Un descubrimiento histórico en China saca a la luz el pez óseo más antiguo conocido y un depredador gigantesco del Silúrico que revelan la evolución temprana de los vertebrados

PALEONTOLOGÍA.-

Dos fósiles hallados en el sur de China adelantan el origen de los peces óseos y revelan que las mandíbulas, los dientes y los grandes depredadores aparecieron mucho antes de lo que se creía.

Reconstrucción artística de Eosteus y Megamastax. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

La paleontología de vertebrados llevaba años persiguiendo una pieza que faltaba en el puzzle: fósiles capaces de mostrar cómo eran los peces óseos antes de que se dividieran en sus dos grandes ramas evolutivas. Esa pieza, o mejor dicho, esas piezas, acaban de aparecer en el sur de China. Dos estudios publicados de forma consecutiva en Nature aportan ahora una imagen mucho más clara de ese momento decisivo.

En primer lugar nos encontramos con Eosteus chongqingensis, un pez de apenas 3 centímetros hallado en depósitos del Silúrico temprano en Chongqing. Su importancia es extraordinaria: pasa a ser el fósil articulado de pez óseo más antiguo conocido hasta la fecha, con una edad de unos 436 millones de años.

Junto a él, un segundo trabajo reconstruye con gran detalle el cráneo de Megamastax amblyodus, un pez mucho mayor, hallado en Yunnan, que vivió unos millones de años después. Tal y como ha revelado el estudio, este animal no solo era el mayor vertebrado conocido de su tiempo, sino también una pieza clave para entender cómo evolucionaron las mandíbulas y los dientes en los primeros osteíctios.

Por qué este hallazgo importa más de lo que parece.

Hablar de peces óseos no es hablar de un grupo marginal. Se trata del gran tronco de la historia evolutiva de los vertebrados. De él proceden la mayoría de los peces actuales y también, a través de una larga cadena de transformaciones, todos los tetrápodos: anfibios, reptiles, aves, mamíferos y humanos.

Por eso estos fósiles tienen un valor que va mucho más allá de la descripción de especies nuevas. Lo que está en juego es el origen anatómico de casi toda la vida vertebrada que hoy conocemos. Cuando aparece un ejemplar tan antiguo y tan bien conservado, cambia el marco entero de la discusión.-

Hasta ahora, el problema era que muchos fósiles clásicos de peces óseos tempranos pertenecían ya a formas más avanzadas, sobre todo del Devónico. Eran útiles, sí, pero llegaban tarde para responder a la pregunta más delicada: cómo era el linaje justo antes de separarse en peces de aletas radiadas y peces de aletas lobuladas.

Reconstrucción mediante tomografía computarizada de alta resolución del fósil de Megamastax amblyodus. Fuente: Nature (2026)

Eosteus, el pequeño pez que adelanta el reloj evolutivo.

Eosteus chongqingensis es diminuto, pero su tamaño engaña. El verdadero valor del hallazgo no está en sus 3 centímetros, sino en su estado de conservación. El fósil preserva el cuerpo completo, desde la cabeza hasta la cola, algo excepcional en un ejemplar tan antiguo.

Eso permite observar de una sola vez la organización general del animal: su forma corporal, sus aletas y parte de su anatomía externa. No se trata de unos fragmentos sueltos a partir de los que haya que imaginar el resto, sino de un fósil con una lectura mucho más segura.

El estudio muestra que Eosteus presenta una combinación de rasgos muy reveladora. Tiene un cuerpo estilizado, una única aleta dorsal y escamas especializadas que lo acercan a peces óseos tempranos. Pero, al mismo tiempo, conserva características que indican que todavía estaba muy cerca de una fase evolutiva primitiva.

Ese mosaico anatómico es justo lo que convierte al fósil en una pieza tan valiosa. No muestra a un pez óseo plenamente “moderno”, sino a una forma cercana al momento en que el grupo todavía estaba definiendo algunos de sus rasgos básicos. En términos evolutivos, es una fotografía tomada casi al comienzo del proceso.

Un fósil que se sitúa antes de la gran división.

La posición de Eosteus en el árbol evolutivo es uno de los puntos centrales del trabajo. Tal y como indican los autores, los análisis lo colocan dentro del grupo troncal de los osteíctios, es decir, en una fase anterior a la división entre actinopterigios y sarcopterigios.

Los primeros, los peces de aletas radiadas, son hoy la rama dominante en número de especies. Los segundos, los peces de aletas lobuladas, son menos diversos en la actualidad, pero resultan cruciales porque de ese linaje surgirían mucho más tarde los tetrápodos que colonizaron tierra firme.-

La consecuencia es importante. Si Eosteus está antes de esa gran separación, entonces ofrece una ventana directa a la anatomía de las formas más cercanas al ancestro común de ambos grupos. Eso obliga a revisar la cronología de varios rasgos considerados fundamentales en la historia temprana de los peces óseos.

Restos fósiles y reconstrucción de Eosteus. Fuente: Nature (2026)

Megamastax, el gran depredador del Silúrico.

El segundo gran protagonista de esta historia es Megamastax amblyodus. Frente al tamaño casi minúsculo de Eosteus, aquí aparece un pez que superaba el metro de longitud. Tal y como ha revelado el segundo estudio, se trataba del mayor vertebrado conocido del Silúrico en su entorno.

Ese dato cambia una idea muy asentada sobre los ecosistemas de la época. Durante mucho tiempo se había tendido a imaginar a los primeros vertebrados con mandíbulas como animales pequeños, todavía lejos de ocupar la cúspide de las cadenas tróficas. Megamastax obliga a matizar esa imagen.

Su tamaño sugiere que hace unos 423-425 millones de años ya existían ecosistemas más complejos de lo que se pensaba, con depredadores de gran talla y nichos ecológicos bien definidos. No era un experimento aislado, sino un animal con un papel dominante en su ambiente.-

Representación de Megamastax amblyodus (arriba) y Eosteus (abajo). Fuente: Nature (2026)

La boca extraña que resuelve un viejo misterio.

La gran aportación de Megamastax no es solo su tamaño. Está, sobre todo, en su cráneo. Los investigadores utilizaron tomografía de alta resolución y reconstrucción tridimensional para estudiar con detalle la cabeza del animal, algo que ha permitido reinterpretar una estructura que llevaba años generando debate.

Cuando esta especie fue descrita por primera vez a partir de mandíbulas aisladas, ciertos bultos en la cara interna de la mandíbula se interpretaron como dientes romos, quizá útiles para triturar presas duras. La nueva reconstrucción cambia esa lectura.

Tal y como ha adelantado el estudio, esos bultos eran en realidad puntos de apoyo para estructuras óseas que funcionaban como cojines dentales. Sobre ellas se disponían agrupaciones de dientes puntiagudos. El resultado es una dentición mucho más extraña de lo que se pensaba y más compatible con la captura de presas blandas que con una simple función trituradora.

Además, esta reinterpretación ayuda a resolver una discusión paleontológica de largo recorrido. Restos similares encontrados en el Silúrico europeo habían sido difíciles de clasificar durante décadas. La nueva anatomía de Megamastax encaja mejor esas piezas sueltas y les da un contexto evolutivo más claro.

Un puente entre grupos antiguos de vertebrados.

Otro aspecto llamativo del fósil es su anatomía en mosaico. Algunas partes del cráneo recuerdan a peces óseos tempranos. Otras evocan rasgos presentes en placodermos, esos peces acorazados extinguidos del Paleozoico. Incluso ciertos detalles internos se aproximan a condiciones vistas en parientes tempranos de los tiburones.-

Lejos de restarle importancia, esa mezcla es precisamente lo que hace tan valioso a Megamastax. Los grandes cambios evolutivos no aparecen de forma limpia ni de golpe. Lo habitual es que las formas cercanas al origen combinen rasgos heredados con otros más recientes.

Eso convierte a este pez en una especie de puente anatómico. Ayuda a entender qué características eran comunes en los primeros vertebrados con mandíbulas y cuáles terminaron consolidándose después en los peces óseos.

Evolución morfológica de los primeros vertebrados con mandíbulas, con la ubicación de Eosteus y Megamastax dentro del linaje basal de los peces óseos. Fuente: Nature (2026)

El sur de China refuerza su papel en el origen de los vertebrados.

Estos dos trabajos refuerzan además una idea cada vez más sólida: el sur de China fue una región decisiva para la evolución temprana de los vertebrados mandibulados. No es la primera vez que sus yacimientos aportan fósiles cruciales, pero la combinación de Eosteus y Megamastax eleva todavía más ese protagonismo.

Lo que muestran estos hallazgos es que, en ese tramo del Silúrico, ya estaban apareciendo formas clave para entender el diseño anatómico que más tarde dominaría el planeta. Un pez diminuto y extraordinariamente antiguo por un lado. Un gran depredador con una boca desconcertante por otro.

Juntos, los dos fósiles no solo llenan un hueco, cambian el relato. Los rasgos básicos de los peces óseos surgieron antes de lo que se pensaba y lo hicieron en un escenario mucho más diverso y complejo de lo que sugería el registro fósil conocido hasta ahora.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante