La supergigante roja Betelgeuse no está sola en Orión: captan la imagen más clara de la estrella que la acompaña
ASTRONOMÍA.
Una señal diminuta, oculta al lado de uno de los astros más deslumbrantes del cielo, puede resolver un enigma de décadas y abrir otra vía para estudiar cómo viven y mueren las estrellas gigantes.
Recreación artística de Betelgeuse con su estrella compañera al fondo. ChatGPT, César Noragueda.
Betelgeuse lleva siglos a la vista y todavía guarda secretos. Refulge con tono rojizo en el hombro de Orión, se distingue sin telescopio y ha sido examinada con casi todos los recursos de la astronomía moderna. Aun así, una pregunta elemental seguía sin respuesta: ¿está realmente sola?
Sus variaciones de luminosidad alimentaron una sospecha persistente. Parte de las mismas nace de pulsaciones internas y enormes células convectivas, regiones donde el gas caliente asciende y desciende continuamente, modificando el brillo de la superficie. Otra oscilación, que se repetía cada seis años más o menos, se resistía a encajar en los mismos procesos físicos. Podía reflejar actividad propia o delatar un segundo cuerpo oculto entre tanta luz.
Un equipo encabezado por el Observatorio de París rastreó esa presencia con el Very Large Telescope del Europeo Austral. Según leemos en Astronomy and Astrophysics, el reto consistía en aislar una fuente tenue al lado de otra tan radiante, extensa e inquieta que contamina cuanto surge alrededor.
Una estrella desmesurada y próxima a su final.
Betelgeuse atraviesa una fase breve en la evolución de los cuerpos celestes masivos. Nació con mucha más materia que el Sol, agotó el hidrógeno central y se hinchó hasta convertirse en una supergigante roja. Colocada en medio del sistema solar, alcanzaría casi la órbita de Júpiter.
Ese volumen colosal no implica estabilidad. Las capas exteriores hierven, se expanden, se contraen y arrojan material al espacio. En torno a ella, se acumulan gas y polvo, y manchas y nubes modifican el fulgor percibido. La célebre Gran Atenuación de 2019 y 2020 mostró hasta qué punto puede transformarse su aspecto sin que una explosión resulte inminente.
Su destino, no obstante, está escrito por la física estelar. Algún día consumirá los combustibles que sostienen el núcleo y acabará como supernova de tipo dos, la clase de explosión con la que terminan su vida estrellas semejantes. Nadie sabe si ocurrirá mañana o dentro de decenas de milenios, pero ahora nos brinda una mirada cercana a ese periodo cósmicamente fugaz.
La nota que no se ajustaba a la melodía.
La luz de Betelgeuse reúne varios ritmos superpuestos. Los ciclos de unos 420, 230 y 180 días suelen atribuirse a latidos de la supergigante. Pero existe otro, próximo a 2.200 días, cuya causa continuaba en discusión. Es como escuchar una canción conocida y advertir, cada cierto tiempo, una nota grave que ningún instrumento visible parece producir.
"Una hipótesis proponía una compañera que completaría la vuelta cada seis años y alteraría las partículas situadas en nuestra línea de visión, sin eclipsar a Betelgeuse, perturbando sus inmediaciones para dejar una marca periódica en las mediciones".
Dos trabajos publicados en 2024 y 2025 vincularon esa cadencia con una posible órbita. La hipótesis proponía una compañera que completaría la vuelta cada seis años y alteraría las partículas situadas en nuestra línea de visión. No tendría que eclipsar por completo a la primaria: bastaría con perturbar sus inmediaciones para dejar una marca periódica en las mediciones.
Las pesquisas anteriores ofrecieron indicios, pero no una evidencia robusta. Los telescopios Hubble y Chandra no hallaron el objeto en ultravioleta lejano ni rayos X. Gemini North registró durante diciembre de 2024 una señal que sí se correspondía con ello, aunque alcanzó apenas 1,5 sigma, un nivel que los astrónomos consideran prometedor, pero insuficiente para confirmar un descubrimiento. Demasiado poco, pues, para cerrar el caso.
Una luciérnaga junto al foco de un estadio.
El contraste convierte esta observación en una proeza técnica. Retratar al acompañante se asemeja a percibir una luciérnaga pegada al foco de un estadio. La superficie desigual y la materia circundante, además, generan estructuras capaces de imitar fuentes reales.
La imagen más nítida lograda de la hipotética Betelgeuse B. Miguel Montargès 'et al'; N. Rissinger.
SPHERE-ZIMPOL, un instrumento del Very Large Telescope diseñado para obtener imágenes de altísima resolución y estudiar el entorno inmediato de astros muy centelleantes, corrigió la turbulencia atmosférica y reunió miles de exposiciones. El aparato siguió el firmamento mientras ciertas distorsiones ópticas permanecían fijas, diferencia que hizo posible separar rastros celestes de defectos técnicos. Y dos métodos independientes procesaron los datos obtenidos el 6 de diciembre de 2024.
PACO ASDI, un sistema informático que reduce el resplandor de la estrella principal y facilita la detección de objetos muy débiles ubicados a escasa distancia, modeló el ruido y las motas instrumentales, los falsos destellos producidos por el telescopio, para distinguirlos de una posible compañera; y un análisis de componentes fundamentales abordó el problema con otra estrategia matemática.
Las dos técnicas localizaron el mismo punto en una imagen obtenida muy cerca de la característica línea del hidrógeno alfa, una de las señales de luz más utilizadas para estudiar el gas que rodea a los astros, pero no dentro de esa emisión específica.
El punto que apareció donde debía.
La reducción de las imágenes reveló a la candidata Betelgeuse B con una confianza de 6,1 sigma, mientras que el procedimiento alternativo llegó a 5,1, dos valores muy contundentes estadísticamente. La coincidencia entre métodos, su posición y la pista previa alejan la posibilidad de una fluctuación casual.
La fuente luminosa se encontraba a 52,32 milisegundos de arco de la supergigante. Esa unidad representa una milésima de segundo de arco (medida que los astrónomos usan para las distancias aparentes entre objetos celestes), una separación angular diminuta. Adoptando 168 pársecs para el conjunto, corresponde a unas 8,8 unidades astronómicas, algo más que el trecho entre el Sol y Saturno.
El resultado es el más convincente conseguido hasta ahora, no una confirmación definitiva. Para demostrar que los dos componentes están unidos por la gravedad, habrá que localizar al secundario en el lado opuesto de su recorrido orbital. Hasta entonces, los autores conservan deliberadamente la palabra “candidata”.
"La fuente luminosa se encontraba a 52,32 milisegundos de arco de la supergigante, con 168 pársecs para el conjunto: unas 8,8 unidades astronómicas, algo más que el trecho entre el Sol y Saturno".
Una vecina caliente bajo un resplandor rojo.
El desequilibrio lumínico medido permitió deducir la naturaleza de la hipotética compañera. Si ambos miembros nacieron a la vez, tendría entre 2,6 y 3,1 masas solares, pertenecería aproximadamente a los tipos espectrales B8.5V-B9.5V, es decir, se trataría de una estrella azul-blanca, muy caliente, y acabaría de incorporarse a la secuencia principal, la larga etapa durante la cual fusiona hidrógeno.
Esa descripción dibuja un cuerpo joven, azulado y con mayor temperatura que Betelgeuse. Rondaría entre 11.200 y 12.000 kelvin, pero queda eclipsado por el fulgor de la gigante, cuya envoltura domina la escena.
La ausencia de emisiones intensas en hidrógeno alfa, ultravioleta lejano y rayos X concuerda con ese perfil. Un astro recién llegado a la secuencia principal ya habría perdido buena parte de su antiguo disco de acreción, el inmenso remolino de materia que gira a su alrededor antes de ser absorbido. Los silencios de otros observatorios, por tanto, respaldan la interpretación.
"Se trataría de una estrella azul-blanca, muy caliente, y acabaría de incorporarse a la secuencia principal, la larga etapa durante la cual fusiona hidrógeno".
Un reloj para otras supergigantes rojas.
La trayectoria calculada coincide con el misterioso ciclo largo de Betelgeuse. Con una masa estimada para la primaria de 16,5 a 19 soles, el periodo mínimo sería de 5,5 a 5,9 años, muy cercano a los 2.200 días de la curva de refulgencia. La concordancia no demuestra causalidad, aunque enlaza dos pistas antes separadas.
La compañera quizá influya en el viento, los granos y la atmósfera exterior. Los autores calcularon si su calor podría evaporar partículas y abrir un claro delante del disco central. El mecanismo produciría como máximo 0,1 magnitudes de brillo, frente a las 0,5 asociadas con la variación prolongada. Probablemente, intervengan efectos dinámicos más complejos.
La implicación alcanza más allá de Orión. Entre el 25 y el 30 por ciento de las supergigantes rojas conocidas exhibe modulaciones secundarias extensas, o sea, experimentan cambios de luz lentos y prolongados, cuya causa aún no está del todo clara. Si algunas delatan órbitas ocultas, tales cambios abrirían una vía para rastrear sistemas binarios difíciles de resolver mediante fotografía directa.
La confirmación tendrá que esperar a nuevas observaciones.
La próxima prueba no será una imagen más nítida, sino el desplazamiento esperado. Betelgeuse B debería aparecer en el extremo contrario tras aproximadamente media revolución. Después, harán falta nuevas observaciones para precisar la trayectoria, su inclinación y el desarrollo compartido.
Aclarar ese vínculo transformaría el retrato de una futura supernova. Las estrellas masivas acostumbran a nacer en parejas o grupos, aunque solo entre el 20 y el 40 por ciento de las supergigantes rojas conserva hoy un acompañante detectable. Algunas se fusionaron, otras intercambiaron materia y muchas quedaron escondidas por el fulgor dominante.
La astronomía descubre así que mirar mucho no equivale a verlo todo. Betelgeuse ha servido como referencia cultural y laboratorio físico y, aun así, quizá llevábamos generaciones contemplando, no una luminaria aislada, sino una relación. El giro es sutil y profundo: hasta los astros familiares pueden contar una historia distinta cuando aprendemos a apartar su propio resplandor.
Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
Sitio Fuente: MuyInteresante