El proceso oculto bajo los océanos que pudo llenar la Tierra de oxígeno y podría cambiar la búsqueda de vida alienígena

CIENCIAS DE LA TIERRA / OCEANOGRAFÍA.-

Bajo los océanos, la Tierra lleva miles de millones de años enterrando materiales capaces de destruir oxígeno.

Ahora, un estudio plantea que ese mecanismo tectónico pudo hacer respirable nuestro mundo y alterar la búsqueda de vida extraterrestre.

Recreación artística del proceso de subducción fría que faciliaría llenar la atmósfera terrestre de oxígeno. ChatGPT, César Noragueda.

Durante mucho tiempo, la historia parecía sencilla. La vida aprendió a fabricar oxígeno mediante fotosíntesis y, poco a poco, la atmósfera terrestre se transformó hasta volverse apta para pulmones como los nuestros. El problema es que los datos geológicos nunca terminaron de encajar del todo con esa narración. Ahora, un estudio internacional plantea que parte de la respuesta podría encontrarse bajo el fondo oceánico, allí donde enormes trozos de corteza desaparecen lentamente hacia el interior del globo; un mecanismo que, de rebote, podría ser fundamental para la manera en que buscamos vida en exoplanetas.

La investigación, desarrollada por científicos de la Universidad de Yale y otras instituciones y difundida a través de Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere que la tectónica terrestre permitió retirar materiales que consumían oxígeno antes de que pudieran devolverlo otra vez a la superficie. La consecuencia resulta difícil de exagerar: el aire que respiran hoy los animales quizá dependa, no solo de microorganismos antiguos, sino también de un mecanismo geológico profundo que lleva funcionando miles de millones de años.

El gran misterio nunca fue producir oxígeno.

La Tierra no siempre tuvo cielos ricos en oxígeno. Durante una enorme porción de su historia temprana, la atmósfera contenía cantidades insignificantes de ese gas. Y eso se ve extraño, porque las primeras bacterias fotosintéticas aparecieron muchísimo antes de que el oxígeno empezara a acumularse de verdad.

Los investigadores llevan décadas intentando entender esa contradicción. Las cianobacterias comenzaron a liberar oxígeno mucho antes de que la atmósfera pudiera conservarlo y, aun así, el planeta permaneció durante cientos de millones de años en un estado químico relativamente hostil para formas complejas de vida.

El llamado Gran Evento de Oxidación, ocurrido hace aproximadamente 2.400 millones de años, marca el primer gran aumento significativo de oxígeno atmosférico. Sin embargo, ni siquiera entonces la situación cambió de manera definitiva. La concentración siguió oscilando durante eones, y solo mucho después surgieron condiciones aptas para organismos complejos.-

La gran incógnita, por lo tanto, nunca había consistido en descubrir quién fabricaba oxígeno, sino en averiguar por qué la atmósfera era incapaz de retenerlo. Y ahí entra en juego una idea menos intuitiva. El carbono orgánico y minerales como la pirita reaccionaban con el oxígeno y lo eliminaban antes de que pudiera acumularse en cantidades elevadas. El nuevo trabajo plantea que la clave no fue únicamente generar más oxígeno, sino conseguir retirar de la superficie algunos de sus consumidores químicos principales.

Recreación artística del proceso de subducción fría. ChatGPT, César Noragueda.

Bajo los océanos ocurre una maquinaria gigantesca.

La explicación propuesta por el nuevo estudio empieza muy lejos de la superficie visible. Bajo los océanos, las placas tectónicas se desplazan lentamente hasta chocar entre sí. Cuando una de ellas se hunde por debajo de otra, comienza un proceso conocido como subducción.

Aunque solemos imaginar la Tierra como un bloque sólido e inmóvil, el planeta funciona más bien como una estructura dinámica y cambiante. Las zonas de subducción arrastran materiales superficiales hacia el manto profundo a velocidades diminutas desde una escala humana, aunque colosales cuando se contemplan millones de años.

Los autores distinguen además entre distintos tipos de subducción. En ciertos periodos del pasado geológico, las placas descendían a temperaturas relativamente elevadas. Eso favorecía que muchos compuestos terminaran regresando con rapidez a la superficie mediante actividad volcánica. Más adelante, llegó un régimen distinto, la llamada subducción fría.

"Con la subducción fría, el planeta empezó a esconder bajo la corteza algunos de los principales enemigos químicos del oxígeno atmosférico".

Ese detalle térmico resulta decisivo. La subducción fría permitió transportar carbono y sulfuros hacia regiones más profundas del interior terrestre sin que volvieran inmediatamente al exterior. Dicho de otro modo, el planeta empezó a esconder bajo la corteza algunos de los principales enemigos químicos del oxígeno atmosférico.

Enterrar materiales para liberar el aire.

La idea central del estudio tiene algo de paradoja geológica. Para que el oxígeno aumentara en la atmósfera, una fracción de los materiales capaces de consumirlo, como estamos diciendo, debían desaparecer del circuito superficial terrestre. Y eso es precisamente lo que, según el modelo de los investigadores, comenzó a suceder cuando la tectónica evolucionó hacia sistemas de subducción más fríos y eficientes.

El interior terrestre secuestró compuestos reductores que antes destruían el oxígeno atmosférico y alteró así el equilibrio químico global del planeta. No se trata únicamente del carbono orgánico. La pirita —un sulfuro de hierro abundante en numerosos ambientes geológicos— también desempeña un papel importante en el ciclo del oxígeno. Cuando ese mineral permanece cerca de la superficie puede reaccionar químicamente y consumir oxígeno, y enterrarlo a grandes profundidades modifica el balance atmosférico durante escalas temporales inmensas.

El hallazgo no elimina el papel fundamental de la fotosíntesis. Las bacterias siguieron siendo las grandes productoras de oxígeno. Lo que cambia es el enfoque del problema. Durante décadas, una buena cantidad de las aportaciones científicas al debate se centraron en cómo se generaba el gas, mientras que ahora la atención se desplaza hacia los mecanismos que impedían conservarlo. La Tierra, entonces, necesitaba reorganizar su interior antes de convertirse en un planeta realmente respirable.

La hipótesis posee incluso una consecuencia narrativa poderosa. La respiración animal podría depender tanto de microorganismos microscópicos como de la lenta evolución térmica del manto terrestre. Dos procesos separados por escalas radicalmente distintas habrían acabado colaborando en la transformación del planeta.

Tres momentos en los que la atmósfera cambió de forma radical.

Los autores compararon la evolución de la subducción terrestre con los grandes episodios de oxigenación conocidos por la geología. El resultado llamó la atención porque las fechas encajaban con una precisión considerable.

El primero de esos saltos fue el Gran Evento de Oxidación. Muchísimo después, sucedió el Evento de Oxigenación Neoproterozoico, entre hace unos 800 y 540 millones de años, una etapa relacionada con la aparición y diversificación de organismos multicelulares complejos. Más tarde, sobrevino otro incremento importante durante el Paleozoico.

Los registros metamórficos utilizados en el estudio indican que esas etapas coinciden con periodos de bajas relaciones temperatura/presión en antiguas zonas de subducción, un indicio de tectónica más fría y eficiente. La evolución tectónica terrestre avanzó al mismo tiempo que aumentaban los niveles de oxígeno en la atmósfera y los océanos. La investigación identifica dos grandes intervalos muy relevantes: uno entre aproximadamente 2.200 y 1.800 millones de años, y otro desde hace unos 800 millones de años hasta la actualidad. Ambos coinciden de forma llamativa con las grandes fases de oxigenación planetaria.

La evolución tectónica terrestre avanzó al mismo tiempo que aumentaban los niveles de oxígeno en la atmósfera y los océanos.

Por otra parte, los autores relacionan el primer gran episodio con la formación del supercontinente Nuna —también llamado Columbia—. La reorganización continental favoreció sistemas de subducción más persistentes y profundos capaces de transportar carbono orgánico y pirita hacia el manto en cantidades mayores que antes.

La coincidencia no demuestra automáticamente una causalidad absoluta, pero proporciona un patrón difícil de ignorar. Sobre todo, porque los científicos incorporaron después esos datos a un modelo biogeoquímico capaz de reconstruir aproximadamente la evolución del oxígeno durante los últimos 4.000 millones de años.

Reconstruir un planeta casi imposible de observar.

Uno de los aspectos más complejos del trabajo consiste en que nadie puede estudiar directamente la Tierra primitiva. Los investigadores dependen de huellas incompletas preservadas en rocas extremadamente antiguas. Y, para aproximarse a esas condiciones remotas, el equipo analizó registros metamórficos vinculados con antiguas zonas de subducción. La presión y temperatura registradas en ciertos minerales permiten reconstruir, al menos parcialmente, cómo funcionaba la tectónica en distintas épocas geológicas.-

Recreación artística de un exoplaneta en el que actúa la subducción fría. ChatGPT, César Noragueda.

A partir de ahí desarrollaron simulaciones globales. El modelo consiguió reproducir tendencias históricas de oxigenación observadas en el registro geológico utilizando la evolución de la subducción como uno de los factores centrales. Y lo interesante es que la propuesta conecta fenómenos normalmente estudiados por disciplinas diferentes. La tectónica de placas, la química atmosférica, la evolución biológica y el ciclo profundo del carbono se presentan aquí entrelazados dentro de un mismo relato planetario.

La hipótesis todavía deja preguntas abiertas.

El propio estudio evita presentar el resultado como una solución definitiva. Y ahí puede residir su credibilidad en gran medida. La historia temprana de la Tierra continúa siendo muy desconocida; numerosos episodios permanecen ocultos por la erosión, el reciclaje tectónico y la desaparición de rocas antiguas. Eso significa que los modelos dependen inevitablemente de simplificaciones. El registro geológico conserva solo fragmentos limitados de la historia terrestre y obliga a bregar con enormes márgenes de incertidumbre.

Por otro lado, existen otros factores capaces de influir en el oxígeno atmosférico: actividad volcánica, evolución biológica, composición oceánica o cambios climáticos de larga duración. La nueva investigación no elimina esas variables; más bien, sugiere que la tectónica profunda pudo desempeñar un papel mucho más importante de lo que se pensaba. Entonces, la historia del oxígeno terrestre sigue llena de lagunas; lo que cambia ahora es el lugar donde los científicos buscan las piezas que faltan.

Ese matiz resulta esencial. La propuesta no afirma que la subducción fría explique por sí sola la atmósfera moderna, sino que podría haber alterado de un modo determinante las condiciones químicas necesarias para que el oxígeno dejara de desaparecer tan deprisa.

Lo que esto implica para la búsqueda de vida extraterrestre.

La investigación también obliga a mirar de otra manera los exoplanetas. El oxígeno suele considerarse una de las señales más prometedoras de actividad biológica, pero este trabajo señala que tal vez no baste con buscar organismos capaces de producirlo. La dinámica interna de un planeta puede determinar cuánto oxígeno logra permanecer en la atmósfera durante miles de millones de años.

Eso complica bastante el panorama. Dos planetas con biosferas similares podrían terminar mostrando atmósferas radicalmente distintas dependiendo de cómo funcionen sus placas tectónicas, su actividad volcánica o la circulación de materiales hacia el interior.

"El oxígeno es una de las señales más prometedoras de actividad biológica, pero tal vez no baste con buscar organismos capaces de producirlo: la dinámica interna de un planeta puede determinar cuánto logra permanecer en la atmósfera".

Los autores sostienen que muchos de los procesos biológicos y geoquímicos relacionados con la evolución atmosférica actuaron sobre un escenario previamente condicionado por la tectónica profunda. La Tierra aprendió a conservar oxígeno cuando algunas placas comenzaron a hundirse con mayor eficiencia y enviaron carbono orgánico y pirita hacia regiones profundas del manto.

Hoy, mientras el Anillo de Fuego del Pacífico continúa reciclando materiales bajo los océanos, ese mecanismo sigue funcionando casi invisible bajo nuestros pies. Resulta curioso pensarlo: parte del aire que respiran los seres humanos quizá dependa todavía de procesos tectónicos iniciados muchísimo antes de que existieran animales, bosques o continentes modernos.

Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.

Sitio Fuente: MuyInteresante