Drew Weissman: el médico que revolucionó la medicina con las vacunas de ARNm

HISTORIA DE LA CIENCIA.-

Durante más de dos décadas, el trabajo de Drew Weissman se desarrolló en la penumbra del mundo académico.

Sin grandes focos ni portadas de revistas, este inmunólogo estadounidense persiguió una idea que la mayoría de la comunidad científica consideraba un callejón sin salida: utilizar el ARN mensajero (ARNm) para enseñar al cuerpo humano a defenderse de las enfermedades.

Foto: Wikimedia Commons

Su perseverancia no solo culminó con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2023, sino que proporcionó la herramienta clave para salvar millones de vidas durante la pandemia de COVID-19. Esta es la historia del hombre que transformó la inmunología moderna.

Los primeros años: formación entre la medicina y la investigación.

Nacido en Lexington, Massachusetts, en 1959, Drew Weissman mostró desde joven una profunda fascinación por la biología y el funcionamiento del sistema inmunitario. Se graduó en la Universidad Brandeis y posteriormente obtuvo su título en Medicina y un doctorado en Inmunología por la Universidad de Boston.

Su trayectoria dio un salto decisivo cuando ingresó en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos. Allí trabajó bajo la dirección del renombrado inmunólogo Anthony Fauci, investigando el virus del VIH y las células dendríticas. Esta etapa fue crucial: Weissman comprendió que para vencer a los patógenos más complejos no bastaba con estudiar la respuesta inmune tradicional, sino que era necesario rediseñarla a nivel molecular.

El encuentro fortuito que cambió la historia de la ciencia.

En 1997, Weissman se trasladó a la Universidad de Pensilvania (Penn) para abrir su propio laboratorio. Fue allí donde tuvo lugar uno de los encuentros casuales más rentables de la historia de la ciencia.

Frente a una fotocopiadora del departamento, Weissman coincidió con la bioquímica húngara Katalin Karikó. Mientras esperaban sus documentos, comenzaron a debatir sobre sus respectivas investigaciones. Karikó llevaba años intentando utilizar el ARN sintético como herramienta terapéutica, pero tropezaba constantemente con un obstáculo insuperable: el cuerpo humano detectaba el ARN extraño y provocaba una fuerte reacción inflamatoria que destruía la molécula antes de que pudiera actuar.

Weissman, fascinado por el potencial inmunológico del proyecto, propuso unir fuerzas: él aportaría su conocimiento sobre células dendríticas y respuesta inmune, mientras que Karikó aportaría su maestría técnica en la manipulación del ARN.

El hallazgo crucial: cómo "engañar" al sistema inmunitario.

Durante casi ocho años, el tándem Karikó-Weissman enfrentó rechazos de becas, falta de financiación y el escepticismo de sus colegas. Sin embargo, en 2005 alcanzaron el avance que lo cambiaría todo.

Descubrieron que la clave residía en modificar una de las bases nitrogenadas del ARN, la uridina. Al sustituirla por un nucleósido modificado llamado pseudouridina, el ARNm sintético logró pasar desapercibido ante los receptores del sistema inmunitario innato. El cuerpo ya no rechazaba la molécula con una inflamación destructiva y, en su lugar, leía las instrucciones de la cadena para sintetizar las proteínas deseables.

A pesar de la trascendencia del descubrimiento publicado en 2005, la industria farmacéutica tardó años en reaccionar. Solo un par de pequeñas empresas biotecnológicas —entonces emergentes—, BioNTech y Moderna, vieron el verdadero alcance del hallazgo y licenciaron la tecnología.

De la oscuridad del laboratorio a la vacuna que frenó la pandemia.

Cuando el coronavirus SARS-CoV-2 emergió a finales de 2019, la plataforma desarrollada por Weissman y Karikó estaba lista para responder. En cuestión de días tras la secuenciación del virus, los laboratorios diseñaron una cadena de ARNm modificado que instruía a las células humanas para fabricar la proteína de la espícula (spike) del virus.

El resultado fue el desarrollo en tiempo récord de las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna, con eficacias superiores al 90%. Lo que durante décadas se catalogó como una quimera biológica se convirtió en la respuesta médica más rápida y efectiva de la historia contemporánea.

El legado de Drew Weissman y el futuro del ARNm.

El reconocimiento mundial llegó de forma abrumadora. En 2023, la Academia Sueca otorgó a Drew Weissman y Katalin Karikó el Premio Nobel de Medicina, consolidando su lugar en la historia científica.

Hoy en día, el laboratorio de Weissman en la Universidad de Pensilvania continúa liderando la vanguardia biomédica. Las aplicaciones de la tecnología de ARNm modificado van mucho más allá de la COVID-19:

- Vacunas universales: Investigación en vacunas pan-coronavirus y contra la gripe estacional con cobertura global.
- Inmunoterapia contra el cáncer: Ensayos clínicos con vacunas personalizadas que enseñan al sistema inmune a reconocer y destruir células tumorales específicas.
- Enfermedades autoinmunes y genéticas: Terapias génicas dirigidas a reparar mutaciones sin alterar el ADN del paciente.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings