"Yo invité al científico que mintió sobre clonar humanos. Y nos engañó a todos": Lluís Montoliu presenta su nuevo libro, 'Impostores de la Ciencia'
CIENCIAS DE LA VIDA.
En julio de 2004, el biólogo Lluís Montoliu organizó en Valencia el congreso al que invitó a Woo-Suk Hwang.
El coreano era el científico más famoso del mundo: decía haber clonado embriones humanos. Dos años después, todo resultó ser una mentira fabricada. Montoliu lo cuenta en 'Impostores de la ciencia'.
Impostores de la Ciencia, Nano Banana / Scruzcampillo.
El coreano llegó al auditorio con escolta. Habló diez minutos. Cuando llegaron las preguntas, desapareció del podio. Mañana, 6 de mayo, Lluís Montoliu nos presenta sus experiencias en forma de libro bajo el título, Impostores de la ciencia, de Pinolia. Y en esta casa, donde somos muy fans de sus obras, queremos invitaros al evento de presentación que tendrá lugar en el Wellington Hotel & Spa, sala Villanueva Velázquez, 8, 28001 Madrid, a las 19:00.
El anuncio que sacudió a la biología.
El 12 de febrero de 2004, la revista Science publicó un artículo que recorrió todos los telediarios del mundo. Woo-Suk Hwang, investigador de la Universidad Nacional de Seúl, anunciaba haber clonado un embrión humano y obtenido de él una línea de células madre embrionarias pluripotentes capaces de diferenciarse en cualquier tejido del cuerpo, aplicando la misma técnica que dio lugar a la oveja Dolly siete años antes. Era la promesa de una nueva medicina regenerativa: la cura de enfermedades incurables parecía, de repente, al alcance de la mano.
El experimento declaraba haber usado 242 óvulos donados por 16 mujeres voluntarias. El resultado era modesto, pero aparentemente real: una única línea celular derivada de un embrión clonado. Suficiente para que Hwang se convirtiera, de la noche a la mañana, en el investigador más celebrado del planeta, el hombre que había logrado lo que nadie antes.
"Era lo que llamamos un verdadero rockstar de la ciencia. El más famoso y conocido en el mundo, el que había logrado aplicar el método usado originalmente en la clonación de la oveja Dolly para la clonación pionera de embriones humanos", escribe Lluís Montoliu en Impostores de la ciencia.
Valencia, julio de 2004: el testigo que no vio nada.
Montoliu no conocía a Hwang de oídas. Fue él quien le escribió personalmente para invitarle al primer Foro Internacional de Valencia sobre clonación de embriones humanos, organizado desde el Centro Nacional de Biotecnología. Hwang respondió casi de inmediato y aceptó. El 9 de julio de 2004, el auditorio estaba lleno de investigadores y periodistas expectantes.
El coreano llegó rodeado de una comitiva de colaboradores que se movía al unísono por la ciudad, y antes de comenzar su intervención, bromeó sobre el portátil Samsung que usaba: un regalo personal del presidente de la compañía, como prueba de su popularidad en Corea del Sur. Luego impartió un seminario breve con los datos ya conocidos del artículo publicado en Science meses antes. Y cuando parecía que iba a ofrecer detalles técnicos adicionales, pasó directamente al turno de preguntas. Pero no fue él quien respondió: Hwang abandonó el podio y cedió la palabra a uno de sus colaboradores.
Ni los organizadores ni los asistentes entendieron por qué. Montoliu tampoco lo entendió entonces. Años después, con el fraude científico ya destapado, la respuesta era evidente: no había datos reales que explicar.
"Este es el caso más flagrante de vulneración de la integridad científica que ha ocurrido en mi entorno, delante de mis narices, y, sin embargo, consiguió engañarme por completo", reconoce Montoliu.
El año en que la mentira se multiplicó.
En mayo de 2005, Hwang publicó un segundo artículo en Science aún más ambicioso que el primero. Esta vez afirmaba haber obtenido 11 líneas de células madre embrionarias a partir de embriones clonados de distintos pacientes con enfermedades incurables, usando apenas 185 óvulos. La eficiencia había mejorado de forma extraordinaria respecto al trabajo anterior. En agosto de ese mismo año, Nature publicaba la primera clonación de un perro, un galgo afgano llamado Snuppy, liderada también por Hwang: eso sí era real, y reforzó la credibilidad del investigador coreano precisamente en el momento en que algunas voces empezaban a cuestionar sus experimentos con embriones humanos.
Las dudas existían desde mucho antes. En mayo de 2004, el corresponsal de Nature en Asia ya había publicado un artículo señalando problemas éticos en la obtención de los óvulos. Hwang insistía en que todas las donantes habían actuado libremente. La versión se sostuvo hasta que una de las coautoras del primer artículo admitió que ella y otra colaboradora del laboratorio habían donado sus propios óvulos para el experimento. Después se desdijo. El daño ya estaba hecho.
Dos mil óvulos, ninguna célula, y una condena por otra cosa.
Las investigaciones que siguieron destaparon la verdadera escala del fraude. Los dos artículos declaraban haber usado un total de 427 óvulos. Las pesquisas demostraron que Hwang había obtenido y utilizado más de 2.000, comprados o conseguidos bajo presión a las propias colaboradoras de su laboratorio, con quienes mantenía una relación jerárquica que hacía imposible hablar de donación libre.
Las 11 líneas celulares del artículo de 2005 eran, en su mayor parte, una invención: 9 completamente fabricadas y las otras 2 sin rastro en ningún laboratorio. En cuanto a la única línea del artículo de 2004, las investigaciones concluyeron que no provenía de un embrión clonado, sino de un embrión partenogenético, generado sin fecundación. Paradójicamente, eso sí habría sido una novedad científica real. Hwang no supo aprovecharla porque ni siquiera
era consciente de haberla obtenido.
La comunidad científica tardó dos años en descubrir que los datos de Hwang no existían. Foto: Nano Banana / Scruzcampillo.
El 10 de enero de 2006, el comité investigador de la Universidad Nacional de Seúl publicó sus conclusiones: los datos de ambos artículos habían sido fabricados, y no existía ninguna evidencia de que Hwang hubiera clonado embriones humanos ni derivado células madre de ellos. Dos días después, Science retiró los dos trabajos de forma oficial.
"No se puede considerar que estos individuos representen la ciencia en Corea", concluyó el informe de la Universidad Nacional de Seúl".
Hwang fue juzgado y, en 2009, condenado a dos años de cárcel. No por fraude científico. La sentencia fue por malversación de fondos públicos y violación de principios de bioética. El fraude en sí, técnicamente, quedó sin condena penal. Decenas de laboratorios de todo el mundo habían invertido tiempo, dinero y esperanza intentando reproducir experimentos que nunca existieron. Pacientes con enfermedades incurables creyeron durante meses que la medicina regenerativa estaba a punto de salvarlos.
Lluís Montoliu, investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología y expresidente del Comité de Ética de esa institución, lleva años usando el caso Hwang en sus clases de ética para investigadores jóvenes. No como advertencia abstracta, sino como algo que ocurrió delante de sus propios ojos, en un auditorio de Valencia, y que no vio venir.
Hoy, Woo-Suk Hwang dirige en Seúl la empresa SooAm Biotech, donde clona perros de compañía por encargo a precios que rondan los 100.000 dólares por animal. También supervisa un centro de investigación en Abu Dhabi especializado en clonación de camellos de carreras. Sigue negando casi todo.
Lo que ninguno de sus clientes necesita saber es que el hombre que los atiende fue, durante casi dos años, la mayor mentira de la historia de la biología moderna.
Por: Santiago Campillo Brocal. Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital.
Sitio Fuente: MuyInteresante