El descubrimiento que reescribe la evolución: aparece un dinosaurio con cuatro alas y una cola de 16 plumas gigantes similar a un pavo real
CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.
Un fósil excepcional hallado en China revela una combinación de plumas nunca vista hasta ahora y aporta nuevas pistas sobre uno de los mayores enigmas de la evolución: el origen del vuelo.
Descubren en China un dinosaurio emplumado con una cola que recuerda a la de un pavo real. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Durante décadas, la historia de la evolución de las aves parecía seguir un camino relativamente ordenado. Los paleontólogos han ido encontrando fósiles que mostraban cómo algunos dinosaurios desarrollaron plumas, modificaron sus extremidades y, finalmente, dieron lugar a las primeras aves capaces de volar. Sin embargo, cada nuevo descubrimiento importante obliga a matizar ese relato. Ahora, un pequeño dinosaurio emplumado descubierto en el noreste de China vuelve a demostrar que la transición entre dinosaurios y aves fue mucho más compleja de lo que se pensaba.
El protagonista de este hallazgo es Changzhousaurus sinensis, una nueva especie descrita por el paleontólogo Xing Xu, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias. Tal y como ha revelado el estudio publicado en Vertebrata PalAsiatica, este animal vivió hace aproximadamente 120 millones de años, durante el Cretácico Inferior, y presenta una combinación de características anatómicas que no se había documentado en ningún otro dinosaurio emplumado.
El fósil procede de la famosa Formación Jiufotang, en la provincia china de Liaoning, uno de los yacimientos más importantes del mundo para estudiar la evolución de las aves. Allí se han descubierto algunos de los dinosaurios con plumas mejor conservados conocidos hasta la fecha, pero incluso en ese contexto extraordinario, el nuevo ejemplar destaca por preservar prácticamente todo el esqueleto acompañado de un espectacular plumaje.
Con apenas 34 centímetros de longitud, Changzhousaurus sinensis se sitúa entre los dinosaurios terópodos no avianos más pequeños conocidos. Su reducido tamaño, sin embargo, contrasta con la enorme información evolutiva que encierra su anatomía.
Una cola que recuerda sorprendentemente a la de un pavo real.
Lo primero que llama la atención del nuevo dinosaurio no son sus huesos, sino sus plumas. Tal y como indica el trabajo científico, conservaba alrededor de 16 plumas caudales extremadamente alargadas, con una longitud cercana a cuatro veces la del fémur. Ningún otro representante temprano de este grupo había mostrado una ornamentación semejante.
A simple vista, esas largas plumas recuerdan inevitablemente a la cola de un pavo real moderno. Evidentemente, no se trata de estructuras idénticas ni desempeñaban necesariamente la misma función, pero su apariencia demuestra que la evolución de las plumas ornamentales comenzó mucho antes de la aparición de las aves actuales.
Los investigadores consideran que estas estructuras probablemente cumplían algún papel relacionado con la exhibición visual, la comunicación entre individuos o la selección sexual. Las plumas ya habían dejado de ser simples estructuras destinadas al aislamiento térmico y comenzaban a desempeñar funciones mucho más variadas.
Este hallazgo también pone de manifiesto que la diversidad de plumajes entre los dinosaurios emplumados era mucho mayor de lo que sugerían los fósiles conocidos hasta ahora.
El ejemplar holotipo de Changzhousaurus sinensis, conservado en la losa principal y su contralosa. Fuente: Xing Xu.
"Hace 120 millones de años ya existían dinosaurios con plumajes mucho más sofisticados de lo que se creía hasta ahora".
Cuatro alas y unas plumas gigantes donde nadie las esperaba.
La cola no era el único rasgo extraordinario del animal.
Changzhousaurus también conservaba grandes plumas en las patas posteriores, formando lo que los paleontólogos conocen como un dinosaurio de "cuatro alas". Este tipo de configuración ya se había documentado en especies como Microraptor, pero el nuevo fósil añade un detalle completamente inesperado.
Las alas delanteras estaban cubiertas por plumas de vuelo proporcionalmente enormes pese a que los brazos eran relativamente cortos. Según explica Xing Xu en el estudio, esta circunstancia demuestra que el tamaño del ala emplumada no evolucionaba necesariamente al mismo ritmo que la longitud de los miembros anteriores.
En otras palabras, un dinosaurio podía desarrollar una gran superficie alar sin necesidad de tener brazos especialmente largos.
Esta observación rompe una de las ideas más simples sobre la evolución del vuelo: que el aumento progresivo del tamaño de las alas dependía únicamente del crecimiento de los huesos del brazo.
Un rompecabezas para reconstruir el árbol evolutivo.
Clasificar a Changzhousaurus tampoco resulta sencillo.
El animal reúne características propias de distintos grupos de dinosaurios cercanos al origen de las aves. Algunas de sus estructuras recuerdan a los troodóntidos, otras a los dromeosáuridos e incluso incorpora rasgos presentes en otros linajes de dinosaurios emplumados.
Pese a esa mezcla anatómica, Xing Xu considera que probablemente se trata de un miembro muy primitivo de los deinonicosaurios, el grupo que incluye a dinosaurios tan conocidos como Velociraptor y Microraptor.
Precisamente esa combinación de rasgos es uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento.
Lejos de mostrar una evolución lineal, el fósil refleja un escenario donde diferentes características aparecían, desaparecían o evolucionaban de forma independiente en distintos linajes. Es un patrón mucho más complejo de lo que tradicionalmente se había planteado para explicar el origen de las aves.
Mucho más que un dinosaurio bonito.
El estudio no se limita a describir una nueva especie. Tal y como señala el propio trabajo científico, Changzhousaurus plantea cuestiones de fondo sobre cómo deben interpretarse muchos fósiles descubiertos durante las últimas décadas.
Por ejemplo, la ausencia de determinadas plumas en otros ejemplares podría deberse simplemente a problemas de conservación y no a que realmente carecieran de ellas cuando estaban vivos. En fósiles tan delicados, pequeños detalles del proceso de fosilización pueden cambiar radicalmente la imagen que los científicos reconstruyen de un animal.
También obliga a revisar cómo se infiere el comportamiento de estos dinosaurios. La presencia de grandes alas o de largas plumas caudales no implica necesariamente que fueran buenos voladores. Es posible que muchas de estas estructuras desempeñaran varias funciones al mismo tiempo, desde mejorar el equilibrio durante el desplazamiento hasta servir como elementos de exhibición.
La evolución, recuerdan los autores, rara vez sigue un único camino.
"El excepcional estado de conservación del fósil permite estudiar tanto el esqueleto como buena parte del plumaje con un nivel de detalle extraordinario".
Liaoning sigue reescribiendo el origen de las aves.
Durante los últimos treinta años, la provincia china de Liaoning se ha convertido en uno de los escenarios más importantes para comprender la evolución de los dinosaurios emplumados.
Las excepcionales condiciones de conservación de sus sedimentos han permitido recuperar esqueletos prácticamente completos con impresiones de piel, plumas e incluso tejidos blandos. Gracias a estos fósiles, hoy sabemos que muchas estructuras que durante décadas se consideraban exclusivas de las aves modernas ya estaban presentes en numerosos dinosaurios no avianos.
Changzhousaurus amplía todavía más ese panorama. Su anatomía demuestra que hace 120 millones de años coexistían múltiples experimentos evolutivos relacionados con las plumas, el vuelo y la locomoción. Algunas de esas soluciones desaparecerían para siempre, mientras que otras acabarían formando parte de las aves actuales.
El fósil constituye además una prueba de que la evolución no avanzó mediante una sucesión ordenada de innovaciones, sino mediante una enorme diversidad de formas intermedias que mezclaban características aparentemente incompatibles.
Changzhousaurus sinensis. Ilustración de Connor Ashbridge.
Un pequeño fósil que cambia grandes preguntas.
El verdadero valor del descubrimiento no reside únicamente en haber identificado una nueva especie.
Changzhousaurus sinensis representa una fotografía excepcional de un momento en el que la evolución estaba probando múltiples caminos para resolver un mismo desafío: aprovechar las plumas para realizar funciones cada vez más complejas.
Las largas plumas de la cola, las patas emplumadas, las enormes alas pese a sus cortos brazos y la mezcla de rasgos anatómicos convierten a este diminuto dinosaurio en una pieza clave para entender cómo surgieron las aves modernas.
Tal y como ha adelantado Xing Xu en el estudio, este descubrimiento también abre nuevos debates sobre la reconstrucción del árbol evolutivo de los dinosaurios emplumados, la interpretación de su comportamiento aéreo e incluso sobre la propia definición científica de qué debe considerarse un ave.
Lejos de cerrar la discusión, este fósil demuestra que la historia del origen de las aves sigue escribiéndose con cada nuevo hallazgo que emerge de las rocas de Liaoning.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante