Sune K. Bergström: El sabio de la bioquímica que desveló los secretos de las prostaglandinas
HISTORIA DE LA CIENCIA.
Las células de nuestro cuerpo se comunican de formas asombrosas y complejas.
A mediados del siglo XX, la medicina sabía muy poco sobre cómo el organismo regulaba procesos tan vitales como la inflamación, la presión arterial, la coagulación sanguínea o las contracciones uterinas. El responsable de abrir la puerta a este universo molecular fue Sune Karl Bergström, un bioquímico sueco cuya perseverancia y rigor metodológico le valieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1982.
Foto: NIH.
A lo largo de su brillante trayectoria, Bergström no solo aisló por primera vez las prostaglandinas en estado puro, sino que sentó las bases para el desarrollo de medicamentos fundamentales en la medicina moderna, revolucionando el tratamiento de afecciones cardiovasculares, neurológicas e inmunitarias.
Los primeros pasos de una mente brillante.
Nacido en Estocolmo el 10 de enero de 1916, Sune Bergström mostró desde muy joven una fascinación por las ciencias naturales y la química orgánica. Tras ingresar en el prestigioso Instituto Karolinska, completó su doctorado en medicina y bioquímica a principios de los años cuarenta.
Durante sus años de formación y estancias en instituciones internacionales —como la Universidad de Columbia en Nueva York y el Instituto de Investigación de la Junta del Algodón en Inglaterra—, Bergström adquirió un dominio excepcional de las técnicas de separación y caracterización de lípidos. Esta especialización técnica resultaría decisiva para afrontar el mayor desafío científico de su vida.
El enigma de las prostaglandinas.
En la década de 1930, el farmacólogo sueco Ulf von Euler (quien más tarde también ganaría el Premio Nobel) había descubierto que extractos de la glándula próstata y del semen humano contenían una sustancia capaz de hacer contraer el músculo liso y bajar la presión arterial. Von Euler bautizó a este factor como prostaglandina, creyendo falsamente que procedía exclusivamente de la próstata.
Sin embargo, purificar esta sustancia era una tarea gigantesca debido a que se encontraba en cantidades infinitesimales en los tejidos animales. Von Euler, consciente de la dificultad del reto, le entregó sus extractos a un joven Bergström a finales de la década de 1940.
Bergström aceptó el desafío. Empleando técnicas avanzadas de cromatografía de reparto y espectrometría de masas —métodos pioneros para la época—, trabajó incansablemente durante años. En 1957, junto a su equipo de colaboradores, logró lo que parecía imposible: aislar en forma cristalina pura las dos primeras prostaglandinas, denominadas PGE y PGF.
Del laboratorio a la revolución farmacológica.
El hallazgo de Bergström reveló que las prostaglandinas no eran un único compuesto procedente de la próstata, sino una amplia familia de lípidos biológicamente activos derivados de ácidos grasos esenciales (especialmente el ácido araquidónico). Además, demostró que estas sustancias se sintetizan en prácticamente todos los tejidos del cuerpo humano.
Las prostaglandinas actúan como hormonas de acción local o mensajeros químicos celulares. Intervienen en procesos tan variados como:
- La respuesta inflamatoria y la sensación de dolor.
- La regulación de la temperatura corporal (fiebre).
- La protección de la mucosa gástrica frente a los ácidos.
- La regulación del flujo sanguíneo y la presión arterial.
- Las contracciones del útero durante el parto.
Comprender la estructura química de estas moléculas permitió a la industria farmacéutica desarrollar fármacos clave. Por ejemplo, se descubrió que medicamentos comunes como el ácido acetilsalicílico (aspirina) o el ibuprofeno funcionan precisamente inhibiendo las enzimas que producen las prostaglandinas, reduciendo así la inflamación y el dolor. Asimismo, se crearon análogos sintéticos de la prostaglandina para inducir el parto, tratar úlceras gástricas y combatir el glaucoma.
El reconocimiento con el Premio Nobel.
A lo largo de los años sesenta y setenta, Bergström continuó liderando las investigaciones sobre el metabolismo lipidíco y colaboró estrechamente con otros destacados científicos, entre ellos Bengt I. Samuelsson y John R. Vane.
El impacto histórico de sus contribuciones culminó en 1982, cuando Sune K. Bergström fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, compartido con Samuelsson y Vane, "por sus descubrimientos sobre las prostaglandinas y las sustancias biológicamente activas relacionadas".
Liderazgo científico.
Más allá del trabajo de laboratorio, Bergström fue un destacado líder institucional y un firme defensor de la investigación médica global. Ocupó el cargo de decano y posteriormente rector del Instituto Karolinska entre 1969 y 1977, consolidando a la institución como uno de los centros científicos más influyentes del mundo.
Consciente de la brecha entre el desarrollo científico y la salud pública global, presidió el Comité Consultivo de Investigación Médica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), impulsando programas dedicados a combatir enfermedades tropicales y mejorar la salud reproductiva en países en desarrollo.
Bergström falleció el 15 de agosto de 2004 en Estocolmo, dejando tras de sí una impronta imborrable en la historia de la ciencia. Curiosamente, la dedicación a la investigación biomédica se mantuvo en la familia: su hijo, Svante Pääbo, fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2022 por sus descubrimientos en paleogenómica.
Sitio Fuente: NCYT de Amazings