La solidaridad que construye tejido social

Cuando suceden estos desastres “naturales” se evidencia que sus impactos son diferenciales, ya que tienen mucho que ver con las condiciones de vida pasada y futura de las víctimas sobrevivientes. De este terremoto nos interesa resaltar el estallido de solidaridad que recorrió Colombia en forma espontánea y desinteresada, que surge de lo mejor de la esencia de los seres humanos y se combina con los miedos de saber que pudimos ser una de esas cientos y miles de víctimas. Nos recuerda que, frente a la dolorosa y urgente necesitad de posicionar la vida sobre la muerte, lo más complicado en el mediano plazo será la reconstrucción física de los habitats, garantizar la alimentación y avanzar en la recuperación emocional de las víctimas sobrevivientes. Para lograrlo se requerirá de la continuidad de la asociatividad organizada y el impulso de un concepto más amplio de la solidaridad. Aquel que tiene relación con la justicia social, la garantía de los derechos y la fuerza social activa y vigilante para reconstruir y fortalecer un tejido comunitario capaz de ejercer el control social sobre alojamientos, alimentos, ayudas materiales, servicios públicos de educacion y salud, acompañados de la veeduría ciudadana sobre la calidad, normatividad y ejecución de los recursos de las obras anunciadas. Buen momento para releer La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre, de Naomi Klein y recordar la “reconstrucción” de la Isla de Providencia.

Si bien en toda la cordillera occidental y en el Pacifico la destrucción de viviendas, escuelas y hospitales ha sido enorme, y están aún sin recibir ayudas ni visitas de inspección, nos parece importante reseñar lo sucedido en los municipios de Cali, Pereira y Dosquebradas. Allí se activaron de inmediato las redes sociales de las primeras líneas del estallido social -que han mantenido la articulación para la acción- y comenzaron a organizarse por grupos con sus turnos de relevo para rescatar víctimas, trasladar heridos, remover escombros, cuidar a niños y niñas, instalar ollas comunitarias, articular el reparto de las ayudas e integrar a las miles de personas que se sumaban espontaneamente. Tardiamente comenzaron a llegar los expertos en riesgos y desastres de losSi bien en toda la cordillera occidental y en el Pacifico la destrucción de viviendas, escuelas y hospitales ha sido enorme, y están aún sin recibir ayudas ni visitas de inspección, nos parece importante reseñar lo sucedido en los municipios de Cali, Pereira y Dosquebradas. Allí se activaron de inmediato las redes sociales de las primeras líneas del estallido social -que han mantenido la articulación para la acción- y comenzaron a organizarse por grupos con sus turnos de relevo para rescatar víctimas, trasladar heridos, remover escombros, cuidar a niños y niñas, instalar ollas comunitarias, articular el reparto de las ayudas e integrar a las miles de personas que se sumaban espontaneamente. Tardiamente comenzaron a llegar los expertos en riesgos y desastres de losmunicipios, mostrando la completa falta de recursos, herramientas, palas y guantes, que llegaron más por la solidaridad de la ciudadanía, de comerciantes y de pequeños empresarios. Los grandes se encargaron de grandes colectas con muy buena difusion en los medios amigos. Los hechos nos dicen que la memoría histórica de los pueblos no se ha borrado, sino que frente a nuevos escenarios logra reconvertirse y reencarnarse en colectivos solidarios con causas que se vinculan a un horizonte de Humanidad.

Tambien toca reflexionar sobre las emocionalidades y convicciones que motivan la sostenibilidad y los alcances de esta solidaridad. Con relación a la emocionalidad, que es el primer motor que la promueve, se puede afirmar que es una respuesta básica frente a esa dolorosa realidad. Es profunda e inmediata, pero su articulación con la construcción de sentimientos y voluntades de cambio, depende de los valores que ordenan la vida de las personas que la realizan y las causas colectivas que las agrupan.

Sobre las convicciones que las motivan y determinan su continuidad, el ejemplo de esta juventud es el más hermoso, desinteresado y concreto. Con el apoyo de profesionales y estudiantes, hoy continuan con el acompañamiento emocional, la asesoría jurídica y las orientaciones para que los damnificados se autoorganicen en torno a la exigibilidad de sus derechos. Esa juventud que con mucha indignación acumulada se preparaba para abordar la desobediencia y la resistencia civil, se encontró luchando por una causa humanamente superior: la solidaridad marcada por la defensa de la vida y el apoyo a las víctimas sin distinciones políticas. Una dinámica que aumenta su legitimidad y el cariño de la población frente a sus acciones futuras.

Marcelo Caruso Azcárate