Estudio de la FAO: La oferta mundial de carne se cuadruplicó en seis decenios, pero persisten las desigualdades en la distribución

FAO.-

En el informe se analiza la forma en la que el entorno alimentario influye en la oferta y la demanda de alimentos terrestres de origen animal.

© FAO / Daniele Epifanio.

En el informe se constata que la oferta mundial de alimentos terrestres de origen animal ha aumentado rápidamente desde el decenio de 1960, en particular de la carne de aves de corral, que ha registrado el crecimiento más pronunciado.

La oferta mundial de alimentos terrestres de origen animal, impulsada principalmente por los huevos, la carne de aves de corral y la carne porcina, ha registrado un aumento significativo en los últimos seis decenios. Esta expansión ha convertido a la ganadería en uno de los componentes del sector agrícola que más rápido crece, según un nuevo estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En el informe, titulado Drivers of supply and demand of terrestrial animal source food – An evidence and policy overview on the state of knowledge and gaps (Factores que determinan la oferta y la demanda de alimentos terrestres de origen animal: visión general de los conocimientos disponibles y las deficiencias desde el punto de vista de los datos y las políticas), se presenta una evaluación mundial exhaustiva y basada en criterios científicos de la contribución del sector ganadero a la seguridad alimentaria, los sistemas agroalimentarios sostenibles, la nutrición y las dietas saludables, y se señalan las principales lagunas de conocimiento. Asimismo, se abordan sistemas de producción de todas las escalas, desde los sistemas integrados de producción agropecuaria hasta las actividades ganaderas especializadas, los sistemas de pastoreo y la cría y caza de animales silvestres.

En el estudio se examinan la oferta y la demanda mundiales de alimentos terrestres de origen animal, que incluyen productos procedentes de mamíferos, aves e insectos.

Según el informe, la oferta mundial de alimentos terrestres de origen animal aumentó rápidamente entre 1961 y 2022. El crecimiento más pronunciado se registró en la carne de aves de corral —que aproximadamente se quintuplicó—, seguida de los huevos y la carne porcina —cuya producción casi se duplicó—, mientras que la producción de carne de bovino se mantuvo estable o disminuyó en muchas regiones.

En 2022, la producción mundial de alimentos terrestres de origen animal alcanzó las siguientes cifras:

- 361 millones de toneladas de carne, frente a unos 71 millones de toneladas en 1961;  
- 930 millones de toneladas de leche, frente a aproximadamente 342 millones de toneladas; 
- 94 millones de toneladas de huevos, frente a unos 15 millones de toneladas.

Los datos sobre el consumo de insectos siguen siendo limitados y la mayor parte de las pruebas procede de África, América Latina y Asia. Las estimaciones disponibles indican que alrededor de 1 900 especies se consumen como alimento.

Disparidades regionales.

Actualmente, Asia es el mayor productor de alimentos terrestres de origen animal, seguida de Europa. No obstante, las tendencias de la producción no siempre se traducen en disponibilidad.

La mayor oferta per cápita sigue registrándose en América del Norte, mientras que Asia, pese a ser la principal productora, presenta una disponibilidad relativamente baja por persona. En el África subsahariana, la oferta per cápita ha permanecido en gran medida estancada y solo se han observado incrementos limitados en determinados países, por ejemplo, de la disponibilidad de leche en Kenya y de carne de aves de corral en Sudáfrica.

Las pérdidas y el desperdicio de alimentos agravan aún más estas desigualdades y constituyen un desafío creciente para la sostenibilidad. Se estima que aproximadamente un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia, en particular alrededor del 14 % de los alimentos terrestres de origen animal. Con frecuencia, estas pérdidas están relacionadas con la naturaleza perecedera de estos productos, la infraestructura inadecuada de la cadena de frío y el control deficiente de la temperatura. Estos desafíos son especialmente acusados en los países de ingresos medios y bajos, en los que el consumo de alimentos de origen animal sigue siendo comparativamente bajo.

El comercio internacional continúa desempeñando un papel relativamente limitado en el suministro mundial de alimentos terrestres de origen animal, sobre todo en las economías en desarrollo. Si bien los volúmenes comerciales han aumentado, siguen representando únicamente alrededor del 10 % del consumo mundial.

La importancia de los entornos alimentarios.

En el informe se pone de relieve que los datos sobre los entornos alimentarios relacionados con los alimentos terrestres de origen animal —que engloban los contextos más amplios en los que las personas se decantan por opciones alimentarias concretas— siguen siendo limitados y desiguales entre regiones. De los datos disponibles se desprende que la carne y los productos lácteos con mayor contenido de grasas suelen ser más accesibles y asequibles que las alternativas más saludables. Asimismo, en el informe se destacan las diferencias en los documentos legislativos y normativos nacionales. A este respecto, los países de ingresos altos y medianos altos se centran en garantizar la inocuidad y la calidad de los alimentos y regular su comercialización, mientras que los países de ingresos bajos y medianos bajos priorizan el aumento de la producción, la mejora de la disponibilidad y la reducción de los precios con miras a incrementar la asequibilidad y la autosuficiencia.

Nuevos desafíos.

En el prólogo del informe, el Sr. Godfrey Magwenzi, Director General Adjunto de la FAO, y el Sr. Máximo Torero, Economista Jefe de la FAO, señalan que las numerosas razas y especies ganaderas del planeta pueden prosperar en una amplia variedad de entornos, en particular en zonas poco aptas o no aptas para la producción de cultivos, y contribuir a una gran diversidad de dietas saludables. No obstante, destacan que, para optimizar su contribución a la salud de las personas y del planeta, el sector ganadero debe abordar una serie de desafíos.

Estos desafíos abarcan presiones ambientales —por ejemplo, la deforestación, el cambio del uso de la tierra, las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso insostenible de la tierra y el agua, la contaminación y la competencia entre la producción de alimentos y la de piensos—, así como cuestiones relacionadas con la gestión de los rebaños, entre las que cabe citar la baja productividad, el sobrepastoreo y los problemas relacionados con el bienestar animal.

Asimismo, comprenden preocupaciones por la salud y el bienestar de los animales, junto con desafíos más amplios de carácter social, como la inequidad y los riesgos asociados a las interacciones entre los seres humanos y los animales, entre ellos las enfermedades zoonóticas y transmitidas por los alimentos y la resistencia a los antimicrobianos.

Sitio Fuente: FAO