De la ladera a la tetera
FAO.
Rwanda aprovecha al máximo su paisaje montañoso y apoya a los pequeños agricultores para producir té de calidad.
La FAO ha estado colaborando con el Gobierno de Rwanda para desarrollar su estrategia nacional del té, ayudando al país a acceder a los mejores mercados y cumplir con las normas internacionales. © FAO/Jean Nkurunziza.
Amanece sobre los exuberantes campos verdes del país de las 1 000 colinas. Al salir el sol, la tenue niebla que cubre las cimas de las montañas comienza a disiparse, anunciando un nuevo día de trabajo para los agricultores de Rwanda.
Las hojas de té brillan con los primeros rayos de sol mientras los recolectores se ponen sus coloridos trajes amarillos que los protegen de los arañazos al adentrarse en las verdes hileras de plantas de té. Llevan una cesta de mimbre atada a la espalda, lista para guardar las hojas de té que van recogiendo con destreza. Esta cuadrilla de recolectores vestidos de amarillo avanza con rapidez y meticulosidad entre las hileras de té mientras los pájaros inundan la atmósfera con sus cantos. Sus esfuerzos diarios han ayudado a consolidar el té como el segundo producto más exportado de Rwanda, después del café.
El sector agrícola de Rwanda, que genera, según las estimaciones, el 64,5 % de los puestos de trabajo y representa el 27 % del producto interno bruto, es la columna vertebral de este país sin litoral del África oriental.
Además, el té ha cambiado la vida de muchas comunidades rurales de Rwanda.
Más del 83 % de la producción agrícola nacional proviene de pequeños agricultores, como ocurre en Nyaruguru, una zona productora de té situada en el sur del país.
“Estoy orgullosa de ser propietaria de una plantación de té. Antes trabajaba para otros, pero ahora soy yo la que da trabajo a otras personas”, afirma Bertride Nyiranzigiye, una agricultora de 65 años que empezó a cultivar té en su parcela, de poco menos de una hectárea, en 2018, cuando el gobierno colaboraba con los agricultores locales para expandir la producción de té en la región.
“Desde que se empezó a expandir el cultivo de té en Nyaruguru, esta zona atrae a personas de otros distritos que vienen a trabajar y a ganar dinero con la recolección”.
Ndagijimana Jean Marie Vianney, un productor de té de 39 años de Nyaruguru, padre de cuatro hijos, recuerda: “Vivía en una situación de pobreza extrema y mi familia pasaba muchas dificultades. Vi que a otros productores de té les iba bien, así que decidí dedicarme al cultivo de té. Quería mejorar mis medios de vida”.
Jean participó en el programa de formación especializada del Gobierno y luego decidió convertir sus campos de batata en plantaciones de té.
“Gracias a que empecé a cosechar té, pude sacar a mi familia de la situación de pobreza en la que vivíamos antes. Ahora puedo comprar ropa para toda mi familia y pagar el seguro médico. Además, puedo pagar los gastos escolares de mis hijos. También hemos mejorado nuestra nutrición. Todo esto es gracias al cultivo de té”. Cree que gracias a que el té es un cultivo perenne, sus hijos también podrán seguir produciendo té en el futuro.


Izquierda/arriba: El clima de Rwanda, sus abundantes lluvias y horas de luz solar y sus suelos volcánicos ricos en minerales son ideales para la producción de té. Derecha/abajo: El té de Rwanda se cosecha a mano, no a máquina, seleccionando solo las hojas más tiernas y frescas de la parte superior de la planta, que se usan para elaborar tés de mayor calidad. © FAO/Jean Nkurunziza
El té se introdujo por primera vez en Rwanda en la década de 1950, pero el sector ha crecido rápidamente en las últimas décadas. El clima de Rwanda, que cuenta con abundantes lluvias y horas de luz solar, suaves colinas y suelos volcánicos ricos en minerales, ofrece un entorno ideal para la producción de té.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha estado colaborando con el Gobierno de Rwanda para desarrollar una estrategia nacional del té, destinada a mejorar la calidad del producto y ayudar al país a cumplir con las normas internacionales y acceder a los mejores mercados.
En la estrategia se señalan varias esferas de mejora, como el fomento de la investigación y la innovación, el desarrollo de la infraestructura, la formación continua de los agricultores y la manera de atraer a personas jóvenes al sector. Su éxito se basa en gran medida en colaborar con los agricultores para producir tés de alta calidad para mercados especializados.
Sandrine Urujeni, Jefa de Operaciones de la Junta Nacional de Desarrollo de las Exportaciones Agrícolas de Rwanda, ofrece más detalles sobre la estrategia: “El té de Rwanda es un té de alta calidad, pero hay que recogerlo a mano y los agricultores tienen que seleccionar las hojas buenas”.
Según Urujeni, los sólidos vínculos entre los pequeños agricultores, las cooperativas y las instalaciones poscosecha son fundamentales para el crecimiento del sector.
“Los productores de té están contentos de que el té esté ahora integrado verticalmente, lo que significa que los agricultores se benefician de esta industria. Los agricultores reciben el 50 % de los ingresos procedentes del té. Ese porcentaje revierte en el agricultor. Así, por ejemplo, si los exportadores venden sus tés, ya sea mediante ventas directas o subastas, nos aseguramos de que los beneficios reviertan en los agricultores que están detrás de ese té de buena calidad. De esa manera, pueden reinvertir en la producción de té”.
Estos pequeños productores son la base del sector del té de Rwanda, y las mujeres desempeñan una función destacada. Cada vez son más las mujeres propietarias de plantaciones de té en Rwanda, y también son mayoría entre las personas que recolectan el té y trabajan en las fábricas. Gracias a los planes para expandir las actividades de valor añadido y otros sectores conexos, como el agroturismo, se prevé que esas cifras aumenten.
Según Mohamed AwDahir, Representante de la FAO en Rwanda, agricultoras como Bertride Nyiranzigiye son las que homenajeamos en este Año Internacional de la Agricultora: “En Rwanda, las mujeres son los principales motores de la producción agrícola, ya que participan activamente en la producción, la gestión de las explotaciones y las actividades de elaboración. Es importante destacar que el gobierno está plenamente decidido a empoderar a las mujeres agricultoras, y la FAO forma parte de ese proceso”.
Mujeres y hombres trabajan codo con codo en los campos de Nyaruguru y en muchas otras regiones de Rwanda recolectando a mano solo las hojas de té más tiernas y frescas de la parte superior de la planta. Estas hojas se destinan a tés de mayor calidad, que alcanzan mejores precios y ayudan a construir comunidades rurales prósperas en todo el país.
Sitio Fuente: FAO