
Nuevas simulaciones revelan que incluso las fallas más simples pueden producir rupturas sísmicas que regresan sobre sus propios pasos.
En las profundidades del planeta, la energía no siempre sigue un camino recto. Durante décadas, los sismólogos imaginaron el terremoto como una grieta que se abre y avanza, expandiendo su furia en una sola dirección o en dos sentidos opuestos. Sin embargo, la naturaleza, siempre más compleja que nuestros esquemas, ha mostrado en ocasiones un comportamiento inesperado: rupturas que avanzan… y luego regresan.
A estos eventos se les ha llamado “terremotos boomerang”, una metáfora casi poética para describir un fenómeno técnico conocido como “frentes que se propagan hacia atrás”. En ellos, la fractura sísmica no solo continúa su avance, sino que en cierto punto se bifurca: una parte sigue adelante mientras otra invierte el rumbo, recorriendo de nuevo la falla que acaba de romper.
Lejos de ser una curiosidad aislada, nuevas investigaciones sugieren que este comportamiento podría ser más habitual de lo que pensábamos.
El eco inesperado de una ruptura.
En condiciones normales, un terremoto comienza cuando la tensión acumulada entre dos bloques de roca se libera de forma súbita. Esa liberación genera una ruptura que se desplaza a lo largo de la falla, desencadenando ondas sísmicas que sacuden el terreno. El modelo clásico presupone una propagación continua, relativamente ordenada, aunque intensa.
Sin embargo, los registros sísmicos han revelado episodios desconcertantes. En 2016, un terremoto en medio del Atlántico pareció desplazarse primero hacia el este y, segundos después, rebotar hacia el oeste. Algo similar podría haber ocurrido durante el devastador seísmo de magnitud 9 frente a Japón en 2011, conocido como el terremoto de Tohoku, y también en el terremoto de magnitud 7,8 que golpeó Turquía y Siria en 2023. En todos estos casos, las firmas sísmicas sugirieron una inversión parcial del frente de ruptura.
Tradicionalmente, los científicos habían atribuido este comportamiento a sistemas de fallas complejos, donde múltiples fracturas interactúan entre sí. Resultaba lógico pensar que una geometría intrincada favoreciera saltos, desvíos o retornos de la ruptura. Pero ¿qué ocurre cuando la falla es recta, simple, aparentemente predecible? Esa fue la pregunta que se plantearon investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Una falla sencilla, un comportamiento complejo.
El estudio, publicado en la revista AGU Advances, demuestra mediante simulaciones que no es necesario un entramado geológico enrevesado para que se produzca un terremoto boomerang. Incluso una falla rectilínea, modelada como una simple fractura en un medio elástico, puede generar este efecto bajo ciertas condiciones.
Los investigadores diseñaron un modelo computacional en el que representaron la corteza terrestre como un material elástico atravesado por una única falla recta. A partir de ahí, variaron parámetros como la longitud de la fractura, el punto de inicio del sismo y la dirección de propagación. El resultado fue revelador: solo los terremotos que avanzaban en una sola dirección (los llamados eventos unilaterales) mostraban la posibilidad de generar un frente que regresara.

Crédito: Sergio Parra / ChatGPT.
La clave no estaba tanto en la geometría como en la dinámica de la fricción. Durante un terremoto, la fricción entre los bloques de roca disminuye bruscamente, permitiendo que uno se deslice respecto al otro. Este descenso facilita la propagación de la ruptura. Pero en las simulaciones se observó que, si la fricción baja, luego aumenta y vuelve a disminuir con rapidez, puede generarse un efecto de “frenado” temporal. Esa interrupción permite que la zona ya rota acumule nuevamente tensión y vuelva a romperse, ahora en sentido inverso.
En otras palabras, la falla puede “reencenderse” detrás del frente principal, creando ese característico efecto de retorno.
El papel decisivo de la fricción y la distancia.
El estudio también señala que el fenómeno es más probable cuando el terremoto recorre una distancia considerable antes de invertirse. Esto implica que los grandes terremotos no son simplemente versiones ampliadas de los pequeños, sino que pueden exhibir comportamientos propios y cualitativamente distintos.
Este hallazgo tiene implicaciones importantes para la evaluación del riesgo sísmico. Aunque para una persona en superficie resulte casi imposible distinguir si una ruptura ha regresado sobre sus pasos (el movimiento del suelo es siempre complejo y multifactorial), la dirección de propagación influye en la intensidad de las sacudidas. Las zonas situadas en la trayectoria del frente de ruptura suelen experimentar una amplificación del movimiento. Si ese frente regresa, ciertas áreas podrían verse sometidas a una doble intensificación.
Lo más inquietante es que las condiciones identificadas por el modelo (propagación unilateral, cambios rápidos de fricción y recorrido suficiente) no son raras en la naturaleza. Esto sugiere que muchos terremotos del pasado podrían haber tenido un componente boomerang que pasó desapercibido debido a las limitaciones de los métodos de análisis.
La investigación invita ahora a buscar activamente estas señales en los registros sísmicos. Comprender con mayor precisión cómo y cuándo se produce una inversión de la ruptura podría mejorar las estimaciones de daño potencial, especialmente en fallas consideradas simples y maduras, como algunos segmentos de la falla de San Andrés en California.
Por: Sergio Parra. Periodista científico.
Sitio Fuente: MuyInteresante