Paisajes de cuidado deben beneficiar a más de un grupo, plantea Michelle Meza Paredes
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- Dijo que el género y las condiciones socioeconómicas determinan drásticamente quién sostiene y quién recibe atención.
Existen paisajes hostiles, inseguros, entornos diseñados sin perspectiva de género, de cuidados o sustentabilidad que priorizan el capital y el tráfico vehicular por encima de las personas, aseguró la profesora de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Michelle Meza Paredes.
También hay poblaciones sin planificación que han crecido de forma espontánea, carentes de centros de salud o sitios de recreación y con vulnerabilidad mayor para mujeres y niñas, explicó durante el seminario Cuidados para la vida digna y el bien común, del Centro de Ciencias de la Complejidad de la Universidad Nacional.
Esos paisajes son aquellos con inaccesibilidad y exclusión, banquetas estrechas o rotas, falta de rampas, transporte público deficiente, o que dificultan la movilidad de cuidadoras y cuidadores, infancias, personas adultas mayores o con discapacidad.
A decir de la especialista, habitar la ciudad depende del cuerpo, la edad, las capacidades y la responsabilidad que portamos. El género y las condiciones socioeconómicas determinan drásticamente quién sostiene y quién recibe atención: las mujeres, especialmente aquellas en situación de pobreza o precariedad, asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerados y físicamente desgastantes..jpg)
Al abordar el tema Paisajes que cuidan: territorio, vida e interdependencia consideró que hay quienes son más beneficiados y otra población se ve desfavorecida, excluida, discriminada, incluso violentada, por ejemplo las infancias ya que el mundo que habitamos normalmente está diseñado para adultos.
De acuerdo con Michelle Meza, no pensamos en cómo habitan las y los niños, ni en la conveniencia de planear cómo queremos que sean los lugares que vamos a habitar cuando lleguemos a la vejez, por ejemplo.
En ese contexto, el sistema urbano tiene cuerpos, edades, capacidades, horarios y grados de vulnerabilidad; opera como uno complejo que debe ser adaptado a la realidad actual. De ese modo, un verdadero paisaje de cuidados debe reconocer, articular y dar respuesta a esa diversidad, sin asumir la neutralidad del entorno, recalcó.
Cuidar, puntualizó, significa sostener, reparar y dignificar la vida reconociendo nuestra interdependencia social y ecodependencia con la naturaleza, asumir como práctica cotidiana y política el trabajo, el tiempo y la responsabilidad necesarios para garantizar el bienestar integral de los seres humanos, proteger los ecosistemas y diseñar territorios seguros donde todas y todos pueden existir con dignidad.
Hay iniciativas institucionales para sentirse más seguro cuando nos transportamos, tener un espacio donde sentarnos al cansarnos, o iluminación que nos haga sentir seguridad mientras nos trasladamos en la noche.
Aquí entra el tema de la planificación que incluye al paisaje como base y surgen otras aproximaciones como las soluciones basadas en la naturaleza, que a su vez consideran la valoración de servicios ecosistémicos, infraestructura verde o la ingeniería ecológica.
Un área verde con una parte dedicada a los juegos, otra a un huerto, etcétera, es un rubro que debemos pensar para los paisajes de cuidado, es decir, espacios multifuncionales donde más de un grupo sea beneficiado, subrayó Michelle Meza Paredes.
Además, la naturaleza debe “trabajar”, por ejemplo para capturar agua o limpiar el aire; es posible sustituir o complementar la infraestructura “gris” con soluciones basadas en la naturaleza, y así, en lugar de “pelear” con una inundación, gestionarla, sugirió.
Sitio Fuente: Boletín UNAM-DGCS-513