¿Cuándo empezamos a bailar? La ciencia descubre cuándo responde el cerebro de los bebés a la música
NEUROCIENCIAS.
Un estudio explora cómo reaccionan los bebés a la música: el cerebro procesa la música desde los tres meses de edad, pero el baile solo comienza hacia el final del primer año de vida.
¿A qué edad empieza un bebé a moverse con la música? / Crédito: Seyi Ariyo en Unsplash.
La relación entre música y movimiento empieza antes de lo que parece, pero no al mismo tiempo. Una investigación internacional muestra que el cerebro infantil ya distingue la estructura musical a los tres meses, mientras que la coordinación corporal no despega hasta el final del primer año.
La escena es repetida en miles de familias: un bebé oye una canción, mueve las piernas, balancea el tronco, abre mucho los ojos y parece, por un instante, que ya está entrando en ritmo. Pero la ciencia acaba de poner precisión temporal a ese conocimiento intuitivo: según un estudio internacional liderado por la Universidad de Viena, en Austria, el cerebro empieza a procesar la música a los tres meses, aunque los movimientos complejos y con cierta estructura no aparecen hasta el final del primer año de vida.
La investigación, publicada en la revista eLife, analizó a 79 bebés de 3, 6 y 12 meses de edad mientras escuchaban canciones infantiles como "La Vaca Lola" y "Hopp Juliska", junto con versiones alteradas en las que se desordenaban el ritmo y la melodía o se modificaba la altura tonal.
Música y movimiento avanzan a distinto ritmo.
Mientras sonaba la música, los científicos registraron la actividad cerebral mediante electroencefalograma y controlaron los movimientos del cuerpo con un sistema de seguimiento por video sin marcadores. El objetivo era separar qué parte de esa reacción pertenece al oído y cuál al cuerpo, según una nota de prensa.
El resultado indica que incluso a los tres meses los bebés ya muestran una respuesta cerebral mayor ante la música estructurada que ante secuencias aleatorias de sonidos, lo cual sugiere que el procesamiento auditivo musical aparece muy pronto en el desarrollo infantil.
En cambio, la traducción de esa escucha en movimiento es mucho más lenta. En todos los grupos de edad se detectó una relación básica entre oír música y moverse, pero las pautas más complejas y organizadas solo se hicieron evidentes en los bebés de 12 meses. Aun así, ningún grupo mostró pruebas de movimientos coordinados con el pulso musical, es decir, de una sincronía propiamente dicha.
La música llega al cerebro del bebé mucho antes que el baile. / Crédito: Jessie Maxwell en Unsplash.
El cerebro distingue primero la estructura musical.
Un detalle relevante es que los sonidos más agudos estimularon más el movimiento de los bebés en todas las edades, mientras que la respuesta cerebral a la diferencia entre tonos altos y bajos solo destacó a los 6 meses. Esa combinación apunta a que el cerebro y el cuerpo no evolucionan al mismo ritmo, sino que avanzan por carriles distintos que acaban conectándose poco a poco.
La conclusión a la que arribaron los científicos es que la música no es mero ruido de fondo para los bebés. Desde muy temprano, el cerebro reconoce su estructura: más tarde, el cuerpo empieza a convertirla en acción.
Por eso, los autores del trabajo sostienen que cantar, mecerse y repetir rutinas musicales durante el primer año de vida puede ser valioso, incluso aunque el niño aún no “baile” al ritmo de la canción. La música, en esa etapa, funciona como un espacio temprano de interacción en el que percepción, atención y movimiento empiezan a entrelazarse.
Por: Pablo Javier Piacente / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21