Hoy es el Día de Jane Goodall y su movimiento continúa

HISTORIA DE LA CIENCIA / ZOOLOGÍA.-

- El 3 de abril, ahora reconocido como el Día de Jane Goodall, se concibe como un día de acción: una invitación a continuar con los hábitos y responsabilidades que ella promovió, más que simplemente conmemorar su vida.

- Desde Roots & Shoots hasta modelos de conservación liderados por la comunidad como Tacare, su trabajo perdura a través de personas que aplican su enfoque a nivel local, vinculando el bienestar de las personas, los animales y el medioambiente. 
- Los colegas del Instituto Jane Goodall describen un hilo conductor constante en su pensamiento: empezar con pequeños pasos, mantener la atención y construir el cambio mediante acciones que se acumulan con el tiempo. 
- Este día refleja una idea más amplia que se encuentra en el centro de su obra: que el progreso depende menos de la escala o la certeza que de las personas que deciden actuar, donde están y con lo que tienen, explica el fundador de Mongabay.

Jane Goodall con un chimpancé huérfano en un santuario en Kenia. Foto: Michael Neugebauer.

El 3 de abril tiene ahora un peso distinto. Siempre fue el cumpleaños de Jane Goodall. Ahora también marca un momento del año en el que se invita a las personas no solo a recordarla, sino a actuar a partir de lo que ella puso en marcha.

La idea detrás del Día de Jane Goodall es simple: realizar una acción. Puede ser pequeña, pero debe ser concreta. La propuesta es entender su vida como algo que sigue en movimiento y comprobar si los hábitos que ella promovió pueden sostenerse en otros.

Ese enfoque resulta coherente. Goodall rechazó la idea de que su trabajo le perteneciera solo a ella. Incluso en el punto más alto de su reconocimiento, dirigió la atención hacia afuera: hacia los bosques que estudió, los chimpancés cuyas vidas ayudó a visibilizar y las personas que decidirían lo que vendría después. En años posteriores, cuando le preguntaban cómo quería ser recordada, volvía a dos aspectos: haber cambiado la forma en que vemos a los animales y haber fundado Roots & Shoots.

Este último es más relevante de lo que parece. Roots & Shoots fue concebido como una forma de distribuir la responsabilidad. Invita a jóvenes —y también a adultos— a observar su entorno inmediato y actuar en consecuencia. No requiere permisos ni grandes recursos. Parte de la idea de que la capacidad de actuar comienza a nivel local y se fortalece con la repetición.

Anna Rathmann, directora del Instituto Jane Goodall en Estados Unidos, describe el Día de Jane Goodall en términos similares. El objetivo, dice, es “hacer realidad” la idea de que cada persona puede marcar una diferencia, invitando a realizar una acción que beneficie a las personas, los animales y el ambiente. Funciona como una demostración: una forma de mostrar que el movimiento que ella inició sigue vigente.

Esa continuidad puede observarse en personas cuyo trabajo comenzó bajo la influencia de Goodall y que luego siguieron su propio camino.-

Emmanuel Mtiti, por ejemplo, trabajó con Goodall en la década de 1990 para desarrollar lo que luego sería Tacare, un modelo que parte de una premisa básica: la conservación no puede separarse de las necesidades de las comunidades que conviven con la fauna. En lugar de imponer medidas de protección, Tacare comienza escuchando —identificando prioridades locales— y construyendo soluciones que atienden tanto los medios de vida como las presiones ecológicas. Con el tiempo, este enfoque contribuyó a la recuperación de bosques alrededor de Gombe y se expandió a decenas de comunidades.

Jane Goodall en Gombe, Tanzania, en 1965, durante la investigación sobre los chimpancés que cambió la comprensión de los animales. Foto: cortesía Janegoodall.org

Aquí, el método importa tanto como el resultado. Goodall no llegó con un plan rígido. Se adaptó. Consideró el conocimiento local como una fuente de información, no como un obstáculo. El proceso fue más lento que los enfoques verticales, pero también más duradero.

Lilian Pintea, director de ciencia de la conservación del Instituto, recuerda un momento que ilustra este cambio. Sentado con Goodall en Gombe, observando imágenes satelitales a la luz de las velas, recuerda cómo ella describía la tecnología como “mágica”. Lo relevante, para ella, era lo que permitía: ver cambios en la cobertura forestal a lo largo del tiempo, comprender cómo el uso humano del suelo afecta el hábitat de los chimpancés y traducir esa información en decisiones prácticas.

Hoy, esas herramientas han evolucionado. Las imágenes satelitales, los sistemas de información geográfica y los datos en tiempo real permiten seguir la pérdida de hábitat a medida que ocurre, identificar sus causas y responder con mayor rapidez. Sin embargo, Pintea subraya que son extensiones del enfoque original de Goodall, no sustitutos. El núcleo sigue siendo la observación, la curiosidad y el trabajo directo con las comunidades.

Esa continuidad atraviesa el trabajo del Instituto. Se refleja en la trayectoria de Michael Jurua, quien conoció las ideas de Goodall en su infancia a través de Roots & Shoots y hoy lidera iniciativas de ciencia de la conservación en Uganda. También en el trabajo de Rebeca Atencia, cuya gestión del santuario Tchimpounga ha establecido nuevos estándares en bienestar animal. Y en muchos otros esfuerzos menos visibles: coordinadores locales, investigadores de campo, líderes comunitarios, cada uno sosteniendo una parte de ese legado.

La escala de esta red puede dificultar ver las decisiones individuales que la mantienen. Goodall prestaba atención a esos detalles. Valoraba los pequeños actos porque generan impulso, incluso cuando parecen modestos.-

Esa perspectiva influyó en su forma de hablar sobre la esperanza. La entendía como algo que se construye, a menudo a partir de acciones concretas y limitadas. Una ladera restaurada, un humedal protegido, un grupo de estudiantes organizando una limpieza: no son gestos simbólicos. Son pruebas de que el cambio es posible y, por tanto, merece ser intentado nuevamente.

Goodall enseñó que la conservación no puede separarse de las necesidades de las comunidades que conviven con la fauna. Foto: cortesía Jane Goodall Institute

El doctor Deus Mjungu, director del Centro de Investigación de Gombe, lo expresa de manera directa. El Día de Jane Goodall, dice, representa esperanza y compromiso en un momento en que ambos pueden ser difíciles de sostener. Los desafíos son claros —pérdida de hábitat, cambio climático, conflictos—. La respuesta, en su opinión, es seguir actuando, bajo la premisa de que los esfuerzos pequeños se acumulan.

Esta insistencia en actuar sin garantías es una de las contribuciones más prácticas de Goodall. Evita dos ideas frecuentes: que las acciones individuales no importan y que el cambio debe ser inmediato para ser válido. Al centrarse en lo que puede hacerse ahora, en un lugar concreto, ofrece una forma de avanzar que no depende de consensos amplios ni de coordinación global.

Priscilla Shao, responsable de laboratorio veterinario en Gombe, describe esta continuidad como una decisión cotidiana: proteger la naturaleza, motivar a otros y confiar en que incluso acciones limitadas pueden tener efectos más amplios.

Jane Goodall, junto a Rebeca Atencia (extremo izquierdo), liberando a Wounda, la chimpancé, tras su rehabilitación. Foto: cortesía Michael Cox-

Este enfoque exige disciplina. Implica prestar atención tanto a las dinámicas globales como a las condiciones locales. Supone aceptar que el progreso no siempre es lineal. Y requiere evitar la tentación de delegar la responsabilidad en otros.

La trayectoria de Goodall lo refleja. Cuando llegó a Gombe en 1960, tenía poca formación académica formal y recursos limitados. Lo que sí tenía era paciencia, curiosidad y la decisión de permanecer. Con el tiempo, eso bastó para transformar la forma en que la ciencia entiende a los chimpancés y, en consecuencia, cómo las personas se entienden a sí mismas.

Su trabajo posterior siguió un patrón similar. Frente a la deforestación en Gombe, comenzó con conversaciones. Las políticas y la aplicación vinieron después. Preguntó qué necesitaban las comunidades y qué estaban dispuestas a probar. Los programas resultantes no ofrecieron soluciones inmediatas, pero sí resultados sostenidos. El bosque comenzó a recuperarse. Las comunidades adquirieron un papel activo en su protección.

Esta parte de su legado suele recibir menos atención. Los descubrimientos sobre chimpancés son ampliamente conocidos. El enfoque de conservación basado en comunidades es menos visible, pero ha influido en la manera en que operan muchas organizaciones hoy.

El Día de Jane Goodall se apoya en ese legado. Propone participación: algo inmediato, algo práctico. La acción puede ser tan simple como recoger basura, hacer voluntariado, plantar un árbol o compartir una experiencia que motive a otros. No se trata de la escala, sino del hábito de actuar.

Rathmann lo describe como una invitación. Goodall, señala, rara vez indicaba qué hacer de forma específica. Animaba a observar el entorno, identificar un problema cercano y empezar allí. “Pensar localmente, actuar localmente”. La acumulación de esas acciones, en distintos lugares y a lo largo del tiempo, es lo que produce cambios más amplios.

Los resultados ya son visibles: en paisajes restaurados, hábitats protegidos y comunidades que han encontrado formas de equilibrar desarrollo y conservación. También en cambios menos tangibles, como las expectativas sobre el trato a los animales, el uso del territorio y la responsabilidad compartida.

El éxito no está garantizado. Goodall fue clara sobre la magnitud de los desafíos. No minimizó el daño ni la dificultad de revertirlo. Lo que ofreció fue una forma de avanzar que no depende de certezas.

En una imagen que repetía con frecuencia, describía a la humanidad frente a la entrada de un largo túnel, con un punto de luz al fondo. Esa luz, decía, es la esperanza. No vendrá hacia nosotros. Somos nosotros quienes debemos avanzar hacia ella.

El Día de Jane Goodall es un paso en esa dirección. No busca replicar su presencia ni resolver los desafíos que ella enfrentó. Propone algo más concreto: continuar el trabajo, de la manera que cada persona pueda, donde sea que se encuentre.

Tal vez esa sea la forma más clara de entender su legado: como una práctica que se repite, una y otra vez.

Por: Rhett Ayers Butler.

Sitio Fuente: Mongabay