Descubren el fósil de ajolote más antiguo de México: vivió hace 4 millones de años en un lago desaparecido

PALEOBIOLOGÍA.-

Un conjunto de fósiles excepcionalmente conservados hallados en Hidalgo revela la existencia de un ajolote desconocido que vivió hace más de 4 millones de años en un lago desaparecido del centro de México.

Hallan una especie extinta de ajolote que vivió hace más de 4 millones de años en México. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

Durante décadas, el ajolote mexicano ha fascinado a científicos de todo el mundo por su extraordinaria capacidad para regenerar extremidades, órganos e incluso partes del cerebro. Pero ahora, un hallazgo realizado en el centro de México está aportando una nueva perspectiva sobre los orígenes de este singular grupo de anfibios. Un equipo de investigadores ha identificado una nueva especie fósil de salamandra emparentada con los ajolotes actuales que vivió hace más de cuatro millones de años en un antiguo lago del actual estado de Hidalgo.

La especie ha sido bautizada como Ambystoma quetzalcoatli y constituye uno de los descubrimientos paleontológicos más relevantes de los últimos años para comprender la evolución de los anfibios mexicanos. Tal y como indica el estudio publicado en la revista Palaeontologia Electronica, se trata del registro más antiguo conocido del género Ambystoma en México y de la primera especie fósil de ajolote descrita formalmente en el país.

El hallazgo procede de Santa María Amajac, una localidad situada en el municipio hidalguense de Atotonilco el Grande. Hoy la zona presenta un paisaje muy diferente, pero durante el Plioceno tardío albergó un extenso lago rodeado de una rica comunidad de plantas y animales. Los sedimentos de aquel ecosistema han conservado una auténtica cápsula del tiempo que sigue proporcionando sorpresas a los investigadores.

La importancia del descubrimiento no radica únicamente en la antigüedad de la especie. Los fósiles encontrados presentan un nivel de conservación excepcional. Mientras que la mayoría de los restos fósiles de salamandras suelen aparecer fragmentados debido a la extrema fragilidad de sus huesos, en este caso los investigadores recuperaron varios ejemplares articulados y relativamente completos. Este detalle ha permitido analizar con una precisión poco habitual la anatomía de un anfibio que vivió millones de años antes de la aparición de muchas especies actuales.

Un antiguo lago lleno de vida en el corazón de México.

Los fósiles proceden de depósitos que se formaron cuando una interrupción temporal del curso del río Amajac dio origen a un lago intermontano de aproximadamente 85 kilómetros cuadrados. Los estudios geológicos previos ya habían revelado que aquel entorno estaba dominado por abundante vegetación y aguas dulces permanentes.

La región es considerada desde hace años uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del centro de México. Allí se han descrito especies fósiles de plantas, insectos, diatomeas y peces de agua dulce, además de numerosos restos de vertebrados e invertebrados. Sin embargo, los anfibios descubiertos en el lugar permanecían prácticamente sin estudiar hasta ahora.-

Para determinar la identidad de los fósiles, los investigadores compararon los ejemplares con numerosas especies actuales de salamandras mexicanas. El trabajo incluyó análisis anatómicos detallados, tomografías computarizadas y la revisión de esqueletos modernos pertenecientes a distintas especies del género Ambystoma.

Holotipo de Ambystoma quetzalcoatli, la nueva especie fósil descrita en México. Foto: Jorge A. Herrera-Flores.

El resultado fue sorprendente. Aunque los fósiles compartían numerosos rasgos con los ajolotes actuales, también mostraban características únicas que no aparecen en ninguna especie conocida.

"El hallazgo de Ambystoma quetzalcoatli adelanta varios millones de años la historia conocida de los ajolotes en México".

Un ajolote que conservaba rasgos juveniles toda la vida.

Uno de los aspectos más llamativos de Ambystoma quetzalcoatli es que presentaba neotenia o pedomorfosis. Dicho de forma sencilla, los individuos alcanzaban la edad adulta conservando características propias de las fases juveniles.

Este fenómeno es precisamente una de las señas de identidad del famoso ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum), que mantiene durante toda su vida rasgos larvarios asociados normalmente a ejemplares inmaduros. La nueva especie fósil parece haber seguido una estrategia biológica similar.

Los investigadores identificaron varios indicadores anatómicos de esta condición. Entre ellos destacan determinadas proporciones craneales y la presencia de estructuras óseas que en especies terrestres desaparecen o se transforman durante la metamorfosis. Todo apunta a que estos animales pasaban su vida completa en el medio acuático del lago donde habitaban.

La conservación de características juveniles en ejemplares adultos constituye una estrategia evolutiva especialmente exitosa en ambientes lacustres estables. Actualmente ocurre en especies como el ajolote de Xochimilco, el ajolote de Pátzcuaro o el ajolote de Alchichica, todos ellos habitantes de ecosistemas acuáticos aislados.

Un cráneo diferente a cualquier otro conocido.

La clave para definir una nueva especie se encontraba en el cráneo. Tras analizar los fósiles, los investigadores detectaron una combinación de rasgos anatómicos inédita dentro de los ambistómidos.

Entre las características más distintivas destaca una abertura craneal con forma de "V" situada en la parte anterior del cráneo, una configuración que no se observa en ninguna de las especies actuales estudiadas. También presentaba una fontanela media alargada entre los huesos frontales y parietales, así como una morfología singular del parasfenoides, uno de los principales huesos de la base craneal.

Además, la nueva especie poseía 17 vértebras troncales, una cifra superior a la observada en la mayoría de los ajolotes modernos, que suelen presentar entre 14 y 16. Esta diferencia anatómica refuerza la idea de que se trataba de una línea evolutiva propia.-

Los autores del estudio consideran que estas particularidades son suficientemente significativas como para justificar la creación de una nueva especie. Al mismo tiempo, la anatomía sugiere que mantenía estrechas relaciones evolutivas con varios ajolotes actuales distribuidos a lo largo del Eje Volcánico Transmexicano.

Reconstrucción del antiguo lago de Santa María Amajac durante el Plioceno tardío. Ilustración de Diana Guzmán-Madrid.

"Encontrar esqueletos completos de salamandras fósiles es extremadamente raro debido a la fragilidad de sus huesos".

El fósil más antiguo conocido del grupo en México.

El descubrimiento aporta información valiosa sobre una etapa muy poco conocida de la evolución de los ambistómidos. Aunque existen fósiles atribuidos a salamandras de este grupo en Estados Unidos y Canadá, los registros mexicanos eran mucho más recientes.

Hasta ahora, la mayoría de los restos fósiles relacionados con ajolotes en México procedían del Pleistoceno, una época mucho más cercana a la actualidad. Ambystoma quetzalcoatli retrocede la presencia documentada del género en el país hasta hace aproximadamente entre 4,2 y 4,6 millones de años.

Este dato permite reconstruir con mayor precisión cuándo comenzaron a diversificarse las distintas especies de ajolotes que hoy habitan México. También ayuda a comprender cómo los cambios geológicos y climáticos del Plioceno pudieron influir en la aparición de nuevas formas adaptadas a lagos y sistemas acuáticos aislados.

Los autores sugieren incluso que este fósil podría aportar pistas sobre las primeras etapas de radiación evolutiva del grupo de salamandras tigre, una de las ramas más importantes dentro del género Ambystoma.

Un tesoro paleontológico que aún guarda secretos.

La historia de Santa María Amajac parece estar lejos de terminar. El antiguo lago continúa proporcionando información sobre ecosistemas desaparecidos hace millones de años y los investigadores creen que todavía quedan numerosas especies por describir.

De hecho, trabajos preliminares realizados en la misma zona apuntan a la presencia de varias especies de ranas que convivieron con Ambystoma quetzalcoatli. Estos estudios podrían publicarse próximamente y ampliar todavía más el conocimiento sobre la biodiversidad de aquel ecosistema perdido.

Más allá del descubrimiento de una nueva especie, el hallazgo refuerza una idea cada vez más evidente para los paleontólogos: la extraordinaria biodiversidad que caracteriza actualmente a México tiene raíces muy profundas. Los lagos, montañas y valles que hoy albergan algunas de las especies más singulares del planeta fueron también escenarios de una rica diversidad biológica millones de años antes de la aparición del ser humano.

Y entre todos esos habitantes del pasado, un pequeño ajolote fósil encontrado en Hidalgo acaba de convertirse en una de las piezas más importantes para comprender cómo evolucionó uno de los anfibios más fascinantes del mundo.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante