¿Cómo almacena el cerebro los recuerdos a largo plazo y por qué la mente los deforma?

CIENCIAS DE LA SALUD / NEUROLOGÍA.-

¿Dónde estabas el 11 de septiembre de 2001? ¿Cuál fue el olor exacto de tu primer día de colegio? ¿Cómo iba vestida la persona que amas en vuestra primera cita?

Si cierras los ojos, tu mente desplegará una escena vívida, llena de detalles, colores y emociones. Sentirás la absoluta certeza de que lo que estás viendo ocurrió exactamente así.

Foto: Wikimedia Commons

Sin embargo, la neurociencia moderna tiene una mala noticia para tu nostalgia: una parte sustancial de ese recuerdo es pura ficción.

Durante décadas, la ciencia consideró la memoria humana como una especie de disco duro biológico. Un sistema de almacenamiento masivo donde las vivencias se grababan en carpetas y se recuperaban intactas años después. Hoy sabemos que esa analogía es errónea. El cerebro no almacena películas completas, sino fragmentos de información dispersos que reconstruye en tiempo real cada vez que intenta recordar. Y en ese proceso de reconstrucción, la mente miente, añade detalles y deforma la realidad.

La física del recuerdo: ¿Cómo se crea la memoria a largo plazo?.

Para entender por qué nuestra memoria nos engaña, primero debemos comprender cómo se graba la información en el tejido cerebral. El proceso de almacenamiento a largo plazo es una obra maestra de la bioingeniería celular que se divide en tres fases críticas: codificación, consolidación y almacenamiento.

Cuando vivimos una experiencia —por ejemplo, aprender a montar en bicicleta—, nuestros sentidos captan estímulos que se transforman en señales eléctricas. Toda esta información converge en una estructura con forma de caballito de mar situada en lo profundo del lóbulo temporal: el hipocampo.

El hipocampo actúa como el director de orquesta de la memoria a corto plazo. Decide qué es relevante y qué debe desecharse. Si el estímulo es lo suficientemente fuerte (por repetición o por una alta carga emocional), se activa la consolidación.

Durante este proceso, ocurre un fenómeno conocido como potenciación a largo plazo (LTP). Las neuronas implicadas en la experiencia modifican su estructura física y refuerzan sus conexiones sinápticas. Es el equivalente biológico a trazar un sendero en un bosque: cuantas más veces pases por él (o más intensa sea la experiencia), más ancho, claro y permanente será el camino.

Finalmente, el recuerdo no se queda en el hipocampo. Mediante un proceso que ocurre principalmente durante las fases de sueño profundo, la información se transfiere gradualmente a la corteza cerebral (el neocórtex). El hipocampo distribuye los fragmentos: los sonidos van a la corteza auditiva, las imágenes a la visual y las emociones a la amígdala. El almacenamiento a largo plazo es, en realidad, una red descentralizada de neuronas interconectadas a lo largo de todo el cerebro.

El precio de la plasticidad: ¿Por qué deforma el cerebro los recuerdos?.

Si el mecanismo es tan sofisticado, ¿por qué recordamos cosas que jamás sucedieron? La respuesta se encuentra en un concepto revolucionario de la neurobiología: la reconsolidación.

Cada vez que evocamos un recuerdo, el cerebro no abre un archivo de "solo lectura". Al contrario, para poder recordar algo, las conexiones sinápticas que guardan esa información deben volverse inestables y maleables otra vez. El recuerdo se vuelve plástico. Mientras está en ese estado "abierto", cualquier información nueva, nuestro estado de ánimo actual, los prejuicios o los comentarios de otra persona pueden mezclarse con el recuerdo original.

Cuando el cerebro vuelve a guardar esa información (reconsolidación), almacena el recuerdo modificado como si fuera el auténtico.

Existen varios factores biológicos y psicológicos que alteran este proceso:

- El sesgo de confirmación actual: Tendemos a reescribir nuestro pasado para que encaje con quiénes somos en el presente. Si hoy tienes una mala relación con alguien, tu cerebro tenderá a recordar los momentos pasados con esa persona con tintes más negativos de lo que realmente fueron. 
- La contaminación externa y las falsas memorias: La psicóloga Elizabeth Loftus demostró en experimentos pioneros que es alarmantemente fácil implantar recuerdos falsos en una persona mediante la sutil manipulación del lenguaje. Si te preguntan "¿a qué velocidad iba el coche rojo cuando se estrelló contra el árbol?", recordarás una velocidad mayor que si te preguntan "¿a qué velocidad iba el coche cuando contactó con el otro objeto?". Tu cerebro añade el "impacto violento" y el "árbol" de forma automática si la pregunta los sugiere. 
- El impacto del estrés y el cortisol: En situaciones de alta carga emocional (como un accidente o un crimen), la amígdala hiperactiva el sistema y el cortisol inunda el cerebro. Esto provoca que se graben muy bien los detalles centrales (el cañón de una pistola), pero que se distorsionen por completo los periféricos (la cara del asaltante o el color de su ropa).

El valor evolutivo de una memoria imperfecta.

A nivel de ingeniería, un sistema de almacenamiento que altera los datos parece un fallo de diseño garrafal. Sin embargo, desde el punto de vista evolutivo, es una ventaja adaptativa extraordinaria.

La función principal de nuestro cerebro no es registrar fielmente el pasado para que escribamos libros de historia precisos; su función es garantizar nuestra supervivencia en el futuro.

Si nuestra memoria fuera un video rígido e inalterable, solo sabríamos reaccionar ante situaciones exactamente idénticas a las ya vividas. Al fragmentar los recuerdos y mantenerlos maleables, el cerebro puede extraer las reglas generales de una experiencia pasada, combinarlas con nuevos conocimientos y proyectar escenarios futuros hipotéticos. Esta flexibilidad cognitiva es la base de la creatividad humana, de la resolución de problemas abstractos y de la capacidad de adaptación.

La próxima vez que discutas con un amigo o un familiar sobre cómo ocurrió exactamente un evento del pasado, recuerda que ambos tenéis la razón y, al mismo tiempo, ambos estáis equivocados. Vuestros cerebros no son grabadoras; son narradores dinámicos que prefieren una buena historia útil para el mañana que una verdad incómoda e inmutable del ayer.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings