Científicos perforan un glaciar de 3.500 metros en los Alpes y encuentran señales de minería medieval, sequías del año 1000 y volcanes registradas en solo 10 metros de hielo
CIENCIAS DE LA TIERRA / GEOLOGIA.
Las capas de hielo de un glaciar de los Alpes han preservado durante casi dos milenios las huellas de la minería medieval, grandes incendios y erupciones volcánicas.
Ahora, el rápido deshielo pone en peligro uno de los archivos climáticos más valiosos de Europa.
Un núcleo de apenas diez metros de hielo ha permitido reconstruir casi 2.000 años de historia atmosférica europea. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
En la cima del Weißseespitze, una montaña de los Alpes orientales situada en la frontera entre Austria e Italia, un equipo internacional de científicos ha encontrado algo extraordinario: un registro de la historia ambiental de Europa comprimido en apenas diez metros de hielo. Durante siglos, cada nevada atrapó partículas del aire —metales, polvo, cenizas y restos de humo— que quedaron selladas en el glaciar como páginas de un libro climático. Ahora, ese "libro" está desapareciendo.
Un estudio científico reciente ha analizado un núcleo de hielo extraído de este glaciar alpino y ha reconstruido casi dos mil años de historia ambiental, desde la época del Imperio romano hasta la Edad Moderna. Tal y como ha revelado el trabajo publicado en la revista Frontiers in Earth Science, el hielo conserva rastros de contaminación atmosférica, incendios forestales, actividad minera e incluso grandes erupciones volcánicas que ocurrieron a cientos o miles de kilómetros de distancia.
Pero hay un problema urgente: el glaciar se está derritiendo rápidamente, y con él podría desaparecer una de las pocas bibliotecas naturales que aún conservan información detallada sobre la atmósfera europea anterior a la Revolución Industrial.
Diez metros de hielo que conservan casi dos mil años de historia.
A diferencia de otros archivos naturales, los glaciares registran la evolución de la atmósfera capa a capa. Cada nevada deposita sobre el hielo diminutas partículas transportadas por el viento, desde polvo procedente de regiones áridas hasta cenizas volcánicas, restos de incendios forestales o metales liberados por la actividad minera. Con el paso de las décadas y los siglos, la nieve queda enterrada por nuevas precipitaciones, se compacta y acaba formando un auténtico registro cronológico del pasado.
Eso es precisamente lo que ocurre en el glaciar Weißseespitze, situado a unos 3.500 metros de altitud, en los Alpes orientales. Allí, los investigadores perforaron el hielo hasta alcanzar el lecho rocoso y recuperaron un núcleo de casi diez metros de longitud. A pesar de su tamaño relativamente reducido, esa columna de hielo almacena información sobre la composición de la atmósfera europea durante cerca de dos milenios.
Según explica el estudio, las capas más superficiales comenzaron a formarse entre los siglos XVI y XVII, mientras que las más profundas conservan hielo depositado entre finales de la República romana y los últimos siglos del Imperio romano, aproximadamente entre el 349 a. C. y el 420 d. C.
Para asignar una edad a cada una de esas capas, el equipo recurrió a una combinación de métodos de datación, entre ellos el análisis del isótopo radiactivo argón-39 y la datación por radiocarbono. Esta estrategia permitió elaborar una cronología mucho más precisa y vincular los cambios químicos registrados en el hielo con distintos episodios históricos, climáticos y ambientales ocurridos a lo largo de casi dos mil años.
La cumbre del Weißseespitze en 2023. Las zonas oscuras de la superficie evidencian un notable proceso de deshielo. Foto: Andrea Fischer
Metales medievales atrapados en el hielo.
Uno de los descubrimientos más reveladores del estudio es la presencia de picos de metales como plomo, cobre, plata o arsénico en determinados periodos históricos. Estos elementos no aparecen en concentraciones constantes, sino que muestran aumentos claros en momentos concretos.
Tal y como ha adelantado el equipo científico, esos picos coinciden con fases de intensificación de la minería y la metalurgia en Europa durante la Edad Media.
Entre los siglos X y XIV, numerosas regiones de los Alpes y del centro de Europa experimentaron una intensa explotación de minerales, especialmente plata y cobre. Las operaciones de fundición liberaban a la atmósfera partículas metálicas que podían viajar largas distancias antes de depositarse sobre la nieve de los glaciares.
El hielo de Weißseespitze conserva precisamente esas señales. Las concentraciones elevadas de arsénico detectadas en el núcleo coinciden con periodos de intensa actividad minera en regiones históricas como los Alpes italianos, el Tirol o las montañas Harz en Alemania. El glaciar, por tanto, registra indirectamente la expansión económica y tecnológica de la Europa medieval.
Pero no todas las señales registradas en el hielo proceden de la actividad humana.
El hielo también conserva el rastro de los grandes incendios medievales.
Además de metales y otros contaminantes, los investigadores identificaron en el núcleo de hielo una clara señal relacionada con antiguos incendios. La clave está en el levoglucosano, un compuesto químico que se forma durante la combustión de la madera y que puede permanecer atrapado en la nieve antes de quedar sellado en el hielo.
El análisis revela un incremento especialmente llamativo de este marcador en torno al siglo XII. Al comparar estos datos con los obtenidos en turberas próximas al glaciar, los científicos comprobaron que ambos registros mostraban un patrón muy similar: un aumento de los microcarbones durante el mismo periodo. Esta coincidencia refuerza la idea de que los Alpes experimentaron una etapa con una actividad incendiaria mucho más intensa que la habitual.
El estudio apunta a que este fenómeno estuvo favorecido por las condiciones del Periodo Cálido Medieval, una fase de clima relativamente benigno que se desarrolló, aproximadamente, entre los siglos X y XIII. En aquellos siglos se sucedieron episodios de sequía que redujeron la humedad de la vegetación y facilitaron la propagación del fuego por amplias zonas de montaña.
Sin embargo, el clima no habría sido el único responsable. Los investigadores consideran que la creciente ocupación humana de los valles alpinos también desempeñó un papel importante. La expansión de los cultivos, la apertura de nuevos pastos y la gestión forestal mediante quemas controladas incrementaron la cantidad de humo liberado a la atmósfera, una huella que terminó quedando registrada en las capas del glaciar.
Erupciones volcánicas registradas a miles de kilómetros de distancia.
El núcleo de hielo no solo conserva evidencias de la actividad humana. También guarda la firma química de algunos de los grandes episodios volcánicos ocurridos durante la Edad Media.
Los investigadores detectaron en varias capas concentraciones elevadas de sulfatos acompañadas de determinados metales, una combinación característica de los aerosoles emitidos por las grandes erupciones explosivas. Estas partículas pueden permanecer durante meses en la atmósfera y ser transportadas por las corrientes de aire a enormes distancias antes de depositarse sobre la nieve.
Tal y como recoge el estudio, algunas de estas anomalías coinciden cronológicamente con importantes erupciones registradas en otros archivos climáticos del hemisferio norte, especialmente durante el siglo XIII. La coincidencia entre diferentes registros refuerza la interpretación de que esos eventos dejaron una huella atmosférica de alcance continental.
Estos resultados ponen de manifiesto el enorme valor científico de los glaciares alpinos. Aunque su tamaño es mucho menor que el de las grandes masas de hielo de Groenlandia o la Antártida, son capaces de conservar información sobre fenómenos naturales ocurridos a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia, convirtiéndose en un auténtico archivo de la historia atmosférica de Europa.
Investigadores de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y de la Academia Austriaca de Ciencias perforan un núcleo de hielo en el glaciar Weißseespitze, en los Alpes de Ötztal, durante una campaña científica realizada en 2018. Foto: Andrea Fischer.
Una biblioteca climática que se está derritiendo.
Sin embargo, esta biblioteca natural podría desaparecer antes de que los científicos terminen de estudiarla.
Durante las campañas de investigación realizadas entre 2019 y 2024, el equipo volvió varias veces al glaciar para medir su evolución. Los resultados son preocupantes.
En apenas unos años, el espesor del hielo en el lugar de perforación se ha reducido drásticamente. Según los investigadores, se han perdido varios metros de hielo desde las primeras mediciones. Eso significa que capas enteras del archivo climático pueden haber desaparecido ya.
Los glaciares alpinos son especialmente sensibles al calentamiento global. Las proyecciones científicas indican que una parte significativa de los glaciares de los Alpes orientales podría desaparecer en las próximas décadas si las temperaturas siguen aumentando. Y cuando un glaciar se derrite, no solo se pierde hielo. También desaparece la información que contiene.
La memoria del clima de la Tierra.
Los investigadores consideran que los glaciares de montaña son archivos únicos para comprender cómo era la atmósfera antes de la industrialización.
Los registros de hielo permiten distinguir entre la contaminación natural y la generada por las actividades humanas. En el caso de Weißseespitze, por ejemplo, el estudio sugiere que las emisiones humanas solo representaban una pequeña fracción del fondo natural de aerosoles antes de la era industrial.
Comparar esos niveles históricos con los actuales ayuda a dimensionar el impacto de la actividad humana moderna en la atmósfera. Por eso, muchos científicos consideran urgente extraer y conservar núcleos de hielo de glaciares que están desapareciendo. No se trata solo de estudiar el pasado. También de entender el futuro.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante