Es posible que no hayamos sabido detectar vida extraterrestre
ASTROBIOLOGÍA.
Un nuevo debate científico alerta sobre los “falsos negativos”: señales biológicas que podrían haberse descartado por error en la búsqueda de vida extraterrestre.
Los falsos positivos y los falsos negativos condicionan la búsqueda de vida extreterreste. / Pixabay/CC0 Dominio público.
Podemos estar diseñando misiones para buscar vida sin incorporar de verdad la posibilidad de no saber identificarla cuando aparezca. Nos despistan los falsos positivos, señales que parecen biológicas y no lo son, y los falsos negativos, indicios de vida que pueden pasar inadvertidos o ser interpretados como procesos abióticos.
La búsqueda de vida fuera de la Tierra suele contarse como una historia de progreso técnico. Telescopios más potentes, sondas mejor equipadas, laboratorios capaces de extraer información de muestras minúsculas. Pero la nueva etapa de la astrobiología ha traído una inquietud distinta: quizá el problema no sea solo encontrar señales, sino saber interpretarlas.
Eso es lo que sugieren varios trabajos reunidos por Nature Astronomy, en un momento en que la exploración espacial maneja más datos que nunca y, sin embargo, también más ambigüedad. Cuanta más información llega, menos evidente resulta separar una señal biológica de una química que no lo es.
Las muestras traídas de los asteroides Bennu y Ryugu han reforzado esa idea. En ambos casos han aparecido moléculas orgánicas complejas estrechamente asociadas a la química de la vida terrestre, incluidos aminoácidos y nucleobases, aunque en esos cuerpos no surgió vida: encontrar ingredientes de la vida no equivale a haber encontrado vida.
Fallo de interpretación.
Ahí empieza el verdadero problema. Durante años, buena parte de la atención se ha concentrado en los falsos positivos, esas señales que parecen biológicas y luego no lo son. Era una prioridad razonable: anunciar vida extraterrestre por error sería uno de los mayores tropiezos de la historia de la ciencia.
Pero hay otro fallo menos llamativo y quizá igual de serio. El falso negativo ocurre cuando la vida está, o estuvo, y nuestros instrumentos, nuestros modelos o incluso nuestras preguntas, no logran reconocerla. Por lo general estamos ante un defecto de interpretación.
Ese es el asunto que pone sobre la mesa un equipo encabezado por la astrobióloga Inge Loes ten Kate en otro trabajo publicado en Nature Astronomy. Su advertencia: podemos estar diseñando misiones para buscar vida sin incorporar de verdad la posibilidad de no saber identificarla cuando aparezca.
Puede que no baste con buscar oxígeno, metano o compuestos orgánicos. Puede que tampoco baste con enviar mejores instrumentos. Antes hay que entender qué aspecto tendría una huella biológica en cada entorno, cómo podría conservarse y de qué formas podría confundirse con procesos geológicos o químicos.
Sin firmas limpias.
La dificultad aumenta porque la vida no deja siempre señales claras. A veces sus rastros se degradan, quedan enterrados, se diluyen en una atmósfera o se ven enmascarados por reacciones del entorno. Otras veces ni siquiera se parecen a lo que esperamos encontrar, porque seguimos buscando a partir de un único modelo: el de la vida que conocemos.
Ten Kate lo resume con un ejemplo: si hay vida debajo de una roca y solo observamos la roca desde arriba, esa vida no aparecerá en nuestros resultados: mirar no siempre significa ver.
El riesgo, además, no es solo científico. Si una misión concluye demasiado pronto que un entorno es estéril, puede rebajar el interés por determinados objetivos, descartar instrumentos útiles o empujar la investigación hacia rutas más cómodas, pero menos fértiles. A más largo plazo, incluso podría allanar decisiones de explotación de recursos en otros mundos sin haber descartado de forma seria la existencia de vida microscópica.
Por eso, el editorial de Nature Astronomy insiste en una idea clave para los próximos años: antes de afirmar que hemos encontrado vida, necesitamos definir mucho mejor qué aspecto tiene un entorno sin vida. Es decir, hace falta construir una línea de base abiótica sólida, una referencia capaz de distinguir lo verdaderamente excepcional de lo que solo lo parece.
Por: Redacción T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21