Encuentran el fósil más completo de un perro: vivió hace 30 millones de años y no se parecía a ningún cánido actual
CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.
El descubrimiento de un esqueleto casi completo demuestra que algunos de los primeros perros eran cazadores de emboscada y no veloces corredores como sus descendientes actuales.
Hallan uno de los esqueletos de perro más completos de hace 30 millones de años. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
A lo largo de muchas décadas permaneció oculto bajo una gruesa capa de roca en la colección de un museo de Oregón. Cuando fue extraído a finales de los años ochenta, los paleontólogos pensaron que pertenecía a un oreodonte, un grupo de mamíferos extinguidos emparentados lejanamente con camellos, cerdos y ovejas. Nadie imaginaba que, en realidad, estaban ante uno de los fósiles de perro más completos descubiertos en Norteamérica.
Ahora, un estudio publicado en Journal of Paleontology ha demostrado que aquel ejemplar pertenece a Mesocyon coryphaeus, un cánido que vivió hace entre 31 y 29 millones de años durante el Oligoceno. Lo más sorprendente es que esta especie llevaba casi siglo y medio siendo conocida únicamente por cráneos aislados. Por primera vez, los investigadores han podido reconstruir prácticamente todo su esqueleto y, con ello, descubrir cómo se movía, cómo cazaba y qué lugar ocupaba en los ecosistemas de aquella época.
El hallazgo no solo llena uno de los grandes vacíos en la evolución temprana de los perros. También obliga a revisar una idea muy extendida: la de que los primeros miembros de la familia Canidae evolucionaron rápidamente hacia animales especializados en correr largas distancias, como hacen hoy lobos, zorros o coyotes.
Un perro muy diferente al que imaginamos.
Hace unos 40 millones de años surgieron los primeros cánidos en Norteamérica. Aquellos animales habitaban bosques densos y húmedos muy distintos de los paisajes abiertos que hoy asociamos a los grandes depredadores. Con el paso del tiempo, el clima comenzó a enfriarse y muchas de aquellas masas forestales dieron paso a bosques más abiertos y zonas de matorral.
Hasta ahora existía la duda de cuándo aparecieron las adaptaciones que caracterizan a los perros modernos: patas largas, articulaciones rígidas y una anatomía diseñada para recorrer grandes distancias persiguiendo presas.
El nuevo fósil ofrece una respuesta inesperada. Mesocyon coryphaeus tenía aproximadamente el tamaño de un coyote, pero su cuerpo estaba construido de una forma completamente distinta. Sus extremidades eran más cortas y robustas, con huesos especialmente fuertes y articulaciones mucho más móviles que las de los cánidos actuales.
Los investigadores describen un animal que conservaba muchas características primitivas heredadas de sus antepasados. Su codo permitía una mayor rotación del antebrazo, algo incompatible con un corredor especializado, pero muy útil para sujetar presas o desplazarse entre obstáculos.
El fósil de Mesocyon coryphaeus fue descubierto a finales de la década de 1980 en unos terrenos gestionados por la Oficina de Administración de Tierras de Estados Unidos (BLM), muy cerca del Monumento Nacional John Day Fossil Beds, en Oregón. Foto: National Park Service.
"Este fósil ofrece una evidencia excepcional de cómo eran los primeros perros y nos permite comprender una etapa de su evolución que hasta ahora era prácticamente desconocida".
Las patas cuentan una historia inesperada.
Gran parte de las conclusiones del estudio proceden del análisis del esqueleto postcraneal, es decir, todos los huesos situados detrás del cráneo. Hasta ahora esa información era prácticamente desconocida para esta especie.
Uno de los detalles más llamativos aparece en sus patas. El fósil conserva estructuras que indican que todavía mantenía un apoyo del pie mucho más parecido al de animales primitivos que al de los perros actuales.
- Te puede interesar: Descubren en Japón una auténtica cápsula del tiempo: un espectacular fósil de abeja de 2,5 millones de años llena uno de los mayores vacíos de su evolución. Christian Pérez.
Los perros modernos caminan prácticamente sobre los dedos, una postura denominada digitígrada que mejora la velocidad y la eficiencia durante la carrera. Sin embargo, Mesocyon parece haber conservado una posición intermedia, apoyando en ocasiones una mayor parte del pie sobre el suelo. Esa característica, unida a unas extremidades compactas, sugiere que la velocidad nunca fue su principal ventaja evolutiva.
El estudio también identifica una anatomía del tarso y del codo incompatible con la locomoción cursorial que aparecería millones de años después en otros linajes de cánidos.
Más parecido a un cazador de emboscadas que a un lobo.
Las conclusiones de los investigadores cambian por completo la imagen que se tenía de este animal.
En lugar de recorrer largas distancias persiguiendo herbívoros, Mesocyon coryphaeus probablemente esperaba oculto entre la vegetación antes de lanzarse sobre presas relativamente pequeñas. Su estrategia habría recordado más a la de algunos grandes mustélidos actuales que a la de un lobo o un perro salvaje africano.
Este comportamiento también encaja con el paisaje del Oligoceno en el oeste de Norteamérica. Aunque el clima se había vuelto más seco y fresco que durante el Eoceno, todavía existían suficientes zonas boscosas y arbustivas para favorecer la caza mediante emboscadas. Los autores plantean que animales como pequeños ungulados, roedores e incluso hipertragúlidos —mamíferos similares a diminutos ciervos— pudieron formar parte habitual de su dieta.
En otras palabras, la transformación de los perros hacia grandes corredores no fue inmediata. Durante millones de años convivieron formas con estilos de vida muy distintos.
Un fósil que pasó desapercibido durante décadas.
La historia del descubrimiento resulta casi tan llamativa como el propio animal.
El ejemplar fue localizado cerca del actual John Day Fossil Beds National Monument, en Oregón, durante la década de 1980. Tras su extracción quedó protegido dentro de un gran bloque de yeso mientras esperaba ser preparado.
Los trabajos avanzaron lentamente durante más de treinta años. Primero se liberó el cráneo para exhibirlo en el museo. Años después comenzaron nuevas campañas de preparación que acabaron revelando la extraordinaria conservación del resto del esqueleto.
En total fueron necesarias cientos de horas de trabajo para extraer cuidadosamente cada hueso. El resultado fue un ejemplar que conserva prácticamente toda la columna vertebral, las extremidades completas, buena parte de las manos y las patas, además del cráneo articulado con la mandíbula. Incluso apareció preservado el báculo, un hueso presente en el pene de muchos mamíferos, lo que permitió identificar con certeza que se trataba de un macho.
Hallan el esqueleto de un perro de hace 30 millones de años que cambia lo que sabíamos sobre los primeros cánidos. Foto: National Park Service/Roger Witter
"Durante casi 150 años conocíamos esta especie únicamente por sus cráneos. Ahora, por primera vez, podemos reconstruir cómo era el resto de su cuerpo".
Una rama evolutiva que desapareció para siempre.
El estudio también recuerda que la evolución de los perros fue mucho más diversa de lo que muestran las especies actuales.
Hoy sobreviven lobos, zorros, chacales, coyotes y decenas de especies emparentadas, pero todas pertenecen a una única rama evolutiva que logró perdurar. Mesocyon coryphaeus, en cambio, formó parte de un linaje completamente extinguido.
Eso significa que su combinación de características anatómicas y ecológicas no tiene equivalente vivo. No fue un antepasado directo de los perros domésticos, sino un experimento evolutivo diferente que prosperó durante millones de años antes de desaparecer.
Precisamente por eso este esqueleto tiene un valor excepcional. No solo permite completar una pieza que faltaba en el árbol evolutivo de los cánidos, sino que demuestra que la historia de los perros fue mucho más compleja de lo que se pensaba. Antes de convertirse en los grandes corredores que dominan muchos ecosistemas actuales, algunos de sus antiguos parientes fueron cazadores robustos, flexibles y perfectamente adaptados a un mundo que ya no existe.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante