El corazón no se relaja igual después de un chute de azúcar
CIENCIA Y SOCIEDAD.
La glucosa impide que el sistema de alerta se retire del todo durante la fisioterapia.
El azúcar afecta al sistema nervioso simpático. / Mario en Pixabay.
Aunque recibas un buen masaje relajante, el acelerador del cuerpo está a fondo si antes te has bebido un refresco. Te quedas a medias.
Imagina la escena: llevas una semana frenética, por fin encuentras un hueco para darte ese masaje de cuello y hombros que llevas días necesitando, pero justo antes de entrar a la camilla te tomas un refresco azucarado o un dulce para matar el gusanillo. Cierras los ojos, el masajista hace su magia y notas cómo la tensión mental se desvanece gradualmente. Sin embargo, bajo tu piel, en el interior de tu organismo, se acaba de desatar un silencioso tira y afloja. Tu cerebro quiere apagar los motores y entregarse al descanso, pero tu metabolismo acaba de pisar el acelerador.
Esta contradicción fisiológica es el núcleo de un reciente estudio publicado en el International Journal of Psychophysiology por un equipo de psicólogos e investigadores de la Universidad de Constanza, en Alemania. Su objetivo era descifrar cómo una alteración metabólica, como un pico de glucosa en sangre, modula nuestra capacidad real para relajarnos cuando nos sometemos a un estímulo diseñado específicamente para calmarnos.
El freno y el acelerador biológico.
Para entender el impacto de este hallazgo, hay que mirar al sistema nervioso autónomo, la inmensa red de control que regula nuestras funciones vitales en la sombra. Funciona con dos grandes ramas que operan, a grandes rasgos, como fuerzas complementarias. Por una parte, el sistema parasimpático actúa como el pedal de freno del cuerpo: disminuye las pulsaciones, facilita la digestión y nos induce al estado de reposo. Por la otra, el sistema simpático es nuestro pedal de acelerador: el clásico mecanismo de alerta que nos prepara para la acción y moviliza nuestras reservas de energía.
Lo que descubrió el equipo liderado por la investigadora Maria Meier es que el azúcar rompe la sincronía habitual entre ambos pedales durante el reposo.
En el experimento, casi un centenar de adultos jóvenes acudieron al laboratorio tras cuatro horas de riguroso ayuno. A la mitad se les dio a beber agua; a la otra mitad, una bebida cargada con 75 gramos de glucosa. Acto seguido, una parte del grupo recibió un suave masaje estandarizado de diez minutos en los hombros, mientras que el resto simplemente se quedó descansando en silencio. A través de una monitorización continua mediante electrocardiogramas y cardiografía de impedancia, los científicos rastrearon la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el periodo preeyectivo, marcadores clave de la actividad de ambos sistemas nerviosos.
Esquema de lo que pasa cuando tomamos azúcar antes de un masaje relajante. / Journal of Psychophysiology.
Una batalla metabólica bajo la piel.
Los resultados que la glucosa no saboteó el poder relajante del masaje. El sistema parasimpático (el freno) se activó con idéntico éxito en todos los que recibieron el contacto físico, induciendo una respuesta de relajación independientemente de lo que hubieran bebido. Los participantes se sintieron menos excitados y los marcadores cardíacos vagales respondieron de forma positiva al tacto.
Pero la sorpresa emergió en el lado opuesto de la balanza. Mientras el freno hacía su trabajo, la ingesta previa de azúcar había bloqueado la capacidad del cuerpo para soltar el acelerador simpático. La necesidad biológica de metabolizar esa carga de glucosa provocó una respuesta autonómica contrarreguladora. Dicho de otro modo: tu cuerpo no puede permitirse el lujo de apagar completamente la maquinaria energética cuando tiene que lidiar con una hiperglucemia. La glucosa mantuvo elevado el tono del sistema simpático, impidiendo la desactivación fisiológica integral que el masaje lograba en quienes solo habían bebido agua.
Esa activación simpática de fondo tiene una cara B inesperada. El estudio incluyó una prueba de atención sostenida justo después del periodo de relajación. Quienes habían consumido azúcar y mantenían ese motor metabólico en marcha demostraron una mayor precisión y capacidad de concentración inmediata en las pruebas cognitivas. Al no haber desconectado del todo a nivel fisiológico, su rendimiento atencional posterior se vio claramente favorecido.
Por: Redacción T21.
Sitio Fuente: Levante / TendenciasT21