El cambio climático aumenta el riesgo de desprendimientos de rocas en España
España: CIENCIAS DE LA TIERRA.
Un estudio basado en 30 años de datos meteorológicos concluye que la meteorización por hielo se desplaza hacia zonas de montaña y puede redefinir la peligrosidad de laderas e infraestructuras.
La erosión por congelación y descongelación descompone las rocas que rodean el glaciar La Madaleta, España. / Crédito: Luis Paquito, Wikimedia Commons, CC-BY-SA.
El cambio climático está alterando dónde y cuándo es más probable que las rocas se fracturen en España, según una nueva investigación. El estudio sugiere que el aumento de las temperaturas está redistribuyendo un proceso clave, responsable de la descomposición de los paisajes montañosos.
El calentamiento global no solo está modificando la temperatura media de España: también está reordenando los procesos que fragmentan las montañas y alimentan los desprendimientos de rocas.
Un estudio realizado por los científicos Carlos Gabriel Morales, María Teresa Ortega y Javier Martínez-Martínez, de la Universidad de Valladolid y el Instituto Geológico y Minero de España, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IGME-CSIC), analiza 30 años de registros meteorológicos y concluye que el enfriamiento y deshielo que debilitan la roca se está reduciendo en gran parte del país, pero persiste, e incluso gana intensidad localmente, en zonas altas y peri-montañosas.
El trabajo publicado en EGUsphere apunta a una redistribución del riesgo: la investigación examinó datos diarios de temperatura y precipitación de 84 estaciones meteorológicas repartidas por ambientes alpinos, oceánicos, mediterráneos de interior, costeros y subtropicales entre 1993 y 2022, según informa Phys.org.
Diferencias en el impacto regional.
A partir de esos registros, el equipo calculó cinco indicadores climáticos ligados a la meteorización por hielo: días de helada, ciclos de hielo-deshielo, ciclos intensos, un índice de intensidad de helada y un índice de helada húmeda. La conclusión general es clara: en la mayor parte de España disminuyen los días de helada y los ciclos de congelación y descongelación, mientras que la temporada de heladas se acorta.
Ese descenso, sin embargo, no se reparte de forma uniforme. El estudio encuentra que la actividad efectiva de la meteorización por hielo se concentra principalmente en áreas montañosas y perimontañosas, mientras que en las zonas bajas mediterráneas, costeras y subtropicales es marginal o prácticamente inexistente.
Además, en esos cinturones de montaña se detectan transiciones frecuentes por el rango térmico más favorable para que el agua que entra en las grietas de la roca se congele, se expanda y acelere la fracturación. En otras palabras, el calentamiento no está apagando el mecanismo, sino desplazándolo hacia cotas más altas.
Distribución geográfica de los días de heladas y del índice de heladas húmedas para el período de estudio 1993–2022 y distribución prevista para 2050. / Crédito: Morales et al, 2026.
Un futuro complejo.
Las proyecciones lineales a 2050 sugieren que la meteorización por hielo quedará cada vez más restringida a ambientes de alta montaña, con los Pirineos como principal bastión de actividad prolongada. Al mismo tiempo, se expandirán las áreas con presencia nula o muy débil de heladas en regiones costeras y en buena parte de las grandes cuencas fluviales, especialmente en el sur. Para los autores, esto implica una reorganización de los procesos criosféricos en el borde meridional de Europa, una zona particularmente sensible al aumento de temperatura.
Es importante destacar que los desprendimientos de rocas figuran entre los riesgos naturales más comunes en zonas de montaña y afectan a carreteras, ferrocarriles y asentamientos situados bajo laderas escarpadas. Si las condiciones que debilitan la roca se desplazan en altitud, también deberían revisarse los mapas de peligrosidad, porque los patrones históricos dejan de ser una guía fiable para el futuro.
El estudio también indica que la meteorización por hielo contribuye asimismo al deterioro de materiales pétreos y del patrimonio construido, por lo cual el cambio climático podría tener efectos acumulativos sobre infraestructuras modernas y edificios históricos.
Por: Redacción T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21