Así era el rostro de “Little Foot”, el australopiteco más completo jamás hallado, reconstruido en 3D por primera vez

ANTROPOLOGÍA Y TECNOLOGÍA.-

Un esqueleto de australopiteco descubierto en Sudáfrica sigue revelando sorpresas décadas después.

Una nueva reconstrucción digital de su cráneo abre preguntas inesperadas sobre la evolución de los primeros homininos.

Comparación de cráneos de primates y homininos que muestra los cambios evolutivos en la forma del rostro y la caja craneal, desde los grandes simios hasta Homo sapiens. Este tipo de comparaciones se apoya cada vez más en reconstrucciones digitales en 3D de fósiles, como la realizada recientemente para el australopiteco “Little Foot”, que permiten analizar con precisión la anatomía facial de algunos de los homininos más antiguos conocidos. Fuente: ChatGPT.

Los fósiles humanos antiguos suelen llegar hasta los investigadores fragmentados, deformados o incompletos. Con frecuencia, millones de años de presión geológica, movimientos del sedimento y procesos químicos alteran los huesos hasta el punto de que reconstruir su forma original se convierte en un verdadero rompecabezas científico. Esto es especialmente problemático cuando se trata del cráneo, una estructura clave para comprender cómo vivían, se alimentaban y se relacionaban los primeros homininos.

En ese contexto destaca el caso de StW 573, conocido como “Little Foot”, uno de los fósiles más extraordinarios descubiertos en África. Este esqueleto de australopiteco hallado en las cuevas de Sterkfontein, en Sudáfrica, es considerado el ejemplar más completo de su tipo encontrado hasta ahora. Sin embargo, a pesar de su excepcional estado de conservación, el cráneo sufrió deformaciones y desplazamientos tras su enterramiento. Un nuevo estudio ha abordado ese problema mediante técnicas digitales avanzadas para reconstruir su rostro y compararlo con el de otros primates y homininos fósiles.

Un fósil excepcional en la historia de la paleoantropología.

El esqueleto de StW 573 fue descubierto en 1998 en el complejo de cuevas de Sterkfontein, uno de los yacimientos más importantes para el estudio de los orígenes humanos. Datado en aproximadamente 3,67 millones de años, este individuo pertenece a una etapa clave del Plioceno africano, cuando diversas especies de australopitecos habitaban el continente.

Su importancia radica en su grado de conservación. A diferencia de muchos otros restos fósiles fragmentarios, “Little Foot” conserva gran parte del esqueleto, lo que permite estudiar múltiples aspectos de su anatomía y comportamiento. Sin embargo, el cráneo no estaba intacto. A lo largo del tiempo, el peso de los sedimentos desplazó y fracturó varios huesos de la cara, complicando su interpretación anatómica.

Los autores del estudio señalan que el cráneo sufrió alteraciones después de quedar enterrado, lo que provocó que “la parte inferior de la cara quedara desplazada hacia arriba dentro de los huesos frontal y cigomático izquierdos”. Esta deformación dificultaba determinar la forma real del rostro del individuo y, por tanto, su comparación con otros homininos. 

Comprender la forma de la cara es fundamental en paleoantropología. Esta región del cráneo no solo participa en funciones como la alimentación o la respiración, sino que también refleja adaptaciones evolutivas relacionadas con la dieta, el entorno y la comunicación social.

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Proceso digital de ensamblaje del cráneo de “Little Foot”, donde los fragmentos del fósil se recolocan virtualmente para reconstruir la forma original del rostro. Fuente: Comptes Rendus Palevol.

Cómo se reconstruye un rostro de hace millones de años.

Para resolver el problema, el equipo utilizó tomografía de rayos X de alta resolución en un sincrotrón, una instalación científica capaz de generar imágenes extremadamente detalladas del interior de los fósiles. El cráneo de Little Foot fue escaneado en el Diamond Light Source, en el Reino Unido, con una resolución microscópica.

El proceso generó miles de imágenes digitales del fósil. A partir de ellas, los investigadores aplicaron técnicas de segmentación digital, separando virtualmente los huesos y dientes de la roca que los rodeaba. Esto permitió aislar cada fragmento y reconstruir el cráneo en tres dimensiones.

Según explican los autores, “se aplicó una segmentación semiautomatizada para separar digitalmente los huesos y los dientes de la matriz y aislar los fragmentos óseos”. Posteriormente, estos fragmentos fueron recolocados digitalmente mediante alineamientos anatómicos hasta reconstruir la cara completa. 

El resultado fue un modelo tridimensional del rostro que pudo compararse con otros cráneos de primates actuales —como gorilas, chimpancés u orangutanes— y con fósiles clave de australopitecos procedentes de África oriental y meridional. Este tipo de reconstrucciones permite analizar la forma del cráneo con herramientas matemáticas y morfométricas, algo imposible con fósiles deformados.

El rostro que revela nuevas pistas evolutivas.

El análisis comparativo reveló un resultado inesperado. La forma del rostro reconstruido de Little Foot no coincide plenamente con la de algunos australopitecos del sur de África, con los que se suponía que estaba más estrechamente relacionado.

De hecho, los investigadores concluyen que “la forma de la cara reconstruida de StW 573 es más similar a la de A.L. 444-2 que a la de Sts 5”, dos fósiles clásicos de australopitecos que se utilizan como referencia en estudios evolutivos. 

Este detalle es importante porque A.L. 444-2 procede de Etiopía y pertenece a Australopithecus afarensis, una especie del este de África. En cambio, Sts 5 es un fósil sudafricano asociado a Australopithecus africanus.

La comparación sugiere que la cara de Little Foot comparte rasgos con formas orientales del género Australopithecus. Entre ellos destacan ciertas proporciones de las órbitas oculares, la forma del maxilar y la disposición de los huesos faciales.

Además, algunas mediciones indican que el tamaño general de la cara de Little Foot se aproxima al de grandes simios actuales. En el estudio se señala que “las dimensiones de la cara reconstruida de StW 573 se sitúan dentro de los rangos observados en Gorilla y Pongo”, lo que refleja la compleja mezcla de rasgos primitivos y derivados en estos homininos tempranos.

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Comparación del cráneo de “Little Foot” con otros australopitecos fósiles y con primates actuales para analizar similitudes y diferencias en la forma de la cara. Fuente: Comptes Rendus Palevol.

Un mosaico evolutivo en el rostro de los australopitecos.

Más allá de las comparaciones directas entre fósiles, el estudio también aporta información sobre la diversidad evolutiva dentro del género Australopithecus. Durante el Plioceno africano coexistieron varias especies cuyos parentescos siguen siendo objeto de debate.

El rostro reconstruido de Little Foot muestra un conjunto de rasgos que no encajan perfectamente en los patrones conocidos. Por ejemplo, algunas características recuerdan a australopitecos orientales, mientras que otras son más comunes en fósiles del sur de África.

Una región especialmente interesante es la zona de las órbitas oculares. Los investigadores detectaron diferencias morfológicas notables en esta parte del cráneo, lo que podría estar relacionado con adaptaciones visuales o ecológicas. Cambios en la forma y tamaño de las órbitas pueden reflejar variaciones en el modo de vida, como la forma de localizar alimentos o desplazarse en el entorno.

Estas variaciones encajan con la idea de que la evolución del cráneo humano temprano fue mosaica, es decir, que distintas partes del cráneo evolucionaron a ritmos diferentes. En este contexto, los cambios en la región orbital podrían haber sido objeto de presiones selectivas específicas.

Una reconstrucción que todavía puede mejorar.

Los autores subrayan que la reconstrucción presentada es todavía preliminar. Aunque el modelo digital permite observar la forma general del rostro, algunos fragmentos del cráneo siguen afectados por deformaciones causadas durante el proceso de fosilización.

El estudio también señala que ciertas partes del cráneo muestran señales de deformación plástica. Por ello, futuras investigaciones podrían aplicar modelos biomecánicos y simulaciones digitales para corregir estas alteraciones y aproximarse aún más a la forma original.

Aun así, la reconstrucción ya constituye un avance importante. Por primera vez, los investigadores disponen de una representación tridimensional detallada del rostro de uno de los homininos más antiguos y completos conocidos. Esto permitirá explorar con mayor precisión la evolución de la anatomía facial en los primeros miembros de nuestro linaje.

Por: Eugenio M. Fernández Aguilar. Físico, escritor y divulgador científico.

Sitio Fuente: MuyInteresante