Eugenio Manuel Fernández, físico: la física cuántica nació del desconcierto y cambió para siempre nuestra idea de realidad
CIENCIAS EXACTAS: FÍSICA CUÁNTICA.
Un nuevo libro recorre las vidas y las ideas de Planck, Einstein, Bohr o Schrödinger para explicar cómo la ciencia dejó de describir lo visible y empezó a cuestionar la propia naturaleza de la realidad.
El divulgador publica Grandes genios de la física cuántica, un recorrido apasionante por las mentes que transformaron la ciencia del siglo XX y nos obligaron a repensar el universo desde sus cimientos. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
La física cuántica no nació como una teoría elegante y cerrada, sino como una grieta en el edificio aparentemente sólido de la física clásica. Así lo muestra Grandes genios de la física cuántica. De la constante de Planck al gato de Schrödinger, las ideas que transformaron la física moderna, el nuevo libro de Eugenio Manuel Fernández Aguilar, publicado por Pinolia. Lejos de limitarse a una sucesión de ecuaciones y fechas, la obra reconstruye el clima intelectual, las dudas y los conflictos personales que acompañaron el nacimiento de una de las revoluciones científicas más profundas de la historia.
Su autor, licenciado en Física, ya había demostrado en anteriores libros su habilidad para combinar rigor y narrativa. En esta ocasión da un paso más: convierte la historia de la mecánica cuántica en un relato coral donde aparecen no solo Max Planck o Albert Einstein, sino también figuras a menudo relegadas a un segundo plano como Mileva Marić, Emmy Noether o Chien-Shiung Wu.
El libro arranca con Max Planck y su famosa hipótesis de 1900. Tal y como indica el autor en las primeras páginas, Planck no pretendía dinamitar la física clásica; buscaba resolver un problema técnico: el espectro de radiación del cuerpo negro. Sin embargo, al introducir la idea de que la energía se intercambia en “paquetes” discretos —los cuantos— abrió una puerta que ya no se cerraría. Fernández explica con claridad pedagógica cómo aquel gesto matemático, casi desesperado, terminó por desmantelar la noción de continuidad que había dominado la física desde Newton.
Uno de los grandes aciertos del libro es no presentar a Planck como un revolucionario entusiasta, sino como un científico conservador que se vio obligado a aceptar las consecuencias de su propio hallazgo. Ese matiz humaniza la historia y recuerda que la ciencia no avanza siempre por convicción ideológica, sino a menudo por necesidad empírica.
El segundo gran protagonista es Albert Einstein. Fernández subraya la paradoja que marcó su relación con la cuántica: fue quien dio un impulso decisivo a la teoría con su explicación del efecto fotoeléctrico en 1905 —por la que recibiría el Nobel—, pero más tarde se convertiría en uno de sus críticos más persistentes. Tal y como ha revelado el autor en el capítulo dedicado a Einstein, el físico alemán nunca aceptó del todo el carácter probabilista de la mecánica cuántica. Su búsqueda de variables ocultas y su incomodidad ante el papel del observador no fueron caprichos, sino la expresión de una concepción profundamente racionalista del universo.

Albert Einstein impulsó la teoría cuántica con su explicación del efecto fotoeléctrico, pero pasó buena parte de su vida cuestionando el carácter probabilista que la nueva física atribuía a la naturaleza. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
El lector encuentra aquí algo más que una biografía: asiste a los debates filosóficos que atravesaron el siglo XX. ¿Es la realidad objetiva e independiente del observador? ¿O solo podemos hablar de probabilidades y resultados de mediciones? En el enfrentamiento intelectual entre Einstein y Niels Bohr se condensan esas preguntas. Fernández reconstruye con pulso narrativo las discusiones de las conferencias Solvay, donde la física dejó de ser únicamente una disciplina experimental para convertirse en un campo de batalla conceptual.
El recorrido continúa con Werner Heisenberg y el principio de incertidumbre, Erwin Schrödinger y su célebre experimento mental del gato, Paul Dirac y su elegancia matemática casi ascética. Cada capítulo combina contexto histórico y explicación accesible de conceptos complejos. Cuando aborda el principio de incertidumbre, por ejemplo, el autor evita el tecnicismo innecesario y se centra en la idea esencial: en el mundo cuántico no es posible conocer simultáneamente con precisión absoluta ciertas propiedades, como la posición y el momento de una partícula. No se trata de una limitación tecnológica, sino de una característica estructural de la naturaleza.
Especialmente valiosa es la inclusión de científicas que a menudo han quedado fuera del relato tradicional. Emmy Noether aparece no solo como una matemática brillante, sino como la autora de un teorema fundamental que conecta simetrías y leyes de conservación, pieza clave para entender la física moderna. Marie Curie, Lise Meitner o Maria Goeppert-Mayer son retratadas en su dimensión científica y humana, enfrentándose a prejuicios y contextos adversos. Fernández no fuerza la reivindicación, pero sí corrige una omisión histórica evidente.
El libro no se detiene en los años fundacionales. Avanza hacia la segunda mitad del siglo XX con Richard Feynman, Julian Schwinger y Freeman Dyson, protagonistas de la electrodinámica cuántica, una de las teorías más precisas jamás formuladas. También dedica espacio a figuras como David Bohm, Hugh Everett III o John Bell, que cuestionaron la interpretación dominante y reabrieron el debate sobre el determinismo y la no localidad. El cierre con Anton Zeilinger conecta la física cuántica histórica con los experimentos contemporáneos sobre entrelazamiento y teleportación cuántica, recordando que la aventura sigue en marcha.
Como reseña, Grandes genios de la física cuántica cumple varias funciones a la vez. Es una introducción sólida para lectores interesados en comprender los fundamentos de la teoría; es una obra de historia de la ciencia que contextualiza los descubrimientos en su época; y es también un conjunto de retratos humanos que muestran dudas, tragedias personales y tensiones políticas. La vida de Planck atravesada por las guerras mundiales, el exilio de Einstein, la ejecución del hijo de Planck por el régimen nazi: la ciencia no aparece aislada del mundo, sino profundamente imbricada en él.

Max Planck inauguró la revolución cuántica en 1900 al proponer que la energía se intercambia en cuantos discretos, un gesto que transformó para siempre la física moderna. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Desde el punto de vista divulgativo, Fernández logra un equilibrio difícil. No trivializa los conceptos, pero tampoco abruma al lector. Explica qué es un cuanto, por qué la función de onda es central en la teoría o en qué consiste el entrelazamiento, siempre apoyándose en analogías claras y en el hilo narrativo de las biografías. Tal y como se desprende de la estructura del libro, comprender a los protagonistas es una vía privilegiada para comprender sus ideas.
En un momento en que términos como “cuántico” se utilizan con ligereza en discursos pseudocientíficos, esta obra ofrece un antídoto necesario: rigor histórico y conceptual. La física cuántica no es magia ni misticismo; es el resultado de décadas de trabajo colectivo, debates intensos y experimentos cada vez más precisos. Fernández lo deja claro sin necesidad de enfatizarlo explícitamente: detrás de cada ecuación hay una historia de ensayo y error.
Al cerrar el libro, queda la sensación de haber recorrido no solo una teoría científica, sino un cambio profundo en nuestra manera de pensar. La física cuántica obligó a abandonar certezas arraigadas y a aceptar que la realidad, en su nivel más íntimo, no se comporta como el sentido común dicta. Esa es, quizás, la gran enseñanza que atraviesa la obra: la ciencia progresa cuando se atreve a cuestionar lo evidente.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante