Durante 25 años pensamos que Liopleurodon medía 25 metros: ahora la ciencia confirma cuánto medía realmente este depredador del Jurásico

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.-

Durante más de dos décadas fue el depredador gigante del Jurásico por excelencia, pero una revisión científica demuestra que la realidad era distinta y, al mismo tiempo, mucho más interesante.

Investigadores reconstruyen por primera vez el verdadero cuerpo de Liopleurodon y el resultado reescribe un mito de la paleontología. Ilustración: Megan Jacobs/Universidad de Portsmouth.

Durante años, millones de personas imaginaron al Liopleurodon como un coloso marino de 25 metros capaz de devorar prácticamente cualquier criatura que se cruzara en su camino. Aquella imagen quedó grabada en la cultura popular tras la emisión de la serie Caminando entre dinosaurios (Walking with Dinosaurs) de la BBC en 1999, donde este pliosaurio aparecía como uno de los mayores depredadores que jamás habían surcado los océanos.

Sin embargo, la ciencia tiene una particularidad que la hace extraordinaria: siempre está dispuesta a corregirse cuando aparecen mejores pruebas. Y eso es precisamente lo que acaba de ocurrir con uno de los reptiles marinos más famosos de todos los tiempos.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Portsmouth ha llevado a cabo la revisión más completa realizada hasta la fecha sobre Liopleurodon ferox, analizando todos los fósiles atribuidos a esta especie y reconstruyendo sus proporciones corporales a partir de los ejemplares mejor conservados. El resultado, publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, cambia una de las ideas más repetidas durante décadas: el auténtico Liopleurodon no medía entre 18 y 25 metros, sino poco más de ocho.

Lejos de convertirlo en un animal menos impresionante, este trabajo ofrece una imagen mucho más precisa de cómo era realmente uno de los grandes depredadores de los mares del Jurásico hace aproximadamente 165 millones de años.

El tamaño importa... pero solo cuando está bien calculado.

En paleontología, calcular el tamaño de un animal extinguido no siempre es tan sencillo como sumar huesos. Muy pocas especies se conocen a partir de esqueletos completos y, en muchos casos, los científicos deben reconstruir el cuerpo utilizando restos fragmentarios, comparaciones anatómicas y modelos matemáticos.

Puede compararse con intentar averiguar la altura de una persona disponiendo únicamente de un zapato o de una mandíbula. Dependiendo de las proporciones que se utilicen, el resultado puede variar enormemente.

Eso fue precisamente lo que ocurrió con Liopleurodon.

Durante décadas, las estimaciones más espectaculares se apoyaron en enormes fragmentos fósiles cuya pertenencia a esta especie nunca pudo demostrarse con seguridad. Aquellos restos pertenecían a grandes pliosaurios del Jurásico, pero asignarlos directamente a Liopleurodon ferox terminó inflando artificialmente su tamaño.

El nuevo estudio parte de un enfoque completamente distinto. Los investigadores revisaron los 37 ejemplares atribuidos a la especie y construyeron un modelo anatómico utilizando un cráneo prácticamente completo y dos esqueletos excepcionalmente conservados que preservan buena parte del cuerpo. Tal y como indica el trabajo científico, esta aproximación permite calcular por primera vez unas proporciones corporales fiables.-

El resultado sitúa la longitud máxima conocida de Liopleurodon ferox en algo más de ocho metros, una cifra muy alejada de la leyenda televisiva, aunque suficiente para convertirlo en el mayor vertebrado marino de su ecosistema.

Ejemplares excepcionalmente conservados de Liopleurodon ferox vistos en vista lateral izquierda. Fuente: Journal of Vertebrate Paleontology (2026)

"El nuevo estudio demuestra que el verdadero Liopleurodon medía poco más de ocho metros, muy lejos de los 25 metros popularizados durante décadas".

Un cazador diseñado para atacar presas enormes.

La reducción de tamaño podría parecer, a primera vista, una pérdida de espectacularidad. Pero sucede justo lo contrario.

El estudio revela que Liopleurodon poseía una característica anatómica poco habitual: su cabeza representaba aproximadamente una cuarta parte de toda la longitud corporal.

En la mayoría de grandes reptiles marinos la cabeza ocupa una proporción menor. En cambio, Liopleurodon concentraba una enorme parte de su masa en un cráneo extraordinariamente robusto, armado con grandes dientes cónicos preparados para sujetar presas que luchaban violentamente.

En términos sencillos, era un animal construido como un gigantesco "ariete" biológico. Aunque no alcanzara las dimensiones imaginadas hace años, disponía de una de las armas más eficaces de todo el Jurásico.

Ese gran cráneo también ofrece pistas sobre su modo de vida. Los autores plantean que podía capturar animales relativamente grandes en comparación con su propio tamaño corporal, situándose en la cima de la cadena alimentaria de los mares donde habitaba.

Todo empezó con un único diente hace más de 150 años.

La historia de Liopleurodon resulta casi tan fascinante como el propio animal. La especie fue descrita en 1873 por el paleontólogo francés Henri Émile Sauvage a partir de un único gran diente hallado cerca de Boulogne-sur-Mer, en el norte de Francia.

A partir de ese momento comenzaron a aparecer nuevos restos repartidos principalmente por la Formación Oxford Clay, en Inglaterra, uno de los yacimientos marinos del Jurásico Medio más importantes del mundo.

La abundancia de fósiles tuvo un origen inesperado. Tal y como ha explicado el equipo de la Universidad de Portsmouth, el extraordinario desarrollo de las fábricas de ladrillos alrededor de Peterborough durante finales del siglo XIX dejó al descubierto enormes cantidades de arcillas jurásicas. Los trabajadores retiraban cuidadosamente los fósiles porque podían estropear la fabricación de los ladrillos, y muchos de aquellos hallazgos terminaron formando las históricas colecciones reunidas por Alfred Leeds, fundamentales para conocer la fauna marina del Jurásico.

Paradójicamente, pese a la riqueza de estos descubrimientos, Liopleurodon recibió relativamente poca atención científica durante buena parte del siglo XX.

Todo cambió en 1999.

El gigante de la BBC que marcó a toda una generación.

Pocas producciones documentales han influido tanto en la percepción pública de la paleontología como Caminando entre Dinosaurios (Walking with Dinosaurs).

En uno de sus episodios más recordados, Liopleurodon aparecía convertido en un depredador de 25 metros de longitud, una imagen que terminó instalándose en libros, documentales, videojuegos y miles de ilustraciones.

Aquella reconstrucción respondía al conocimiento disponible entonces y también a la necesidad de interpretar unos restos fósiles muy incompletos.

El nuevo estudio no cuestiona el trabajo realizado hace un cuarto de siglo. Al contrario, demuestra cómo funciona realmente la ciencia: las hipótesis se ponen constantemente a prueba conforme aparecen nuevos datos.-

Hoy existen más fósiles, mejores comparaciones anatómicas y modelos mucho más precisos para reconstruir animales extinguidos. Eso permite separar las especulaciones razonables de las conclusiones respaldadas por las evidencias.

El monstruo marino del Jurásico era más pequeño de lo que se creía, pero seguía siendo un depredador implacable. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

"Reducir su tamaño no disminuye su importancia: Liopleurodon siguió siendo el mayor depredador marino del ecosistema de Oxford Clay hace unos 165 millones de años".

Un hallazgo que va mucho más allá de un simple cambio de tamaño.

La investigación no solo redefine a Liopleurodon. Aplicando las nuevas proporciones corporales a otros grandes pliosaurios del Jurásico, los investigadores concluyen que algunos de sus parientes sí alcanzaron aproximadamente 12 metros de longitud.

Este dato ayuda a comprender cuándo apareció realmente el gigantismo dentro de este grupo de reptiles marinos.

Según revela el estudio, los pliosaurios ya habían evolucionado hacia tamaños gigantescos durante el Jurásico Medio y permanecieron entre los principales superdepredadores oceánicos durante unos 80 millones de años, hasta que fueron sustituidos por los mosasaurios en el Cretácico Superior.

La investigación también pone de manifiesto un aspecto fundamental de la paleontología moderna: reconstruir correctamente el tamaño de un animal no sirve únicamente para satisfacer la curiosidad. Permite comprender cómo cazaba, qué presas podía capturar, cuál era su papel ecológico e incluso cómo evolucionaron los ecosistemas marinos a lo largo de millones de años.

En otras palabras, conocer con precisión cuánto medía Liopleurodon ayuda a reconstruir un océano desaparecido hace 165 millones de años.

Y quizá esa sea la enseñanza más interesante de todas.

La ciencia no ha reducido a un monstruo marino. Lo que ha hecho es sustituir un mito extraordinario por un depredador real aún más fascinante: un cazador perfectamente adaptado, con una cabeza gigantesca, una anatomía especializada y un papel dominante en los mares jurásicos. Un animal que demuestra que la realidad, cuando está respaldada por fósiles y datos, puede resultar mucho más apasionante que cualquier exageración.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Sitio Fuente: MuyInteresante