Investigando la biología de la gente que llega a cien años de edad
CIENCIAS DE LA SALUD Y TECNOLOGÍA.
No es muy habitual llegar a los cien años de edad y menos aún hacerlo con un nivel de salud física y mental razonablemente bueno. Por eso, existe mucho interés científico en investigar la biología de las personas que lo consiguen.
El cerebro de un superanciano, donado a la Universidad del Noroeste. Foto: Shane Collins / Northwestern University.
Un estudio, cuyos resultados se han presentado recientemente, ahonda en la cuestión y confirma lo que ya se sospechaba: las personas que llegan a ser centenarias comienzan años antes a mostrar diferencias clave con respecto a la gente de su edad que acaba falleciendo antes de los cien años.
El estudio es obra de un equipo integrado, entre otros, por Yuge Zhang y Karin Modig, del Instituto Karolinska en Estocolmo, Suecia.
En el estudio se analizaron datos de más de 270.000 personas de la población sueca. Se hizo un seguimiento de su salud desde los 70 años de edad en adelante.
Los resultados del estudio indican que las personas que llegan a los cien años de edad también se mantienen más sanas que otras personas mayores, sufren menos enfermedades crónicas y además estas se les agravan más despacio. Esto tiene su lógica; después de todo, es más probable llegar a los cien años si se tiene una salud extraordinariamente buena que si esta es normal.
Si bien muchas personas mayores acumulan rápidamente varias enfermedades crónicas durante sus últimos años, la carga de enfermedad en los centenarios parece estabilizarse alrededor de los 90 años. Lo más habitual es que sus enfermedades se limiten a un solo órgano o sistema y que presenten un volumen significativamente menor de dolencias concurrentes.
El estudio también muestra que las enfermedades cardiovasculares son menos comunes en los centenarios y que cuando las tienen les han aparecido a una edad más tardía de lo habitual. Las enfermedades neuropsiquiátricas también son menos frecuentes entre los centenarios.
Los autores del estudio han llegado a la conclusión de que los centenarios envejecen de un modo biológicamente muy distinto a como lo hace el resto de la gente.
“Nuestros resultados desafían la creencia generalizada de que una vida más larga significa inevitablemente arrastrar más enfermedades”, subraya Modig.
En cuanto a las causas de esa longevidad y de su salud de hierro, no están claras, aunque Modig cree que es la suma entre poseer una genética favorable, llevar un estilo sano de vida y residir en un entorno bajo en contaminación y en otras amenazas ambientales.
El estudio se titula “Disease accumulation and distribution across the lifespan in Swedish centenarians and non-centenarians: a nationwide life course comparison of longevity and health resilience”. Y se ha publicado en la revista académica eClinicalMedicine.
Otra importante línea de investigación vinculada a este tema, la cual ahora cumple 25 años en marcha, es la que se lleva a cabo en la Universidad del Noroeste en Chicago, Illinois, Estados Unidos, y que se centra en los “superancianos”. Se trata, mayormente, de personas de 80 años o más que mantienen un rendimiento cognitivo propio de gente de 50 años o incluso más joven. De igual modo que investigaciones como la del equipo de Zhang y Modig demuestran que se puede llegar a los cien años sin un deterioro severo de la salud, los estudios realizados en la Universidad del Noroeste sobre los superancianos demuestran que el declive cognitivo no es siempre una parte inevitable del envejecimiento.
“Nuestros hallazgos demuestran que una memoria excepcional en la vejez no solo es posible, sino que está vinculada a un perfil neurobiológico distintivo. Esto abre la puerta a nuevas intervenciones destinadas a preservar la salud cerebral hasta bien entrada la tercera edad”, resume Sandra Weintraub, profesora de psiquiatría y neurología en la Universidad del Noroeste y coautora de un resumen de resultados obtenidos en esta línea de investigación. Este informe, titulado “The first 25 years of the Northwestern superaging program”, se ha publicado en la revista académica Alzheimer s & Dementia.
Tras un cuarto de siglo de investigaciones, ha quedado claro que los superancianos no tienen cerebros normales.
En primer lugar, son resistentes a la enfermedad de Alzheimer. Esta no aparece en ellos, o por lo menos no sus síntomas cognitivos.
Además, a diferencia de los cerebros de los ancianos normales, los de los superancianos no muestran un adelgazamiento significativo de su corteza cerebral, e incluso tienen una corteza cingulada anterior más gruesa que la de bastante gente más joven que ellos. Esta región crucial del cerebro desempeña un papel importante en la integración de información relacionada con la toma de decisiones, las emociones y la motivación.
También hay diferencias claras a nivel celular: los superancianos poseen más neuronas de Von Economo que los ancianos normales. Y las neuronas entorrinales de los superancianos son más grandes que las de los ancianos normales.
Tal como argumentan Weintraub y sus colegas, cuanto más a fondo se conozcan las diferencias entre el cerebro de los superancianos y el de los ancianos normales, más probabilidades habrá de encontrar estrategias para prevenir en estos últimos enfermedades neurodegenerativas como la de Alzheimer y el declive cognitivo en general.
Por: Redacción.
Sitio Fuente: NCYT de Amazings