Incels: del antifeminismo digital a los actos de violencia extrema
CIBERSEGURIDAD.
No solo las mujeres, toda la sociedad resulta afectada por el odio que promueve el submundo conocido como Manosfera.
Existen foros virtuales que difunden discursos de odio hacia las mujeres, que reafirman un tipo de masculinidad, supuestamente amenazada por el feminismo. Algunos promueven la realización de actos de violencia física, sexual o extrema. A este submundo en línea se le conoce como Manosfera.
En 2018, Alek Minassian atropelló a varias personas en Toronto, Canadá. Diez personas murieron y 15 resultaron heridas, cuando se investigó el por qué, en el foco apareció la "Rebelión Incel" (célibes involuntarios), debido a que el agresor había declarado en redes sociales su intención de atacar a "Chads" (hombres sexualmente activos) y "Stacys" (mujeres atractivas), términos usados en esta subcultura.
En México, el 22 de septiembre de 2025 se hicieron públicas las estremecedoras imágenes de Lex Ashton, el joven de 19 años que atacó con un arma blanca a un adolescente de 16 años, mientras estaba en compañía de su novia en el interior del CCH Sur, una escuela de bachillerato en Ciudad de México. El agresor fue detenido por la policía. El ataque reveló el alcance en nuestro país de la violencia relacionada con seguidores de la subcultura misógina.
Meses antes, el tema había trascendido en los medios de comunicación a raíz de la serie Adolescencia, transmitida a través de un servicio de streaming. La producción británica colocó en el debate público la complejidad de esta problemática social.
En Reino Unido, los profesores están denunciando a estudiantes por comportamientos influenciados por la cultura incel en el programa antiterrorista “Prevent”, mismo que busca prevenir la violencia extremista, a través de alianzas comunitarias que fortalecen la detección temprana.
En marzo de 2026, otro ataque sorprendió en México. Dos profesoras fueron asesinadas en el estado de Michoacán por uno de sus alumnos, tras difundir mensajes misóginos en redes sociales y contenido incel en la manosfera.
Aunque la violencia es un fenómeno multifactorial, en todos los casos mencionados coincide que los atacantes compartían contenido misógino; por lo que destaca la importancia de no minimizar los discursos de odio que circulan en las redes socio digitales y que atraen a miles de hombres jóvenes. El foco de atención está en entender el origen de este odio.
¿Antifeminismo?
Investigadores del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la UNAM realizaron una investigación en el marco de los Programas Nacionales Estratégicos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (PRONACES-CONACYT), del que, en el año 2023, derivó el documento: Antifeminismo digital. Un análisis de la manósfera mexicana en Facebook.
“Diversas autoras, desde el feminismo, han señalado que en los espacios digitales se reproducen las mismas dinámicas de desigualdad, acoso y violencia contra las mujeres que tienen lugar en los espacios públicos no digitales”, se lee en el escrito.
En dicho documento analizan diversos casos que ocurren principalmente en Europa y Estados Unidos de Norteamérica, en los que la violencia sale del espacio digital a la materialización, justamente con ataques violentos, tiroteos o asesinatos. Situación que no había ocurrido o se tenía documentada en México.

No solo afecta a las mujeres.
El origen del término incel fue acuñado por una mujer canadiense en 1997 que creó en un foro de internet, el Proyecto de “Célibe Involuntario”, como un grupo de apoyo para crear comunidad entre personas que quisieran compartir sus experiencias.
Con el paso del tiempo, las comunidades virtuales se integraron, en su mayoría, por varones que culpan abiertamente a las mujeres de su celibato, pero también de su fracaso afectivo, con generalizaciones como: “sólo están interesadas en el dinero”; “sólo se fijan en hombres atractivos físicamente”; “son promiscuas y manipuladoras”.
El pasado 16 de octubre (2025), la Facultad de Medicina de la UNAM transmitió la mesa de diálogo “Fenómeno incel: La UNAM ante nuevos retos en salud psicosocial” en el que varios expertos en psiquiatría, psicología y estudios de género abordaron la naturaleza de este fenómeno:
“La frustración de los incels deriva de la dificultad para establecer relaciones erótico-afectivas satisfactorias, principalmente de hombres jóvenes con mujeres”, explicó René López, responsable de investigación de GENDES, género y desarrollo A.C., organización especializada en el trabajo con hombres que promueve y fortalece relaciones igualitarias. Aseguró que el peligro es que dicho fracaso sea captado por discursos radicales difundidos en redes sociales.
Los casos suelen pasar desapercibidos como amenaza, a pesar de que en momentos previos los atacantes habían publicado en sus redes sociales mensajes de odio y de justificación de la violencia.
(…) Me duele saber que los chads pueden disfrutar de las foids y yo no, yo ya lo he perdido todo, no tengo trabajo ni familia ni amigos, no tengo motivos para seguir con vida, pero saben qué, no pienso irme solo (…). Extracto de una publicación de Lex Ashton.
“En casos extremos, estas ideologías se entrecruzan con otras formas de radicalización, como el racismo, la homofobia y el autoritarismo. La misoginia online se convierte rápidamente en misoginia fuera de línea. (…) Las narrativas de la manosfera ya no se limitan a nichos de internet. Están influyendo en la forma de pensar, de votar y de tratar a los demás”, advierte la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Efectos sociales de las violencias.
Después de la tragedia en el CCH Sur, comunidades incel en redes sociales convocaron a ejecutar actos parecidos en otros planteles y también publicaron mensajes de apoyo al agresor. Algunas amenazas llegaron directamente a las escuelas, por lo que algunos planteles de bachillerato y licenciatura optaron por cerrar, irse a paro o continuar actividades en línea.
Más allá de las víctimas directas, los rumores de que pase algo así en la escuela o en los entornos de los jóvenes, llevan a que las amenazas generen temores colectivos de manifestaciones extremistas.
“El trauma colectivo, se distingue del individual en que el origen de la violencia es sociopolítico, una memoria que se hereda a través de prácticas culturales, discursos institucionales, omisiones en la historia oficial contada, impunidad y privilegios en la esfera pública”, explica la doctora Rosaura Martínez Ruiz, académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Los estudios sobre trauma colectivo se han concentrado históricamente en acontecimientos dolorosos y violentos donde el responsable es el tejido sociopolítico o directamente el Estado o sus instituciones.

La investigadora considera que la sociedad tiene la responsabilidad de asumir un trabajo de reelaboración, cuidado y construcción de la historia justa.
“La tarea no es solo administrativa o policial, sino fundamentalmente de reflexión y desactivación de las causas de la violencia. Dado que el trauma, individual y colectivo, no se subvierte en soledad, socialmente deben proveerse espacios de apoyo necesarios para la reelaboración del dolor”, advierte la doctora Martínez Ruiz, especialista en trauma, quien sugiere lo siguiente:
- Mecanismos para la reelaboración colectiva
- Escucha colectiva
- Memoria nominal: la memoria debe ir más allá de la cifra fría
- Cuidado de víctimas y sobrevivientes
- Diseño de estrategias de desactivación: encauzar la agresión, asegurar que las frustraciones, tristezas y agresiones de la colectividad tengan otras vías de expresión que no sean el acto violento o la autodestrucción.
El objetivo de estos mecanismos es dignificar, sanar y construir un futuro donde la violencia no se repita.
La investigadora usa la corriente psicoanalítica clínica como un laboratorio para explorar el trauma, en el que demuestra el por qué la escucha (como en psicoterapia) logra reelaborar el trauma individual o colectivo.
Considera que la única forma de alterar los efectos del trauma es a través de una tarea comunitaria, ya que no es lo mismo si se trabaja en soledad o en lo singular. Por ejemplo, a través de círculos de escucha o foros de discusión; expresarse de modo artístico como la pintura o la música; o elaborar proyectos creativos como la escritura, que también puede servir como memoria histórica.
“El psicoanálisis advierte que el trauma no desaparece ni se borra. De hecho, sino no se resignifica colectivamente, se convierte en un ´destino de repetición´, abre una vía por la que la violencia vuelve a pasar”. Así es como las heridas no trabajadas o las emociones no canalizadas, pueden ser el camino a otras violencias.
Desactivación del mandato patriarcal.
Los grupos misóginos suelen estar integrados por hombres obsesionados con los mandatos patriarcales. La doctora Rosaura Martínez considera necesario promover la reflexión de los mandatos patriarcales impuestos por la sociedad como una tarea urgente y fundamental, pues de no resolverse, la violencia puede repetirse.
“Es de reconocer que los mandatos patriarcales y el machismo no solo han sido violentos contra las mujeres, también provocan violencia entre los mismos hombres e incluso violencias autodestructivas. Sugiere que el trabajo de los hombres es principalmente de deconstrucción y desactivación de esas creencias y conductas.
También invita a cuestionar la conquista masculina. “Existen mandatos que les dicen que, si no son los grandes conquistadores de mujeres, merecen morir, o que las personas que los rechazan también merecen morir. Es importante aprender a soportar el rechazo.
En las investigaciones, es crucial abordar cómo estos mandatos influyen sobre la psique masculina y su interacción con los demás”.
Históricamente, mientras más mujeres están realizando este tipo de trabajo a través de movimientos como las diferentes olas del feminismo, los hombres, en contraste, "se han quedado mirando" o "intentando adaptarse a algunos cambios", son pocos los que cuestionan los valores del patriarcado.
Invita a una tarea colectiva para todas las personas: Hacer una reflexión sobre las estructuras, el papel que cada quien tiene en las distintas formas de relacionarnos y nuestra responsabilidad comunitaria con lo que ocurre en el tejido social que sigue violentando a los más vulnerables.
La especialista sugiere la respuesta integral como sociedad, más allá del miedo colectivo, y reforzar la seguridad en las escuelas, además de garantizar:
- Atención a la salud mental
- Espacios donde se escuche a las víctimas
- Apoyo para deconstruir y reconstruir identidades no violentas
Por: Liliana Morán Rodríguez.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM