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La neurociencia detrás de la muerte psicogénica y la apatía del superviviente

NEUROCIENCIAS / PSICOLOGÍA.-

¿Es posible que una persona, sin sufrir traumatismos orgánicos ni lesiones físicas letales, se rinda voluntariamente y muera en cuestión de días? La respuesta médica es un rotundo sí.

En el ámbito de la neuropsiquiatría y la medicina forense, este fenómeno se conoce formalmente como muerte psicogénica o inactividad psicogénica, aunque en divulgación científica y literatura de rescate suele denominarse síndrome de la apatía del superviviente.

Durante décadas, este comportamiento se observó en campos de concentración, náufragos, prisioneros de guerra o víctimas de catástrofes naturales. No obstante, las investigaciones del Dr. John Leach, investigador senior en la Universidad de Portsmouth y referente mundial en psicología de la supervivencia, han permitido mapear la progresión neurobiológica que explica cómo la mente puede apagar el cuerpo hasta provocar la muerte biológica.

¿Qué es la inactividad psicogénica?

La inactividad psicogénica es un estado patológico en el que un individuo experimenta una pérdida absoluta de la motivación y la voluntad de vivir (give-up-itis en la literatura anglosajona) como respuesta a un trauma psicológico severo, un estrés prolongado o la percepción inequívoca de inevitabilidad de la muerte.

A diferencia de la depresión grave o la ideación suicida, en la muerte psicogénica no existe un acto activo de autolesión. La persona simplemente se desconecta del entorno, deja de responder a los estímulos y entra en una espiral donde las funciones vegetativas y fisiológicas del organismo decaen gradualmente hasta el colapso circulatorio o la parada cardíaca.

La química del apagón: ¿Qué ocurre en el cerebro?.

El mecanismo fisiológico subyacente reside en una disfunción del circuito dopaminérgico del cerebro, específicamente en el circuito frontal-estriado, encargados de planificar la acción, la motivación y la orientación hacia un objetivo.

- Desequilibrio dopaminérgico: Frente a un trauma inasumible y una sensación de desamparo aprendido (learned helplessness), el sistema nervioso reduce drásticamente los niveles de dopamina en el núcleo accumbens y la corteza prefrontal.

- Cascada de cortisol: La hiperactivación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal libera dosis masivas de cortisol y hormonas del estrés, induciendo un cansancio extremo y alterando el equilibrio autonómico.

- Apatía severa y analgesia endógena: El cerebro libera opiáceos endógenos como mecanismo de defensa para adormecer el dolor emocional. Sin embargo, esto también bloquea cualquier impulso de supervivencia elemental, como alimentarse, beber agua o resguardarse del frío.

Las 5 fases de la muerte psicogénica.

Investigaciones del Dr. Leach identifican que la progresión hacia la muerte psicogénica sigue un patrón predecible compuesto por cinco etapas:

- Aislamiento social: Comienza como una marcada pasividad y una retirada emocional del entorno. La persona se vuelve indiferente, lista para evitar cualquier esfuerzo mental o físico.
- Apatía: Se instala una melancolía profunda acompañada de desgana. El individuo deja de cuidar de sí mismo o de intentar mejorar su situación, mostrando una inercia permanente.
 -Abulia: Desaparece la capacidad de tomar decisiones o realizar acciones iniciadas por uno mismo. La persona deja de hablar, de asearse e incluso de masticar o tragar comida si no se le obliga activamente.
- Acinesia psíquica: Se produce una pérdida total de respuesta al dolor. El individuo no reacciona ante quemaduras, frío extremo o estímulos nocivos físicos. Permanece acostado e inmóvil sobre sus propios excrementos sin mostrar molestia.
- Muerte psicogénica: La fase final. Si no se interviene, el pulso decae significativamente, los órganos vitales reducen su actividad y sobreviene el fallecimiento, habitualmente en un periodo de tres a cinco días tras alcanzar la acinesia.

¿Se puede revertir este estado?

La inactividad psicogénica no es irreversible en sus primeras etapas. A diferencia de las enfermedades degenerativas, este cuadro no se debe a un daño estructural permanente en el cerebro, sino a un "bloqueo funcional" de los circuitos motivacionales.

La clave para salvar a una persona atrapada en esta espiral es la intervención externa activa:

- Restablecer el sentido de control: Reintroducir elecciones extremadamente pequeñas (decidir si beber un sorbo de agua o cambiar de postura) para activar de nuevo el circuito de recompensa.
- Actividad física guiada: Obligar al cuerpo a moverse de forma asistida rompe el patrón de inmovilidad física y favorece la liberación de neurotransmisores.
- Soporte afectivo e incentivo externo: Un choque emocional positivo o la presencia firme de otra persona que asuma temporalmente la toma de decisiones puede desacoplar el circuito del estrés y reactivar el impulso biológico de supervivencia.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings