La generación del 2000, en riesgo: aumentan los trastornos psicóticos en los veinteañeros

CIENCIAS DE LA SALUD / PSIQUIATRÍA.-

Un gran estudio canadiense detecta un aumento sostenido de trastornos psicóticos entre los jóvenes nacidos en las últimas décadas, abriendo interrogantes sobre las causas sociales, biológicas y culturales de este fenómeno.

El cambio de milenio llegó envuelto en promesas tecnológicas y temores digitales. Nadie imaginaba que el verdadero desajuste podría incubarse en silencio, en la mente de quienes apenas comenzaban a nacer. Hoy, más de dos décadas después, una investigación masiva sugiere que los jóvenes que crecieron bajo el signo del nuevo siglo podrían ser más vulnerables a los trastornos psicóticos que sus predecesores.

Un estudio poblacional publicado en la revista Canadian Medical Association Journal y liderado por el investigador Daniel Myran, en colaboración con equipos de ICES y varios institutos hospitalarios de Ontario, ha analizado los datos sanitarios de 12,2 millones de personas nacidas entre 1960 y 2009 en esa provincia canadiense. Los resultados apuntan a un aumento significativo en los diagnósticos de trastornos psicóticos (incluida la esquizofrenia) entre las cohortes más recientes.

Los números son elocuentes. Entre 1997 y 2023, la incidencia anual de estos trastornos en jóvenes de 14 a 20 años aumentó un 60 %, pasando de 62,5 a 99,7 casos por cada 100.000 habitantes. 

Más aún, quienes nacieron entre 2000 y 2004 presentaron una tasa de nuevos diagnósticos un 70 % superior a la de los nacidos entre 1975 y 1979. El hallazgo plantea preguntas inquietantes sobre los factores que podrían estar modelando esta tendencia.

Una generación bajo presión.

La investigación identificó 152.587 diagnósticos de trastornos psicóticos entre los millones de registros examinados. El incremento no se distribuye de forma homogénea en el tiempo: comienza a observarse con mayor claridad en las cohortes nacidas a partir de la década de 1980 y se intensifica en quienes vinieron al mundo tras el cambio de milenio. 

Al cumplir 30 años, los nacidos entre 1990 y 1994 tenían un 37,5 % más de probabilidades de haber recibido un diagnóstico que aquellos nacidos en la segunda mitad de los años setenta.

Aunque tanto hombres como mujeres experimentaron este aumento, los varones continúan mostrando una mayor vulnerabilidad, especialmente en los trastornos psicóticos no afectivos (aquellos no vinculados directamente a alteraciones del estado de ánimo) como la esquizofrenia. También se detectó una mayor incidencia en personas residentes en barrios de bajos ingresos, lo que sugiere una interacción compleja entre factores sociales y biológicos.

El propio Myran advierte que parte del incremento podría reflejar mejor acceso a los servicios de salud mental y una mayor sensibilidad diagnóstica. Sin embargo, los investigadores subrayan que esta explicación no basta por sí sola para justificar la magnitud del fenómeno. La tendencia observada coincide, además, con hallazgos recientes en Dinamarca y Australia, lo que refuerza la hipótesis de que se trata de un cambio más amplio y no de una anomalía local.

Sustancias, estrés y biografías vulnerables.-

Entre las posibles causas que barajan los expertos, el consumo de sustancias ocupa un lugar destacado. En las últimas dos décadas, Canadá ha liberalizado el uso del cannabis con fines médicos y recreativos, y el consumo de otras drogas (estimulantes, alucinógenos y sustancias sintéticas) también ha aumentado. Diversos estudios han vinculado el consumo temprano de estas sustancias con un mayor riesgo de desarrollar o exacerbar síntomas psicóticos.

La hipótesis no es nueva, pero adquiere mayor peso en el contexto actual. La adolescencia es un período de intensa reorganización cerebral, y la exposición a drogas psicoactivas podría interferir en circuitos neuronales aún en consolidación. Si a ello se suman otros factores (como el aumento de la edad parental, el estrés migratorio o experiencias adversas en la infancia) el resultado podría ser un terreno más propicio para la aparición de trastornos graves.

No obstante, los investigadores insisten en que no existe una única explicación. La salud mental es el producto de múltiples capas superpuestas: genética, entorno familiar, desigualdad económica, cultura digital, presión académica y expectativas sociales. En este sentido, la llamada Generación Z ha crecido en un ecosistema marcado por la hiperconectividad, la exposición constante a estímulos y una incertidumbre global difícil de ignorar.

Un desafío para la salud pública del siglo XXI.

Más allá de las cifras, el impacto humano es profundo. Las personas con trastornos psicóticos enfrentan una elevada carga de enfermedad, riesgo de mortalidad prematura y la necesidad de apoyos sanitarios y sociales prolongados. El incremento de diagnósticos implica, por tanto, un desafío considerable para los sistemas de salud y para las políticas públicas orientadas a la prevención y la intervención temprana.

El estudio no pretende alarmar, sino iluminar. Como subraya Myran, comprender qué está detrás de esta tendencia será crucial para diseñar estrategias eficaces. Identificar factores modificables (como el consumo de sustancias o el acceso desigual a recursos) podría marcar la diferencia entre una generación estigmatizada y una generación protegida.

Por: Sergio Parra. Periodista cientifico.

Sitio Fuente: MuyInteresante