El enigma de la biosfera perdida de Marte

ASTRONOMÍA.-

Hubo un tiempo en que Marte no era el desierto helado y oxidado que hoy retratan los róveres de la NASA. Hace unos 4.000 millones de años, el planeta rojo era un mundo de cielos azules, surcado por ríos torrentosos y salpicado de lagos profundos.

Un gemelo de la Tierra en sus primeros días. La gran pregunta que desvela a la astrobiología moderna es inevitable: si tenía los ingredientes, ¿llegó a florecer la vida en el Marte primitivo y, de ser así, dónde está ahora?.

Foto: ESA & MPS for OSIRIS Team MPS/UPD/LAM/IAA/RSSD/INTA/UPM/DASP/IDA

Las misiones espaciales más recientes nos han puesto ante una encrucijada fascinante. La respuesta a este misterio podría balancearse entre dos escenarios dramáticos: una biosfera que se extinguió por completo tras un colapso climático global, o una que logró refugiarse en la última frontera transitable del planeta, el subsuelo.

Un pasado acuático insospechado.

Durante décadas, los científicos sospechaban que el agua marciana había sido un fenómeno efímero. Sin embargo, los datos recopilados por el róver Perseverance en el cráter Jezero y Curiosity en el cráter Gale han cambiado las reglas del juego. Hoy sabemos que los lagos marcianos persistieron durante millones de años, un tiempo lo suficientemente largo como para que la química orgánica diera el salto hacia la biología.

Marte lo tenía todo: agua líquida neutra —ideal para la vida—, una atmósfera protectora y fuentes de energía geotérmica. Si la vida surgió en la Tierra bajo condiciones similares, no hay ninguna razón física ni química para pensar que no ocurrió lo mismo en Marte. Pero ¿qué salió mal?

La paradoja climática: el fin de la vida superficial.

A diferencia de la Tierra, Marte carecía de un motor interno duradero. Al ser más pequeño, su núcleo se enfrió rápidamente, lo que provocó la muerte de su campo magnético global. Sin este "escudo protector", el viento solar despojó implacablemente al planeta de su atmósfera.

Este cataclismo climático, que ocurrió hace unos 3.700 millones de años, congeló la superficie y evaporó los océanos. Para una posible biosfera marciana, el tiempo se agotaba. Aquí es donde los científicos se dividen en dos hipótesis principales:

Hipótesis 1: El trágico final (Extinción Total).

Algunos modelos bioclimáticos sugieren que los propios microorganismos marcianos pudieron haber cavado su propia tumba. De forma similar a las primeras bacterias de la Tierra, si los microbios marcianos consumían hidrógeno y dióxido de carbono para producir metano, habrían alterado el efecto invernadero del planeta, enfriándolo de forma tan abrupta que la vida en la superficie se volvió insostenible, desencadenando una extinción masiva de la que el planeta nunca se recuperó.

Hipótesis 2: El gran éxodo subterráneo.

La vida es testaruda. Ante la pérdida de la atmósfera y el aumento de la radiación ultravioleta en la superficie, la biosfera marciana pudo haber migrado hacia abajo.

El subsuelo de Marte ofrece protección contra la radiación y, lo más importante, conserva calor geotérmico. A varios kilómetros de profundidad, la presión y la temperatura son lo suficientemente elevadas como para mantener grandes acuíferos de agua líquida. En la Tierra, la llamada "biosfera profunda" alberga una cantidad masiva de biomasa que vive a oscuras, alimentándose de la energía química de las rocas. En Marte, este podría ser el último reducto de una vida que se niega a morir.

¿Fósiles en las rocas o microbios bajo la arena?

La carrera espacial actual está diseñada para resolver este dilema. Por un lado, la estrategia de "retorno de muestras" (Mars Sample Return) busca traer a la Tierra los sedimentos fluviales que Perseverance está recolectando. En esos granos de arcilla congelada podríamos encontrar biofirmas, es decir, fósiles químicos de los antiguos habitantes de los lagos marcianos.

Por otro lado, los radares de las sondas orbitales buscan con insistencia depósitos de agua líquida bajo los polos y las llanuras volcánicas. Si los futuros astronautas logran perforar el suelo marciano a gran profundidad, el gran descubrimiento del siglo XXI podría no ser un fósil mineral, sino microbios alienígenas vivos, prosperando en la densa y tibia oscuridad del subsuelo.

Marte no está necesariamente muerto; puede que, simplemente, lleve miles de millones de años durmiendo donde nadie puede verlo.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings