La identidad nacional se deja ver en nuestros cerebros

NEUROCIENCIAS.-

Un estudio con escáneres cerebrales muestra que una identidad compartida reduce la distancia neuronal entre grupos étnicos y favorece la cohesión social.

Los escáneres cerebrales revelan cómo la identidad nacional une a una sociedad diversa. / Crédito: arty en Unsplash.

¿Qué hace posible convivir en sociedades plurales? Según una nueva investigación, recordar una identidad nacional compartida puede ayudar al cerebro a integrar mejor a quienes pertenecen a otros grupos, sin borrar por completo las diferencias.

Un trabajo científico desarrollado por investigadores de la Universidad de Trento, en Italia, y la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, revela que una región de la corteza frontal se activa al apreciar similitudes entre las personas con respecto a una identidad nacional, como por ejemplo al izar una bandera. Esta identidad nacional depende de la flexibilidad neuronal: si es mayor, puede convivir mejor con otras identidades y grupos étnicos, generando sociedades más pluralistas.

El estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) sugiere que una identidad nacional compartida puede modificar la manera en que el cerebro procesa a personas de otros grupos étnicos, empujando la percepción desde una lógica de distancia o separación hacia otra de pertenencia común.

Identidad común en la diversidad.

La investigación se desarrolló en Singapur, un contexto especialmente útil para observar estas dinámicas por su composición multiétnica y por la convivencia de identidades étnicas y nacionales bien definidas. Participaron 92 personas de las tres principales comunidades del país (china, malaya e india), mientras se registraba su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional.

Los voluntarios observaron rostros de distintos grupos étnicos después de recibir señales que activaban la identidad étnica o, en otra condición, la identidad nacional, mediante frases habladas en diferentes idiomas y símbolos culturales asociados a cada pertenencia.

Según una nota de prensa, cuando se hacía evidente la identidad nacional el cerebro respondía de forma más inclusiva a los rostros de personas de otros grupos étnicos. Los científicos determinaron que la corteza ventromedial prefrontal, una región vinculada al procesamiento autorreferencial, mostraba una mayor activación ante miembros de otros grupos étnicos pero unidos por una identidad nacional común, como si esos rostros se recategorizaran parcialmente dentro de un “nosotros” más amplio.

Cohesión social sin sacrificar el origen.

Al mismo tiempo, el análisis representacional indicó que la distancia neural entre el grupo propio y el ajeno se reducía, aunque sin borrar por completo las diferencias étnicas. Ese matiz es fundamental: los autores creen que no es necesario que la identidad étnica desaparezca ni que deba ser sustituida por una identidad superior, sino que ambas pueden coexistir.

En otras palabras, un símbolo que indique un marco nacional común, como oír el idioma compartido o ver la bandera, bastó para reorganizar la percepción social, pero no para anular el reconocimiento de las diferencias. Esa combinación respalda la idea en torno a que la cohesión social no exige homogeneidad total, sino mecanismos que permitan ampliar el círculo de pertenencia sin invalidar los subgrupos.

El hallazgo ofrece una pista para las democracias multiculturales, como en el caso de España: reforzar símbolos, metas y narrativas compartidas podría facilitar vínculos entre comunidades, pero sin pedirles que renuncien a su identidad de origen. Estimular esta flexibilidad neuronal puede ser una base para estrategias de convivencia, reconciliación y relaciones intergrupales más armoniosas.

Por: Pablo Javier Piacente / T21.

Sitio Fuente: Levante / Tendencias21