El calor deja huella en los genes: así podría afectar el cambio climático a la evolución
CIENCIAS DE LA TIERRA / BIOLOGIA EVOLUTIVA.
El calor extremo altera la expresión génica y deja efectos heredables durante varias generaciones, principalmente en poblaciones adaptadas a climas áridos.
Un estudio detectó cambios transgeneracionales en la regulación génica y en el tiempo de desarrollo de la descendencia tras un episodio de estrés térmico. ¿El cambio climático está "hipotecando" el futuro de las nuevas generaciones? / Crédito: Jack en Pexels.
El cambio climático puede acelerar la evolución de las especies a través de cambios heredados en la regulación genética, según un nuevo estudio basado en moscas de la fruta. Temperaturas medias más altas y eventos más extremos como olas de calor conducen a episodios estresantes cada vez más frecuentes, que pueden funcionar como fuertes impulsores evolutivos.
Un estudio publicado en la revista Molecular Biology and Evolution y bioRxiv, liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, aporta una pista inesperada sobre el impacto del calentamiento global y el cambio climático de raíz antropogénica: en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), un choque térmico alteró la expresión de genes, afectó al desarrollo de la descendencia y dejó huellas que se mantuvieron durante varias generaciones, especialmente en poblaciones procedentes de climas áridos.
La investigación comenzó con una pregunta crucial: si las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, ¿pueden actuar también como motores de cambio evolutivo? Los autores trabajaron con moscas de la fruta procedentes de dos entornos muy distintos, uno árido y otro frío, para comparar cómo respondían al estrés térmico y si esas respuestas podían transmitirse a la descendencia.
Variaciones genéticas evidentes.
La respuesta, al menos en este sistema experimental, es bastante clara. Tras el choque de calor, las moscas mostraron cambios en la expresión génica y en la accesibilidad de la cromatina, y esas respuestas variaron entre poblaciones. En la población de clima árido, los investigadores detectaron respuestas más intensas y asociaciones con variantes de elementos transponibles, pequeñas secuencias móviles del genoma que pueden influir en la regulación de los genes.
Además, lo más llamativo llegó al observar a la descendencia. La primera cohorte de huevos puesta poco después del choque térmico sufrió una caída en viabilidad y desarrollo, tanto en la población árida como en la fría. Pero en la población de clima seco, las crías nacidas de huevos puestos más tarde se desarrollaron más rápido, un patrón compatible con la denominada hormesis: se trata de un estrés intenso que, en dosis o tiempos concretos, puede activar respuestas fisiológicas beneficiosas.
Cambios y adaptaciones difíciles de predecir en un contexto incierto.
Según una nota de prensa, ese efecto persistió hasta cuatro generaciones después del tratamiento, apuntando a una herencia transgeneracional de rasgos potencialmente ventajosos y de cambios en la regulación génica. Sin embargo, no es posible determinar aún si ese tipo de cambio se replicaría en otras especies y de qué forma lo haría: en algunos casos podría ser positivo para la adaptación y en otros arrojar consecuencias negativas.
La conclusión de los científicos sugiere que el estrés ambiental puede acelerar ciertos ajustes evolutivos, al modificar cómo se expresan los genes y cómo esos cambios se transmiten entre generaciones. En otras palabras, el clima extremo no solo elimina a los individuos menos tolerantes: también puede reprogramar, al menos temporalmente, la biología de las poblaciones y abrir una vía adicional para la adaptación. La gran incógnita es cuántas especies podrán aprovechar esa vía y cuántas quedarán desbordadas por la velocidad del cambio climático.
Por: Pablo Javier Piacente / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21