¿Sin suelo? Sin problema

FAO.-

La agricultura hidropónica ofrece una solución innovadora y climáticamente inteligente a los agricultores familiares en Granada.

El sistema hidropónico de la explotación familiar de los Benjamin ahora funciona al margen de la meteorología, y otros agricultores han comenzado a experimentar con la hidroponía. © Josanne y Roger Benjamin.

En un pequeño invernadero de una explotación familiar en el sur de Granada, la lechuga crece sin tierra, impulsada por el sol. Dentro de esta estructura, a la sombra, los Benjamin (Roger, de 41 años, y Josanne, conocida como Candy, de 38 años) observan cómo el flujo de agua fluye por una canalización de tubos estrechos. Las lechugas, que se encuentran encima, tienen un aspecto familiar —brillan, son verdes y están cuidadosamente espaciadas—, pero crecen con las raíces suspendidas en una corriente continua de agua rica en nutrientes en vez de crecer en el suelo.

No se propusieron construir algo único, sino que estaban tratando de resolver un problema. Las precipitaciones eran repentinas o desaparecían durante semanas. Debido al cambio climático, cada temporada era más incierta que la anterior. Al igual que muchos pequeños agricultores, los Benjamin trabajaban con márgenes ajustados, con lo cual una sola mala cosecha podía borrar de un plumazo meses de esfuerzo.

Empezaron de forma autodidacta. Roger pasaba las tardes viendo vídeos en línea y leyendo sobre cómo podría funcionar la hidroponía en sus condiciones. La primera construcción que levantaron fue sencilla: una casa sombra, un conjunto de tubos y un sistema de seguimiento básico que iban adaptando a medida que aprendían.

La oportunidad de mejorar el sistema llegó a través de un proyecto de preparación ejecutado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y financiado por el Fondo Verde para el Clima (FVC). Este proyecto formó parte de una serie de proyectos piloto diseñados con miras a generar datos sólidos para la planificación de la adaptación al cambio climático en Granada.

La pareja recibió un sistema mejorado que incluía un invernadero, un sistema hidropónico sólido, una bomba solar, un panel fotovoltaico, y baterías, así como capacitación sobre su uso. Esto aumentó su producción de unas 500 lechugas a aproximadamente 1 300. El crecimiento fue significativo (con un aumento del 160 %), pero también requirió una mejor comprensión de cómo funcionaba este sistema más complejo.

En comparación con los cultivos convencionales, la agricultura hidropónica utiliza un 90 % menos de agua. Como tecnología de adaptación al cambio climático, también reduce la exposición a plagas transmitidas por los suelos y permite un uso más eficiente del espacio, los insumos y la mano de obra. Los cultivos, tales como la lechuga, la berza común, las espinacas, las hierbas aromáticas, los pimientos y los tomates —de crecimiento rápido y alto valor—, se adaptan bien a este método y pueden cosecharse con mayor frecuencia.

Sin embargo, la hidroponía requiere de una gran precisión. Los Benjamin utilizan un método en el que una fina capa de agua rica en nutrientes fluye continuamente por los tubos, alimentando a las plantas a su paso. Conseguir que ese flujo fuera el correcto fue uno de los elementos más difíciles del proceso.

Si el gradiente de los tubos es demasiado empinado, el flujo es demasiado rápido y las raíces no reciben suficientes nutrientes; pero si es demasiado plano, el flujo se ralentiza y el agua se acumula, lo cual hace que las raíces puedan no recibir suficiente oxígeno. Aprender a lograr ese equilibrio llevó tiempo, así como adaptarse al uso de fertilizantes diseñados específicamente para sistemas hidropónicos, que son más onerosos que los insumos convencionales, pero duran más.

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Los Benjamin mejoraron su sistema hidropónico con apoyo financiero y técnico de un proyecto de la FAO y el FVC. ©Josanne y Roger Benjamin

Para los Benjamin, cultivar lechugas es solo una parte de la ecuación. Colocarlas en el mercado ha sido igual de importante. Hay una demanda constante, pero también una fuerte competencia por parte de agricultores consolidados. La explotación ahora vende la mayoría de sus lechugas a supermercados, mientras que también utiliza las redes sociales para llegar directamente a los consumidores. Los clientes suelen volver, dice Candy, porque aprecian la consistencia y la frescura.

La pareja ya está pensando en diversificar. Les gustaría cultivar cultivos tales como tomates, repollo y coliflor, pero ello exigirá adaptar el sistema hidropónico, así como instalar tubos mayores para adaptarlos a variedades de raíces mayores.

Lo que el sistema ofrece es, ante todo, estabilidad. En Granada, los fenómenos climáticos extremos, entre los que figuran períodos de fuertes lluvias, pueden destruir cultivos a causa de la descomposición y los hongos, mientras que el calor puede secar los suelos y reducir los rendimientos. Bajo la estructura cubierta, estos riesgos se reducen. La estructura metálica y el diseño con ventilación permiten que el aire caliente salga, al tiempo que protege a las plantas de la lluvia excesiva, creando un entorno controlado en el que puede proseguirse la producción incluso en condiciones difíciles.

Poner en funcionamiento un sistema hidropónico conlleva limitaciones. La electricidad es una de ellas, puesto que las bombas necesitan funcionar continuamente para mantener el flujo de agua, aire y nutrientes. Para resolverlo, el proyecto proporcionó paneles solares, una bomba solar y baterías, que suponen un costo elevado en capital inicial, pero permiten que los costos operacionales sean razonables. Esta solución ayuda a reducir emisiones y amplía los ingresos de los agricultores.

El mantenimiento es relativamente bajo y supervisar el sistema requiere en torno a 30 minutos al día. La naturaleza del trabajo también ha cambiado, ya que requiere menos esfuerzo físico que la agricultura tradicional, puesto que no es necesario labrar la tierra ni permanecer inclinado durante mucho tiempo.

Los cambios han suscitado la atención de la comunidad circundante. Otros agricultores han empezado a experimentar con la agricultura hidropónica y los Benjamin han compartido lo que han aprendido, ofreciendo ayuda a varios de ellos para construir sistemas similares e invitándoles a visitar su explotación.

Con miras al futuro, Roger y Candy hablan sobre un modelo “de la granja a la mesa”, en el que los clientes puedan comprar cultivos a su explotación directamente. También quieren seguir compartiendo su experiencia de forma más amplia, sacando provecho de lo que aprendieron a fuerza de prueba y error.

En la explotación familiar de los Benjamin, el invernadero y el sistema hidropónico ahora funcionan al margen del tiempo atmosférico, evitando así que se diluyan los nutrientes y proliferen las plagas. Para los Benjamin, esta transición no solo ha cambiado cómo cultivan alimentos, sino también cómo conciben las posibilidades que les ofrece su tierra.

Además de los proyectos piloto sobre resiliencia ante el cambio climático, la FAO asistió al Gobierno de Granada en la mejora de sus capacidades para generar y gestionar datos a favor de la planificación de la adaptación mediante una serie de herramientas e instrumentos, entre los que cabe mencionar: un portal de gestión de los conocimientos, un atlas sobre riesgos climáticos, un índice normalizado de precipitación, un índice nacional de la seguridad alimentaria, y una política y un plan de acción en materia alimentaria y nutricional. 

Sitio Fuente: FAO