La batalla científica contra la tuberculosis resistente

UNAM: CIENCIAS DE LA SALUD / INFECTOLOGÍA / MEDICINA INTERNA / NEUMOLOGÍA.-

Frente al aumento de bacterias que escapan del efecto de los antibióticos disponibles, investigadores exploran nuevas vías de atacar la enfermedad.

Aunque suele asociarse con enfermedades del pasado, la tuberculosis continúa siendo una de las infecciones más mortales. Según la Organización Mundial de la Salud, durante 2025 hubo alrededor de 10 millones 700 mil personas con tuberculosis activa, de las cuales aproximadamente un millón 200 mil fallecieron, debido a grupos bacterianos cada vez más resistentes a los tratamientos tradicionales.

La tuberculosis es causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis. Aunque existen antibióticos capaces de curar la enfermedad, los tratamientos son largos y complejos. En los casos más comunes, los pacientes deben tomar durante al menos seis meses una combinación de cuatro antibióticos diferentes.

Además, los medicamentos suelen provocar efectos secundarios importantes, por lo que muchos pacientes abandonan el tratamiento antes de concluirlo.

“Eso favorece la aparición de mutaciones genéticas en la bacteria que pueden generar cepas resistentes a los fármacos. Como consecuencia, la enfermedad se vuelve más difícil de curar y requiere tratamientos más prolongados y el desarrollo de nuevos medicamentos”, asegura el doctor Rogelio Enrique Hernández Pando, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.-

En los últimos años ha existido un enorme interés internacional en desarrollar nuevos antibióticos contra la tuberculosis resistente. Hasta ahora, se han incorporado tres medicamentos innovadores, un ejemplo es la Bedaquilina, que despertó gran expectativa debido a su capacidad de atacar mecanismos esenciales de supervivencia de la bacteria. Sin embargo, el investigador advierte que el microorganismo ya ha desarrollado mecanismos de resistencia.

México se encuentra entre los países con una carga importante de tuberculosis. Tan solo en 2024 se registraron más de 20 mil casos confirmados, lo que pone de manifiesto la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención, diagnóstico oportuno y seguimiento de los tratamientos para reducir la transmisión de la enfermedad.

Enfermedad en latencia.

Uno de los aspectos más relevantes de la enfermedad es que de cada 100 personas infectadas, solo alrededor del 5% desarrolla la enfermedad progresiva, es decir, presenta manifestaciones clínicas y requiere tratamiento médico.

La mayoría de las personas infectadas no se enferma, porque su sistema inmunológico logra controlar la bacteria. Sin embargo, cerca del 30% mantiene bacterias vivas en sus tejidos en un estado conocido como infección latente. En estos casos, las personas no presentan síntomas ni transmiten la enfermedad, pero existe el riesgo de que la bacteria se reactive años después, especialmente si el sistema inmunológico se debilita.

Se estima que aproximadamente una cuarta parte de la población mundial —alrededor de dos mil millones de personas— vive con infección latente por tuberculosis. De ellas, cerca del 10% desarrollará tuberculosis activa por reactivación a lo largo de su vida, informa el científico.

“Recientemente se ha detectado un número importante de pacientes que presentan lesiones en los pulmones, pero no manifiestan síntomas clínicos evidentes. A pesar de ello, tienen una infección activa y expulsan bacterias al hablar, toser o respirar, por lo que pueden contagiar a otras personas sin saberlo.” A esta condición se le conoce como tuberculosis subclínica.

“Esto representa un problema serio de salud pública, porque muchas personas no acuden al médico debido a que no tienen síntomas, pero continúan transmitiendo activamente la enfermedad”, advierte el especialista en patología.

“Desde el punto de vista médico, uno de los aspectos que más nos interesa es que la tuberculosis es una enfermedad crónica; es decir, la bacteria puede permanecer en el organismo durante largos periodos de tiempo —meses o incluso años— y evolucionar lentamente. Durante ese tiempo puede afectar de manera importante el funcionamiento del sistema inmunológico”.

Debido a estas características, en el laboratorio del doctor Rogelio Hernández utilizan la tuberculosis como modelo experimental para estudiar cómo una bacteria puede alterar el sistema inmune y desencadenar otros problemas de salud.

“Por ejemplo, recientemente hemos reportado que la tuberculosis pulmonar puede producir neuroinflamación, lo que podría generar problemas neuropsiquiátricos como depresión, ansiedad y alteraciones de la memoria”, señala el investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Además de afectar los pulmones, el padecimiento puede tener repercusiones en distintos órganos y sistemas del cuerpo, lo que la convierte en una enfermedad particularmente compleja y de gran interés para la investigación biomédica.

Desarrollo de nuevos medicamentos.

El trabajo del doctor Rogelio Enrique Hernández Pando se centra en comprender los mecanismos del sistema inmunológico que permiten eliminar la bacteria, así como aquellos que favorecen la progresión de la enfermedad. Para ello, su grupo de investigación utiliza modelos experimentales con ratones infectados por vía aérea con Mycobacterium tuberculosis. Posteriormente, estudian de manera progresiva los cambios que ocurren en los pulmones desde el punto de vista inmunológico.

“Analizamos cómo responde el sistema inmune durante las distintas etapas de la infección y cuáles mecanismos ayudan a controlar la bacteria o, por el contrario, favorecen el daño pulmonar”.

Gracias a estos estudios, los científicos han identificado mecanismos protectores, pero también procesos de daños que contribuyen al avance de la enfermedad. A partir de esta información, buscan intervenir sobre dichas respuestas inmunológicas para mejorar la eliminación de la bacteria y desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. A este enfoque se le conoce como inmunoterapia.-

En particular, los investigadores buscan combinar los antibióticos tradicionales con inmunoterapia, con el objetivo de acortar el tiempo de tratamiento o disminuir las dosis para reducir sus efectos tóxicos.

En ese contexto, una de las líneas de investigación más interesantes se centra en el estudio de productos naturales con potencial terapéutico. El grupo ha analizado compuestos provenientes de plantas y también sustancias obtenidas de arácnidos, especialmente componentes del veneno de alacrán, que podrían ayudar a modular la respuesta inmunológica y favorecer el combate contra la bacteria.

Veneno de alacrán contra la tuberculosis.

El grupo de Lourival Domingos Possani, investigador emérito del Instituto de Biotecnología de la UNAM y pionero de la biotecnología en México, identificó en el veneno de una especie de alacrán dos moléculas con actividad antibiótica. A partir de este hallazgo, los equipos de Possani y del doctor Rogelio desarrollan compuestos con propiedades antimicrobianas e inmunomoduladoras que podrían convertirse en nuevas herramientas contra la tuberculosis resistente.

Las pruebas iniciales mostraron que estas moléculas tienen una actividad contra Mycobacterium tuberculosis muy cercana a la del antibiótico más eficiente disponible actualmente. Además, en modelos animales infectados con bacterias sensibles y resistentes a antibióticos se observaron resultados prometedores.

Uno de los principales obstáculos fue la dificultad para obtener cantidades suficientes del compuesto a partir del veneno. Para resolverlo, los investigadores colaboraron con Richard Zare, de Stanford University, para desarrollar métodos de síntesis en laboratorio. Este trabajo derivó en publicaciones científicas y en el registro de una patente.

Sin embargo, las investigaciones también revelaron que la molécula presenta cierta toxicidad y es inestable. Para superar los problemas, el grupo colabora con Rafael Vázquez-Duhalt, del Instituto de Biotecnología de la UNAM, y con investigadores del Instituto de Química de la UNAM, quienes buscan estabilizar el compuesto y combinarlo con Isoniazida para crear un antibiótico híbrido más eficaz contra cepas resistentes.

Hasta ahora, todos sus estudios corresponden a la fase preclínica. El siguiente paso será evaluar estos compuestos en seres humanos mediante ensayos clínicos, una etapa compleja y costosa que requiere inversiones millonarias y la participación de la industria farmacéutica.

Aunque el camino hacia un nuevo medicamento aún es largo, estos resultados muestran que la búsqueda de alternativas terapéuticas sigue avanzando. Frente al aumento de cepas resistentes y a las limitaciones de los tratamientos actuales, la combinación de antibióticos, inmunoterapia y compuestos de origen natural podría abrir nuevas posibilidades para combatir una enfermedad que, lejos de haber desaparecido, continúa siendo una amenaza para millones de personas en todo el mundo.

“La tuberculosis sigue siendo una enfermedad vigente y extremadamente compleja. Mientras existan bacterias resistentes, será indispensable continuar desarrollando nuevos antibióticos y fortalecer las estrategias de salud pública. Para lograrlo, también es fundamental que los gobiernos apoyen la investigación científica”, concluye Hernández Pando.

Por: Consuelo Doddoli. 

Sitio Fuente: Ciencia UNAM