19S. Autocuidado individual y comunitario: las raíces de la Protección Civil en México

PROTOCOLOS DE ACTUACIÓN, DURANTE UN SISMO.-

¿Ya tienes un plan familiar en caso de sismos?

Cada septiembre la sociedad mexicana activa la memoria colectiva del miedo a los sismos, en gran parte por la coincidencia histórica de los terremotos que causaron muchos daños y pérdidas humanas que ocurrieron justamente en este mes, en los años 1985 y 2017 en el centro del país.

Sin embargo, no se puede reducir la protección civil y la gestión de riesgos a un tema de calendario o únicamente de sismos. La misma historia de cómo la sociedad y el Estado mexicano pasaron de la improvisación asistencial a la estructuración de políticas públicas nos da una mejor perspectiva.

Julio Alejandro Velázquez Rodríguez, jefe del Departamento de Atención de Emergencias y coordinador de la Unidad Canina de Rescate y Detección de la Dirección General de Análisis, Protección y Seguridad Universitaria (DGAPSU) UNAM nos explica sobre protección civil y cómo surgió su estructura institucional en nuestro país.

“Aunque México se adhirió tempranamente a convenios internacionales como los de Ginebra (año de 1949), la protección civil como protocolo de gobierno carecía de una acción preventiva concreta. Tres eventos de gran magnitud marcaron un punto de inflexión en la historia contemporánea del país: la erupción del volcán Chichonal en 1982; la explosión de las esferas de gas en San Juan Ixhuatepec (San Juanico) en 1984; y los devastadores terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México”.

El especialista asegura que este último evento expuso las limitaciones de la respuesta gubernamental de la época, pero reveló la inmensa capacidad de organización de la sociedad civil. 

Como respuesta institucional a esta crisis, se decretó en mayo de 1986 la creación del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), formalizándose un esquema de coordinación entre el sector público, el sector privado y la academia.

En este proceso, instituciones de educación superior como la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) asumieron un papel científico y académico. Posteriormente se creó el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) en 1990, mismo que incorpora la investigación técnica; el monitoreo volcánico y sísmico; y la cultura de la prevención como ejes rectores.

A lo largo de los años, se ha evolucionado de la atención de desastres (socorrer y rescatar) hacia la Gestión Integral de Riesgos (GIR), cuyo objetivo primordial es identificar peligros, reducir vulnerabilidades e impulsar la resiliencia comunitaria.

Prevención como hábito cotidiano.

Los fenómenos geológicos no tienen una fecha de calendario y la intensidad de los daños que pueden causar es incierta, pero eso no debe traducirse en pánico o apatía.

“La lección más importante que nos dejan décadas de evolución en la protección civil es que la acción más determinante para salvar una vida durante un sismo es la preparación previa”: Julio Velázquez, especialista en atención a emergencias.

El técnico Velázquez recomienda a las personas que aprendan a diagnosticar los riesgos de sus viviendas, conversar en familia sobre las decisiones que se tomaran ante una emergencia, organizarse con vecinos y respetar las normas estructurales de edificación. 

“La protección civil es, ante todo, una actividad transversal de autoprotección comunitaria e individual: Es la actividad que nos involucra a los habitantes de una ciudad, de un país y que nos obliga a autoprotegernos. Si nos quedamos únicamente esperando a que la autoridad o alguien en un puesto administrativo nos salve, no es efectivo; nos tenemos que autoayudar."

Considera que la autoprotección implica asumir una actitud preventiva constante, sin caer en la paranoia o vivir con miedo, pero sí con conocimiento y capacidad para actuar.

Por ejemplo, en los lugares públicos suelen existir protocolos y señalizaciones, pero qué hacemos en espacios cotidianos como el hogar, durante traslados en transporte público o cuando acudimos a eventos de festividades y masivos. La responsabilidad de evaluar los riesgos inmediatos recae en cada persona, al identificar las zonas de evacuación, dónde hay extintores, alejarnos de sustancias inflamables, cornisas o zonas de riesgo.

“Pocas veces se aborda el papel tan importante en la gestión de riesgos que juegan la condición física y el cuidado de la salud cotidiana. Una buena preparación física, nutricional y emocional mejora significativamente la capacidad de reacción y desplazamiento ágil en escenarios de evacuación o colapso”.

Autoprotección y preparación ante sismos.

Para mitigar el impacto de un desastre se requiere anticipación, planear la reducción de riesgos dentro de nuestro entorno vital. No esperar a que una autoridad nos lo sugiera o lo venga a hacer por nosotros.

UN PLAN FAMILIAR DE PROTECCIÓN CIVIL es un acuerdo compartido entre los integrantes del hogar, sobre el actuar y las responsabilidades específicas:

- Definir roles y responsabilidades específicas (quién apaga las llaves de paso, quién apoya a adultos mayores o niñas y niños, quién asegura a las mascotas).
- Identificar y marcar los sitios de menor riesgo dentro del inmueble: zonas cercanas a columnas y trabes principales.
- Establecer un punto de encuentro fuera del inmueble, una red de contacto fuera de la zona local para reportarse tras el evento y una temporalidad ideal.

Diagnóstico de riesgos en el hogar y en el espacio de trabajo.

- Instalaciones básicas: revisar periódicamente las líneas de gas (comprobando que no existan fugas), los tableros eléctricos y las tuberías de agua. Al menos saber dónde se ubican y cómo cerrarlas si es necesario.
- Fijación de mobiliario: libreros, estantes, espejos pesados, pantallas y muebles altos deben estar anclados firmemente a muros de carga o columnas.
- Equipamiento básico: es aconsejable instalar detectores de humo y de gas, contar con luces de emergencia autorecargables y tener al menos un extintor operable en un punto accesible de la casa.
- Resguardar productos tóxicos e inflamables en lugares adecuados para tal fin.

-

Protocolos de actuación, durante el sismo.

En México nos dejaron muy claro “No corra, no grite, no empuje”, porque la regla fundamental ante cualquier alerta sísmica o inicio de movimiento telúrico es mantener la calma, esto ayudará a tomar decisiones racionales en fracción de segundos y no poner en riesgo a nadie más ni a nosotros mismos.

¿Evacuación o repliegue? El especialista asegura que la pauta general indica que en los pisos bajos (planta baja y primer piso) se puede evacuar hacia las zonas de menor riesgo en el exterior, siempre y cuando el tiempo de anticipación de la alerta o el diseño del inmueble lo permiten de manera ordenada. A veces, la cantidad de personas que quieren salir de estas zonas es muchísima ante una salida pequeña o de difícil evacuación.

En cuanto a los pisos elevados, a partir del segundo, la norma técnica señala replegarse de inmediato en las zonas de menor riesgo internas (junto a columnas o trabes) y evacuar únicamente cuando el sismo haya concluido. Intentar bajar a toda prisa por las escaleras durante el movimiento puede provocar caídas colectivas o atrapamientos en cubos de escalera.

“Estas pautas generales deben contrastarse con las particularidades del inmueble. Si un edificio alberga a una gran densidad de personas en los primeros pisos, las comisiones de seguridad deben adaptar sus Programas Internos de Protección Civil mediante simulacros constantes”, advierte el Mtro. Julio Velázquez.

La posición recomendada durante el repliegue: colocarse en cuclillas junto a una columna de carga; cubrir la cabeza y nuca con ambas manos y brazos; mantener la cabeza pegada al pecho.

Sobre el concepto del "triángulo de la vida", el especialista explicó que fue sugerido en otro país, para estructuras ligeras de madera o marcos metálicos, por lo que debe tomarse con reservas en países donde predomina la construcción a base de concreto y mampostería pesada, como en México ya que un mueble frágil de aglomerado moderno se colapsaría de inmediato ante el peso de una losa de concreto.

-

Recomendaciones de actuación en el exterior:

- En el metro: si el convoy está en movimiento o detenido en el túnel, la indicación primordial es permanecer dentro del vagón. La estructura de tunelación de concreto armado protege al tren. Salir a las vías por cuenta propia expone a las personas a líneas electrificadas o caídas en la oscuridad. Si el tren se encuentra en el andén, se deben seguir las instrucciones del personal operativo.

- En el metrobús o autobús: el conductor debe realizar un alto total en una zona segura (alejada de árboles, postes o cables) y mantener las puertas cerradas hasta que cese el movimiento sísmico.
- Conduciendo un vehículo particular: encender las luces intermitentes, disminuir gradualmente la velocidad y orillarse en un espacio libre de puentes peatonales, cables de alta tensión o estructuras elevadas, permaneciendo dentro del vehículo.
- Si vas caminando, localiza un área abierta: aléjate de edificios, postes, puentes.
- Si te encuentras en espacios de alta concurrencia: evita las estampidas, busca si están dando instrucciones y si no, dirígete hacia los patios, zonas abiertas demarcadas o más desalojadas.

-

Evaluación de daños e instalaciones (después del sismo).

El especialista, Julio Velázquez explica que, una vez finalizado el sismo y efectuada la evacuación ordenada, el proceso de retorno o permanencia en el exterior debería gestionarse a través de los Comités de Protección Civil o Gestión de Riesgos. Si no hay, lo ideal es esperar un poco por si ocurre alguna replica y se debe realizar una revisión ocular rápida de los servicios básicos que nos ayude a determinar si hay algún desprendimiento o daño en el inmueble.

Idealmente, se debe revisar rápidamente si todo están en orden con líneas de gas y electricidad. No encender cerillos, encendedores ni aparatos eléctricos hasta verificar que no haya olor a gas. De existir sospecha, cerrar la llave general de paso e interrumpir el suministro eléctrico desde el interruptor principal.

En cuanto a las comunicaciones, se recomienda utilizar el teléfono celular prioritariamente para enviar mensajes de texto o datos (WhatsApp, SMS), evitando saturar las líneas de voz para no entorpecer la atención de emergencias.

Uno de los mayores temores tras un sismo de gran magnitud es la incertidumbre sobre la estabilidad de los edificios. “Si se identifican daños estructurales significativos, la indicación es no habitar el inmueble y solicitar un dictamen por personal certificado de Protección Civil”.

Por: Liliana Morán Rodríguez.

Sitio Fuente: Ciencia UNAM