Autoritarios de izquierda y derecha: más distintos de lo que parecen
CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES.
Cuando la ideología no solo dicta las ideas, sino también las estrategias sociales.
En el gran teatro de la vida pública, donde cada gesto es una señal y cada palabra una declaración, la identidad política no solo organiza creencias, sino que también puede modelar la manera en que deseamos ser vistos.
Un estudio reciente publicado en Personality and Individual Differences sugiere que las personas con rasgos de autoritarismo de izquierda tienden a emplear con mayor frecuencia estrategias egocéntricas y oportunistas para gestionar su imagen ante los demás, mientras que el autoritarismo de derecha, considerado de forma global, apenas muestra relación con esas tácticas concretas.
El hallazgo no es una acusación moral ni un veredicto ideológico. Es, más bien, una exploración de los mecanismos psicológicos que subyacen al deseo de influencia. Porque el autoritarismo (esa inclinación a privilegiar la conformidad frente a la autonomía individual) no solo implica sumisión a líderes o el castigo a quienes desafían normas; también puede traducirse en modos específicos de interactuar y presentarse en sociedad.
Históricamente, el concepto fue estudiado casi exclusivamente en el espectro conservador. Las primeras escalas medían la obediencia a autoridades tradicionales (religiosas o gubernamentales) y el apego férreo a normas sociales heredadas. Sin embargo, investigaciones más recientes han ampliado el foco y han mostrado que el fenómeno también puede adoptar formas en el otro extremo del espectro político. Y ahí comienza la historia que hoy nos ocupa.
La psicología del poder: autoritarismo más allá de la derecha.
En la última década, diversos trabajos empíricos han consolidado la idea de que el autoritarismo de izquierda constituye un fenómeno psicológico medible y consistente. Estas nuevas escalas adaptan los conceptos clásicos (sumisión, agresión normativa y conformidad) a contextos progresistas: obediencia a líderes liberales, apoyo a la censura de opiniones consideradas dañinas o deseo de desmantelar jerarquías tradicionales.
Investigaciones previas con miles de participantes han mostrado que tanto autoritarios de izquierda como de derecha comparten rasgos como dogmatismo, necesidad de cierre cognitivo y percepción de un mundo amenazante, como se documenta en estudios revisados por pares disponibles en bases académicas internacionales. Esta convergencia sugería que, pese a sus diferencias ideológicas, ambos extremos podrían compartir estructuras psicológicas profundas.
No obstante, quedaba una pregunta crucial: ¿esas similitudes se traducen en comportamientos sociales cotidianos? Para responderla, el equipo liderado por William P. Hart, de la Universidad de Alabama, analizó lo que los psicólogos denominan “autopresentación táctica”: el conjunto de conductas deliberadas mediante las cuales intentamos influir en la percepción que otros tienen de nosotros.
Estas tácticas pueden ser virtuosas (como disculparse o actuar como ejemplo moral), pero también pueden adoptar formas más sombrías: intimidar, exagerar logros, poner excusas o desacreditar rivales. La cuestión era si ambos tipos de autoritarismo recurren a estas estrategias del mismo modo.
Estrategias del yo: entre la virtud y la intimidación.
El estudio reclutó a 457 estudiantes universitarios del sureste de Estados Unidos, quienes completaron cuestionarios estandarizados sobre sus actitudes autoritarias y sus hábitos de autopresentación. Los resultados revelaron un patrón claro: el autoritarismo de izquierda se asoció con un mayor uso de tácticas egocéntricas y oportunistas.
Quienes puntuaban alto en esta dimensión reportaron mayor tendencia a emplear excusas, reivindicar derechos especiales, exagerar méritos personales o recurrir a la intimidación. También manifestaron con mayor frecuencia el llamado self-handicapping, es decir, crear obstáculos anticipados para justificar posibles fracasos. Al mismo tiempo, declararon utilizar menos estrategias virtuosas, como pedir perdón o intentar ser modelo de conducta.
Crédito: Sergio Parra / ChatGPT.
En contraste, el autoritarismo de derecha considerado en bloque apenas mostró relación con estas tácticas. Solo una de las escalas presentó vínculos débiles con conductas como halagar a otros o mostrarse indefenso. A primera vista, pues, los perfiles parecían divergentes.
Sin embargo, el análisis detallado matizó esta conclusión. El autoritarismo de derecha puede descomponerse en tres componentes: convencionalismo, sumisión y agresión. El primero (la adhesión estricta a normas tradicionales) se relacionó principalmente con un mayor uso de estrategias virtuosas, alejándose del patrón observado en la izquierda autoritaria.
En cambio, los componentes de sumisión y agresión mostraron similitudes moderadas: quienes puntuaban alto en ellos tendían también a intimidar o desacreditar, y a disculparse menos. Así, la semejanza entre ambos extremos no es automática ni uniforme. Depende del engranaje psicológico que impulse la actitud autoritaria.
Matices, límites y la arquitectura del carácter.
Conviene subrayar que los efectos detectados fueron de magnitud pequeña a moderada, algo habitual en la investigación sobre personalidad. Pero, como advierten los autores, incluso efectos modestos pueden amplificarse con el tiempo, moldeando trayectorias sociales y dinámicas de poder.
Los investigadores insisten en que el trabajo no evalúa la moralidad de ningún grupo político. Se trata de un estudio correlacional, basado en una muestra universitaria, que no permite establecer causalidad ni generalizar sin cautela. Futuras investigaciones podrían observar interacciones reales (más allá del autorreporte) para comprobar si estas estrategias se despliegan de igual modo en contextos cotidianos.
Lo fascinante, en última instancia, es constatar que la ideología no solo organiza sistemas de creencias, sino también modos de presentarse ante el mundo. La política, entonces, no es únicamente una disputa de ideas; es también una coreografía de identidades.
Por: Sergio Parra. Periodista científico.
Sitio Fuente: MuyInteresante