La planta extinta que biólogos de la UNAM intentan revivir

CIENCIAS DE LA VIDA / BOTÁNICA.-

La lava de la erupción del volcán Xitle en las laderas del Ajusco, hace alrededor de 1600-1800 años, fue la base de un ecosistema volcánico en el que surgió una nueva especie de cactácea: la Mammillaria san-angelensis.

La Mammillaria san-angelensis es una cactácea extinta en su hábitat natural desde los años 80. La destrucción de su ecosistema y el saqueo para su venta acabaron con las poblaciones silvestres de esa especie endémica (única) del Pedregal de San Ángel, al sur de la Ciudad de México.

A partir de 1989, biólogos del Jardín Botánico de la UNAM comenzaron a propagarla in vitro y desde 2004 la reproducen por polinización controlada a partir de plantas madre. Así, la UNAM se convirtió en responsable directa de su conservación ex situ (fuera de su medio natural).

En 1983, se creó la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA) dentro del campus de Ciudad de Universitaria. De 1991 a 2019 se han realizado cinco reintroducciones de la especie en la reserva y se ha logrado el establecimiento de los adultos, lo que muestra que el hábitat aún puede sostener a sus poblaciones.-

Desde 1997, los botánicos la clasificaron como una subespecie de la Mammillaria haageana: Mammillaria haageana subsp. san-angelensis. Fue hasta el 2023 que se confirmó que genéticamente es una especie única. 

Los esfuerzos para regresar a la “biznaga de San Ángel” a su hábitat natural continúan; actualmente integrantes del Instituto de Biología trabajan en un nuevo proyecto de reintroducción. Mientras tanto puedes ir a conocerla en la Casa de Sombra del Jardín Botánico, un espacio para resguardar especies amenazadas.

Endémica del Pedregal de San Ángel, extinta en estado silvestre, conservada por biólogos de la UNAM.-

 

La gran isla de basalto, en un principio estéril y árida, con el paso de los siglos se transformó en un santuario rebosante de vida. Sus grietas, túneles y huecos eran un laberinto de espacios preparados para ser el hábitat de cientos de especies.

 

Los arbustos nodriza, como el palo loco, fueron arquitectos del florecimiento del Pedregal, ya que permitieron que otras plantas germinaran bajo su protección. Aquí, la especie predecesora de la Mammillaria san-angelensis encontró un lugar propicio para establecerse.-

 


Aproximadamente mil quinientos años de evolución adaptativa dieron lugar a un proceso de especiación que culminó en el nacimiento de una nueva especie, una exquisitez creada en las rocas volcánicas de los derrames del Xitle: “la biznaga de San Ángel ”.

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Sus poblaciones fructificaron y se dispersaron por todo el pedregal, aunque nunca fue una especie abundante. Sus frutos color rojo brillante, conocidos como chilitos, eran alimento de algunas especies que dispersaban sus semillas.

 

Su ambiente se conservó casi intacto por más de 1600 años. Hacia finales de los años 40 del siglo XX, la urbanización lo empezó a fragmentar, y a principios de los 80 ya había eliminado más del 96% del ecosistema. Solo quedaron los terrenos de Ciudad Universitaria, en la CDMX, un área de oportunidad para una nueva conciencia ambiental.-

 

Hermosa entre las rocas, su virtud fue su condena. Se convirtió en blanco fácil para los saqueadores que la vendían en las calles y, esto aunado a la destrucción de su hábitat, la llevó a la extinción en vida silvestre.

 

Gracias al activismo de estudiantes y académicos de la Facultad de Ciencias y del Instituto de Biología, se logró preservar el último vestigio del ecosistema. En 1983, se decretó la creación de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA) como “zona ecológica inafectable”.-

 

En los invernaderos del Jardín Botánico de la UNAM se han propagado cientos de Mammillaria san-angelensis. Parte de ellas vive actualmente en hogares adoptivos gracias a su venta en el Centro de Adopción de Especies en Peligro de Extinción, un programa que estuvo activo durante 9 años.

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La conservación de la Mammillaria san-angelensis ha sido un trabajo botánico de 37 años. La meta es verla regresar a la vida silvestre, a su hogar de roca volcánica. Un esfuerzo de conservación, un pulso de vida a la Tierra.

Por: Rocío Brito García, Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad.

Sitio Fuente: Ciencia UNAM