Científicos descubren en China un fósil de 295 millones de años con una estructura inesperada: podría ser la más antigua conocida de una planta con flores
CIENCIAS DE LA VIDA.
Un fósil de más de 295 millones de años hallado en China conserva tres estructuras con posibles óvulos o semillas encerrados que sus descubridores interpretan como carpelos de una antigua angiosperma.
Un fósil del Pérmico podría revelar la estructura de una planta con flores más antigua conocida hasta ahora. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Las plantas con flores dominan buena parte de los paisajes actuales, desde bosques y praderas hasta cultivos y jardines. Sin embargo, su aparición sigue escondiendo uno de los grandes enigmas de la evolución. ¿Cuándo surgieron realmente las angiospermas? Durante décadas, el registro fósil más convincente parecía situar su gran irrupción en el Cretácico. Ahora, un diminuto fósil encontrado en el norte de China vuelve a llevar esa discusión mucho más atrás en el tiempo.
El ejemplar procede de la Formación Shanxi, en la provincia china del mismo nombre, y ha sido bautizado como Permocarpelloides shuozhouensis. Su antigüedad resulta extraordinaria, dado que la formación geológica en la que apareció ha sido fechada entre aproximadamente 295 y 298,9 millones de años. Estamos, por tanto, en el Pérmico temprano, muchísimo antes de la época en la que tradicionalmente se sitúa la expansión de las plantas con flores.
El equipo encabezado por Xin Wang sostiene en Plant Biosystems que las estructuras preservadas pueden interpretarse como carpelos o frutos que encerraban óvulos o semillas. Si esa interpretación se confirma, las consecuencias serían importantes: situaría una característica esencial asociada a las angiospermas unos 295 millones de años atrás.
La propuesta es atrevida y los propios investigadores saben que están entrando en uno de los debates más difíciles de la paleobotánica. No se trata simplemente de encontrar una planta antigua con un aspecto curioso. La cuestión fundamental es demostrar qué eran realmente las pequeñas estructuras conservadas dentro del fósil.
Tres pequeñas estructuras que plantean una enorme pregunta.
Permocarpelloides no impresiona por su tamaño. El fósil conserva tres estructuras alargadas colocadas aproximadamente en paralelo. Cada una mide parcialmente entre 4,2 y 4,8 milímetros de longitud y alrededor de 1,2-1,3 milímetros de anchura. En su interior aparecen varios cuerpos redondeados de tamaños diferentes.
Los autores interpretan esos cuerpos como óvulos o semillas en distintas fases de desarrollo. Los mayores alcanzan entre 1,15 y 1,4 milímetros de diámetro, mientras que los pequeños se sitúan entre 0,36 y 0,57 milímetros. Algunos de los ejemplares de mayor tamaño presentan, además, una ornamentación exterior que los investigadores comparan con una cubierta seminal.
Para mirar más allá de la superficie, el equipo examinó la pieza mediante microtomografía computarizada. El fósil fue escaneado obteniendo 2.000 proyecciones con una resolución de 26,22 micrómetros, que permitieron reconstruir tridimensionalmente su interior. Las imágenes de micro-CT muestran esos cuerpos aparentemente encerrados dentro de las tres estructuras.
Ahí está precisamente la clave del trabajo. Una de las características fundamentales de las angiospermas es que sus óvulos quedan encerrados dentro de una estructura reproductora. A diferencia de ellas, las gimnospermas —el grupo al que pertenecen, por ejemplo, las coníferas— reciben su nombre precisamente de la condición de sus semillas u óvulos no encerrados de la misma manera.
Permocarpelloides shuozhouensis. Las imágenes a y b muestran las dos caras enfrentadas del holotipo, mientras que la imagen c permite observar con mayor detalle los numerosos óvulos o semillas, de distintos tamaños, conservados en el interior de uno de los frutos. Foto: Plant Biosystems (2026)
"La presencia de óvulos encerrados en Permocarpelloides sugiere que estamos ante el fruto de una angiosperma".
Por qué este fósil podría ser tan importante.
Hay otro detalle que llamó especialmente la atención de los investigadores. Las tres estructuras aparecen juntas, orientadas en la misma dirección y claramente separadas unas de otras. El equipo propone que podrían haber formado parte de un único gineceo apocárpico, es decir, un aparato reproductor femenino compuesto por carpelos libres.
La comparación resulta relevante porque los gineceos de carpelos separados aparecen en algunas angiospermas actuales, entre ellas representantes de grupos como Magnoliales. Precisamente la ausencia de estructuras semejantes había sido uno de los problemas planteados frente a anteriores fósiles pérmicos propuestos por estos investigadores como posibles angiospermas.
El nuevo ejemplar, según los autores, encajaría mejor con esa expectativa. De ahí el nombre Permocarpelloides: combina su procedencia pérmica con su parecido parcial con un carpelo.
Pero existe una diferencia enorme entre afirmar que algo se parece a un carpelo y demostrar que estamos ante una angiosperma de casi 300 millones de años. El propio artículo dedica buena parte de su discusión a considerar otras posibilidades, entre ellas las coníferas, Caytonia y los llamados helechos con semilla.
Los investigadores argumentan que ninguna de esas alternativas conocidas reproduce adecuadamente la combinación observada en Permocarpelloides. Aun así, introducen una cautela importante: admiten que, incluso si futuras investigaciones acabaran situándolo dentro de un grupo desconocido de gimnospermas, el fósil continuaría siendo evolutivamente extraordinario por la aparente presencia de estructuras reproductoras encerradas.
Un salto de más de 100 millones de años.
La controversia se entiende mejor al mirar el calendario geológico. El Cretácico comenzó hace unos 145 millones de años. Permocarpelloides, en cambio, procede de rocas de más de 295 millones. Entre ambos momentos existe un abismo temporal.
El fósil apareció en una limolita gris situada sobre la capa de carbón número 4 de la Formación Shanxi, en la mina a cielo abierto de Antaibao, cerca de Shuozhou. La flora de esta formación pertenece a un mundo radicalmente diferente al actual, mucho anterior incluso a los dinosaurios.
No es el primer fósil con el que Wang y sus colaboradores cuestionan una aparición cretácica de las angiospermas. El artículo menciona otros tres taxones del Pérmico temprano —Taiyuanostachya, Yuzhoua y Dengfengfructus— que el equipo también ha interpretado como posibles plantas con flores. Lo llamativo para los investigadores es que sus órganos reproductores presentan morfologías diferentes entre sí.
Si todas esas identificaciones terminaran resistiendo el escrutinio científico, la consecuencia sería todavía más sorprendente que la existencia de una única angiosperma pérmica. Implicaría que hace unos 295 millones de años ya existía cierta diversidad morfológica y, por tanto, que el origen del grupo tendría que remontarse todavía más atrás.
Afloramiento de la Formación Shanxi, en Shuozhou (China), donde fue descubierto el fósil de Permocarpelloides. Foto: Plant Biosystems (2026)
"La edad pérmica de este fósil sitúa la historia de las angiospermas en torno a los 295 millones de años".
Un fósil capaz de reabrir una vieja discusión.
El nuevo trabajo no convierte automáticamente a Permocarpelloides en la respuesta definitiva al origen de las flores. La identificación de supuestas angiospermas anteriores al Cretácico lleva décadas generando discusión precisamente porque las estructuras reproductoras son esenciales para establecer afinidades y los fósiles incompletos permiten interpretaciones alternativas.
Lo que sí proporciona el ejemplar chino es una anatomía concreta que puede ser examinada y discutida: tres órganos paralelos, varios cuerpos de diferente tamaño aparentemente encerrados en ellos y reconstrucciones mediante micro-CT que permiten observar su disposición interna.
Los autores llevan su interpretación hasta una conclusión ambiciosa. Consideran que Permocarpelloides presenta semillas y óvulos encerrados y que, junto con otros fósiles propuestos anteriormente, respalda la existencia y diversificación de angiospermas durante el Pérmico temprano. También relacionan este escenario con estimaciones de relojes moleculares y estudios sobre insectos fósiles que apuntan hacia una historia precretácica de las plantas con flores.
Por ahora, una pieza de apenas unos milímetros acaba colocando sobre la mesa una pregunta de dimensiones mucho mayores. Si la interpretación de Permocarpelloides es correcta, la historia temprana de las plantas con flores podría ser más de cien millones de años más profunda de lo que su registro fósil clásico hacía pensar.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante