Hallan en Marruecos un “mini titán” de 70 millones de años emparentado con los mayores dinosaurios de la historia
PALEONTOLOGÍA.
Un hallazgo en los fosfatos marinos de Marruecos apunta a una conexión inesperada entre los últimos dinosaurios africanos y los gigantes de la Patagonia.
Un pequeño titanosaurio hallado en Marruecos revela una inesperada conexión con los gigantes prehistóricos de Sudamérica. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Las minas de fosfato de Khouribga, en el centro de Marruecos, llevan décadas devolviendo fragmentos de un mundo perdido: dientes de tiburón, vértebras de mosasaurios, restos de reptiles marinos y huesos dispersos de dinosaurios que acabaron arrastrados hasta un antiguo mar tropical. Sin embargo, entre todos esos fósiles mezclados por las corrientes del Cretácico final, había una pieza que los paleontólogos llevaban años esperando encontrar.
No era un gran esqueleto articulado ni un depredador espectacular. De hecho, a simple vista, los restos parecían poco más que vértebras aplastadas y fragmentos de pelvis incrustados en roca fosfatada. Pero escondían una historia mucho más importante: la de un dinosaurio africano emparentado con algunos de los animales terrestres más colosales de la historia.
El descubrimiento, descrito ahora en la revista Diversity por un equipo internacional liderado por el paleontólogo Nicholas Longrich, aporta una de las imágenes más precisas hasta la fecha sobre cómo era la fauna africana apenas unos millones de años antes de la extinción de los dinosaurios. Y, sobre todo, plantea una pregunta incómoda para los investigadores: ¿hasta qué punto sabemos realmente cómo eran los ecosistemas del hemisferio sur al final del Cretácico?
La mayoría de las teorías sobre la desaparición de los dinosaurios se han construido observando fósiles de Norteamérica, donde los registros son mucho más abundantes. Allí aparecen tiranosaurios, triceratops y hadrosaurios en enormes cantidades. África, en cambio, sigue siendo casi un vacío paleontológico para este periodo. Y eso resulta paradójico teniendo en cuenta el tamaño del continente.
Los fósiles marroquíes empiezan a llenar ese hueco. En los últimos años se habían identificado abelisáuridos —los grandes depredadores del sur— y extraños dinosaurios de pico de pato llegados desde Europa. Pero los saurópodos seguían siendo un misterio. Había huesos aislados, sí, aunque ninguno permitía saber exactamente qué tipo de gigantes habitaban el norte de África hace unos 70 millones de años.
Un fósil hallado en el fondo de un antiguo mar.
Los restos aparecieron en Sidi Chennane, dentro de la cuenca de Oulad Abdoun, una región que durante el Maastrichtiense tardío estaba cubierta por un mar poco profundo y cálido. Allí se acumularon durante millones de años sedimentos ricos en fosfatos que hoy alimentan una de las mayores industrias mineras del planeta.
Lo sorprendente es que, entre peces y reptiles marinos, acabaran apareciendo también dinosaurios terrestres. Los investigadores creen que los cadáveres pudieron ser arrastrados desde zonas costeras cercanas antes de hundirse en el fondo marino.
Columna estratigráfica sintética de la cuenca de Oulad Abdoun que muestra la localización del espécimen MHNM.KHG.888. Fuente: Diversity (2026)
El ejemplar encontrado conserva vértebras dorsales y caudales, parte del sacro y fragmentos de la pelvis. Suficiente, según el estudio, para identificar una especie completamente nueva.
Pero el detalle más inesperado no estaba en su antigüedad ni en el lugar del hallazgo, sino en sus parentescos.
"El hallazgo sugiere que los dinosaurios africanos del final del Cretácico estaban mucho más aislados y especializados de lo que se creía hasta ahora".
El vínculo inesperado con los gigantes de la Patagonia.
El dinosaurio ha sido bautizado como Phosphatotitan khouribgaensis y pertenece al grupo de los titanosaurios, los saurópodos de cuello largo que dominaron Gondwana durante el Cretácico. Lo desconcertante es que sus huesos muestran similitudes anatómicas muy concretas con los lognkosaurios sudamericanos, un linaje conocido por incluir gigantes como Patagotitan o Argentinosaurus.
Tal y como indica el estudio, varias características de las vértebras y de la pelvis coinciden con las de esos enormes dinosaurios de Patagonia: centros vertebrales muy cortos, espinas neurales ensanchadas y una pelvis extraordinariamente robusta.
Hasta ahora, ese grupo parecía prácticamente exclusivo de Sudamérica.
La conexión abre dos posibilidades. La primera es que estos dinosaurios descendieran de poblaciones distribuidas por Gondwana antes de que África y Sudamérica terminaran de separarse hace más de 100 millones de años. La segunda, mucho más debatida, es que algunos linajes lograran dispersarse entre continentes incluso cuando el Atlántico Sur ya comenzaba a abrirse.
Sea cual sea la respuesta, el hallazgo sugiere que los dinosaurios africanos del final del Cretácico estaban mucho más aislados y especializados de lo que se pensaba.
Reconstrucción artística de Phosphatotitan khouribgaensis. Ilustración: Connor Ashbridge
"Los paleontólogos creen que la subida del nivel del mar pudo convertir partes de Marruecos en grandes islas naturales, favoreciendo la evolución de especies más pequeñas".
Un “primo” pequeño de los mayores dinosaurios del planeta.
A diferencia de sus colosales parientes argentinos, Phosphatotitan no era un gigante descomunal. Los investigadores calculan que pesaba entre 3,5 y 4 toneladas y medía alrededor de diez metros de largo. Grande para los estándares actuales, pero diminuto comparado con las más de 60 toneladas estimadas para Patagotitan.
Ese tamaño relativamente pequeño podría no ser casual. Tal y como ha revelado el equipo científico, el norte de África pudo quedar fragmentado en grandes islas por el aumento global del nivel del mar durante el final del Cretácico. En ecosistemas aislados y con recursos limitados, los animales de gran tamaño tienden a reducirse generación tras generación, un fenómeno conocido como enanismo insular.
La idea encaja con otros dinosaurios hallados en Marruecos y Egipto, también más pequeños de lo esperado.
El hallazgo refuerza además otra hipótesis cada vez más aceptada entre los paleontólogos: la diversidad de dinosaurios justo antes de la gran extinción está probablemente subestimada. Mientras Norteamérica ofrece una imagen relativamente detallada de aquel mundo perdido, África sigue revelando especies completamente inesperadas.
Y eso convierte a lugares como los fosfatos marroquíes en algo más que simples yacimientos fósiles. Son ventanas tardías a un continente del que aún conocemos muy poco, justo en el instante anterior al impacto que cambió la historia de la vida en la Tierra.
Por: por Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante