Alertan especialistas sobre hígado graso: hasta 6 de cada 10 mexicanos podrían padecerlo sin saberlo
UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA / CIENCIAS DE LA SALUD.
Hábitos saludables, no consumo de alcohol, una dieta equilibrada y actividad física regular pueden prevenir la enfermedad.
En el mundo, más de mil 300 millones de personas padecen hígado graso, y 80 por ciento no lo sabe. En México, las cifras pueden oscilar entre 40 y hasta 60 por ciento de la población, derivado de los altos índices de obesidad y sobrepeso, lo que refleja la magnitud del problema.
En rueda de prensa celebrada en el marco del Día mundial del hígado graso (12 de junio), especialistas del Hospital Civil de Guadalajara (HCG) advierten que esta enfermedad, ahora denominada “enfermedad por hígado graso asociada a disfunción metabólica”, se ha convertido en un problema creciente de salud pública en México y el mundo.
El doctor José Antonio Velarde Ruiz Velasco, jefe del Servicio de gastroenterología del HCG “Fray Antonio Alcalde”, explicó que se trata de una enfermedad silenciosa que puede avanzar sin síntomas hasta etapas graves.
“Está relacionada con factores de riesgo cardiometabólicos como obesidad, diabetes, hipertensión y alteraciones en los lípidos. El hígado graso no sólo es un problema hepático, está asociado con un mayor riesgo cardiovascular, lo que significa que muchos pacientes pueden presentar infartos o eventos cerebrovasculares antes de desarrollar complicaciones hepáticas avanzadas como la cirrosis”, expresó.
Velarde Ruiz Velasco detalló que la enfermedad puede progresar desde la acumulación de grasa hasta inflamación, fibrosis, cirrosis, e incluso cáncer de hígado.
“El espectro es muy amplio, podemos encontrar desde grasa simple en el hígado hasta fibrosis avanzada o cirrosis. Incluso, hay pacientes que desarrollan cáncer hepático sin haber pasado necesariamente por la cirrosis”, apuntó.
El doctor Roberto Barrientos, endocrinólogo del mismo hospital, explicó la relación directa entre el metabolismo y esta enfermedad, destacando el papel de la resistencia a la insulina.
“La mala utilización de la glucosa, ya sea en resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes, condiciona que el hígado acumule grasa y su mal funcionamiento”, dijo.
Recordó que actualmente cerca de 75 por ciento de los adultos en México tiene algún grado de sobrepeso u obesidad, lo que nos convierte en una población altamente vulnerable a desarrollar hígado graso y sus complicaciones.
En cuanto al tratamiento, Barrientos expresó que no existe una solución única, sino un abordaje integral: “No es un tratamiento de semanas. Es una enfermedad crónica que requiere cambios sostenidos en el estilo de vida: alimentación adecuada, actividad física y, en algunos casos, tratamiento farmacológico”, explicó.
Entre los medicamentos disponibles, mencionaron opciones como la semaglutida, aunque aclaró que su acceso en el sistema público aún es limitado en algunas presentaciones.
Sobre el consumo de algunos suplementos como el té verde, señaló que puede condicionar inflamación hepática, mientras que suplementos de minerales, aunque no se ha comprobado un efecto sobre el hígado graso, lamentó que se consuman deliberadamente.
“Lamentablemente, hoy muchas personas alrededor del mundo toman suplementos que ven en sus redes sociales. En ese sentido, sí tendría que ser individualizado, quien realmente los necesite. Por ejemplo, hay muchos tipos de magnesios en sus diferentes formas, pero es más mercadológico a que realmente tenga un impacto científico; además, la dieta del mexicano es suficiente en magnesio. Nadie necesita magnesio adicional, eso por ponerlo como ejemplo”, subrayó.
En cuanto a los suplementos herbolarios, los médicos explicaron que pueden dañar el hígado; hay también una condición diferente al hígado graso, denominada lesión hepática, inducida por fármacos y herbolaria, pero todo depende de la condición de cada persona.
Alertaron sobre el consumo de alcohol, donde más de dos copas en mujeres y tres en hombres al día pueden potencializar 18 veces su efecto en cuanto al daño al hígado, en personas con disfunción metabólica.
Los especialistas coincidieron en que la clave está en generar conciencia, puesto que se trata de una enfermedad prevenible con hábitos saludables, sin consumir alcohol, con una dieta equilibrada, disminuyendo los carbohidratos y realizando actividad física regular.
Informaron que un perfil hepático y un ultrasonido pueden ser suficientes para detectar la enfermedad. El problema es que muchas veces se descubre de forma tardía, cuando ya hay complicaciones graves.
Texto: Laura Sepúlveda Velázquez / Fotografía: Gustavo Alfonzo.
Sitio Fuente: UdeG