¿Casarse después de los 50 es bueno para tu felicidad?
PSICOLOGÍA.
Un estudio internacional revela qué decisión impulsa realmente la felicidad en la madurez.
Hay quien sostiene que las mariposas en el estómago pertenecen exclusivamente a la juventud, como si el amor tuviera fecha de caducidad. Sin embargo, la ciencia vuelve a desmentir esa idea románticamente pesimista. En la segunda mitad de la vida, cuando las cicatrices emocionales ya forman parte del equipaje, una nueva relación puede convertirse en un auténtico renacer.
Un reciente estudio liderado por la psicóloga Iris V. Wahring, de la Universidad de Viena, arroja luz sobre una pregunta que muchos se hacen al iniciar una relación en la madurez: ¿es el matrimonio el verdadero catalizador de la felicidad o basta con compartir techo? Los resultados, publicados en la revista International Journal of Behavioral Development, ofrecen respuestas que desafían viejas creencias.
Durante años, la investigación sobre el envejecimiento se ha centrado principalmente en las pérdidas: la muerte de la pareja, el divorcio o la soledad. Sin embargo, el equipo internacional compuesto por especialistas de la Universidad Humboldt de Berlín, la Universidad de Columbia Británica y la Universidad de Stanford decidió enfocar el análisis desde otro ángulo: los llamados “eventos de ganancia”, es decir, la irrupción de un nuevo amor en la vida después de los 50.
Para ello, examinaron datos longitudinales de 2.840 participantes, con edades comprendidas entre los 50 y los 95 años, procedentes del reconocido US Health and Retirement Study. El objetivo era observar cómo variaban los síntomas depresivos y la satisfacción vital cuando estas personas comenzaban a convivir con una nueva pareja o formalizaban su relación mediante el matrimonio.
Los resultados fueron claros y, en cierto modo, sorprendentes. El verdadero punto de inflexión no es el anillo, sino la convivencia. Aquellos que empezaban a vivir con su nueva pareja experimentaban un incremento significativo en su satisfacción con la vida. Este efecto positivo aparecía independientemente de si decidían casarse al mismo tiempo o no.
Lo inesperado llegó al analizar a las parejas que ya compartían hogar y optaban por casarse más adelante. En estos casos, el famoso “sí, quiero” no generaba un aumento adicional del bienestar. Según Wahring, el beneficio emocional ya se había consolidado con el hecho de compartir la cotidianeidad: la mesa, la cama, los silencios y los proyectos comunes.
En otras palabras, el matrimonio no añade, de media, un plus de felicidad cuando la intimidad y el compromiso práctico ya están presentes. El llamado “bonus matrimonial”, tan documentado en décadas pasadas, parece haberse diluido en sociedades donde la convivencia sin boda ha dejado de estar estigmatizada.
El caso de las rupturas.
Otro hallazgo interesante emerge al analizar las rupturas. Lejos de provocar un desplome notable en el bienestar, las separaciones en esta franja de edad no se asociaron con una caída significativa en la satisfacción vital. Este dato sugiere que los adultos mayores podrían contar con una resiliencia emocional más sólida o con redes sociales capaces de amortiguar el impacto del cambio.
Tampoco se observaron diferencias relevantes entre hombres y mujeres. Aunque ellos declararon recibir menos apoyo emocional de su entorno, el efecto positivo de iniciar una convivencia fue prácticamente idéntico en ambos sexos y constante en todos los grupos de edad analizados.
Conviene subrayar, no obstante, que se trata de promedios estadísticos. Cada historia sentimental es un universo propio, moldeado por biografías, expectativas y circunstancias particulares. Lo que para unos es un bálsamo, para otros puede ser un desafío.
Contexto cultural.
El contexto cultural también desempeña un papel crucial. Aunque el estudio se centra en Norteamérica, los autores señalan que los patrones sociales en Estados Unidos y Austria han evolucionado de forma paralela.
En el pasado, el matrimonio otorgaba un reconocimiento social y estabilidad que se traducían en un claro beneficio psicológico. Hoy, en muchas sociedades occidentales, la convivencia sin matrimonio está ampliamente aceptada, lo que podría explicar la desaparición de ese “plus” legal. En entornos donde persiste un fuerte estigma hacia las parejas no casadas, ese efecto podría seguir vigente.
Así, la investigación no solo desmonta mitos, sino que también redefine el significado del compromiso en la madurez. Más allá de los ritos y los documentos oficiales, lo que verdaderamente eleva la satisfacción vital parece ser la experiencia compartida, la construcción cotidiana de un nosotros.
Porque el amor, lejos de agotarse con los años, se transforma. Y en esa transformación (serena, consciente y libre de imposiciones) puede residir una de las formas más profundas de felicidad.
Por: Sergio Parra. Periodista científico.
Sitio Fuente: Muyinteresante