Hallan el fósil más completo del misterioso "conejo del Cretácico" y resuelven un enigma de 40 años

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEOZOOLOGÍA.-

Un fósil excepcionalmente completo encontrado en Mongolia desmonta una teoría aceptada durante décadas sobre los primeros mamíferos y demuestra que los dientes, por sí solos, pueden contar una historia engañosa.

Un fósil descubierto en Mongolia demuestra que uno de los grupos de mamíferos más enigmáticos del Cretácico no era lo que los científicos habían creído durante décadas. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

Durante casi cuarenta años, un pequeño grupo de mamíferos extinguidos ha ocupado un lugar incómodo en el árbol evolutivo. Sus fósiles aparecían de forma fragmentaria, casi siempre reducidos a dientes aislados que parecían indicar que estos animales estaban emparentados con los ancestros de los mamíferos placentarios actuales, el grupo al que pertenecen los seres humanos, los perros o los elefantes. Sin embargo, un hallazgo realizado en el desierto de Gobi acaba de cambiar radicalmente esa interpretación.

El protagonista de esta historia es Tamirkhan balcarceli, una nueva especie descubierta en Mongolia cuyo estado de conservación ha permitido a los paleontólogos observar mucho más que su dentadura. El esqueleto conserva buena parte del cráneo y las extremidades posteriores, ofreciendo por primera vez una imagen casi completa de cómo era realmente uno de estos enigmáticos animales que vivieron junto a los dinosaurios hace unos 70 millones de años.

La investigación, publicada en la revista Nature, sostiene que los zheléstidos no pertenecían al linaje de los mamíferos placentarios, como defendían numerosos estudios desde finales del siglo XX. En realidad, formaban parte de otra rama evolutiva completamente distinta, los zalambdalestoideos, un grupo de pequeños mamíferos insectívoros que evolucionó de manera independiente.

El descubrimiento no solo modifica el parentesco de una familia de mamíferos prehistóricos. También cuestiona uno de los principios clásicos de la paleontología: la idea de que un diente puede revelar con precisión el aspecto y la posición evolutiva de un animal desaparecido.

Un fósil excepcional que resolvió un viejo rompecabezas.

La historia comenzó en 2004, durante una expedición científica organizada en el desierto de Gobi. Allí apareció un fósil que permaneció años bajo estudio hasta que los investigadores pudieron reconstruir con detalle su anatomía.

El paleontólogo Andrés Giallombardo, autor principal del estudio, recuerda la importancia del hallazgo: "Este descubrimiento demuestra por qué el trabajo de campo sigue siendo indispensable para comprender la historia de la vida. Fue la emoción de toda una carrera encontrar una especie nueva tan bien conservada que, además, resuelve un problema científico que llevaba décadas abierto", afirma.

Hasta ahora, este grupo era conocido casi exclusivamente por sus dientes. Estos presentaban coronas bajas y redondeadas, adaptadas a triturar vegetales, un rasgo poco habitual entre los pequeños mamíferos del Cretácico, cuya alimentación era mayoritariamente insectívora. Esa característica llevó durante años a pensar que representaban uno de los primeros experimentos evolutivos de los mamíferos placentarios.

Pero Tamirkhan balcarceli cuenta una historia muy diferente. Su cráneo conserva unos incisivos largos de crecimiento continuo. A ello se suma un detalle especialmente revelador: las patas traseras son largas y estilizadas, con una estructura del tobillo prácticamente idéntica a la de ese grupo de mamíferos.-

Según explica el paleontólogo Shawn Zack, de la Universidad de Arizona, "las extremidades posteriores y los tobillos de Tamirkhan son inconfundiblemente propios de los zalambdalestoideos", una evidencia anatómica difícil de discutir.

Reconstrucción de Tamirkhan balcarceli a partir del cráneo y parte de una extremidad posterior. Foto: Nicole Wong / AMNH

Lo que parecía un antiguo pariente de los mamíferos placentarios resultó pertenecer a un linaje completamente distinto. La clave no estaba en los dientes, sino en el resto del esqueleto.

Un pequeño "conejo" que nunca fue un conejo.

A simple vista, este mamífero habría resultado sorprendente para cualquiera que pudiera observarlo hace millones de años.

Medía entre 15 y 18 centímetros desde la cabeza hasta la cola y poseía unas patas posteriores desproporcionadamente largas que le daban un aspecto similar al de un pequeño conejo moderno. De hecho, algunos paleontólogos llevaban años refiriéndose informalmente a los zheléstidos como los "conejos del Cretácico", aunque no guardaban ninguna relación cercana con los auténticos conejos.

Ese parecido constituye un ejemplo clásico de convergencia evolutiva, un fenómeno por el que especies sin parentesco cercano desarrollan características similares porque ocupan nichos ecológicos parecidos.

En este caso, la alimentación vegetal habría favorecido la aparición de dientes muy semejantes a los de otros mamíferos herbívoros, induciendo a error a varias generaciones de investigadores.

El nuevo fósil demuestra que dos animales pueden desarrollar dentaduras prácticamente idénticas sin compartir un origen evolutivo común.

Cuando un solo diente puede llevar a conclusiones equivocadas.

Durante más de dos siglos, los dientes han sido una de las herramientas más valiosas para reconstruir especies extinguidas. Su extraordinaria resistencia hace que sean los restos fósiles que con mayor frecuencia llegan hasta nuestros días.

Sin embargo, este estudio pone de manifiesto que esa información, aunque muy útil, también puede resultar engañosa cuando se analiza de forma aislada.

La paleontóloga Maureen O'Leary, coautora del trabajo, recuerda que "hace más de 200 años Georges Cuvier defendía que un solo diente permitía predecir la anatomía completa de un animal. Aunque los dientes siguen siendo uno de los fósiles más informativos, este trabajo demuestra que no siempre pueden decirnos cómo era realmente el resto del cuerpo".

El caso de Tamirkhan balcarceli representa precisamente esa excepción. Durante décadas, los dientes apuntaban hacia una dirección evolutiva que el resto del esqueleto ha terminado desmintiendo.-

El estudio también aporta un mensaje importante para la paleontología moderna: las hipótesis construidas a partir de fósiles fragmentarios deben revisarse continuamente cuando aparecen nuevos ejemplares más completos.

Paisaje de Khugenetsavkhlant, en el este del desierto del Gobi, el lugar donde los paleontólogos encontraron el fósil de Tamirkhan balcarceli. Foto: Michael Novacek / AMNH

"El llamado "conejo del Cretácico" nunca fue un conejo ni un antepasado de los conejos. Su parecido era solo el resultado de la evolución convergente".

El desierto de Gobi vuelve a sorprender a la ciencia.

El hallazgo vuelve a poner de relieve el enorme valor científico del desierto de Gobi, una de las regiones más importantes del planeta para estudiar la evolución de los vertebrados durante el Cretácico.

A diferencia de otros yacimientos, donde los restos aparecen muy fragmentados, en Mongolia es relativamente frecuente recuperar esqueletos completos o casi completos de pequeños mamíferos que convivieron con los dinosaurios.

Michael Novacek, uno de los responsables de las expediciones desarrolladas en la región desde hace décadas, resume así la relevancia del enclave: "Gobi es uno de los pocos lugares donde recuperamos de forma habitual mamíferos del Cretácico tan extraordinariamente completos. Estos fósiles continúan transformando nuestra comprensión de la evolución de los mamíferos".

Las conclusiones del trabajo también han sido posibles gracias al empleo de MorphoBank, una de las mayores bases de datos anatómicas utilizadas para reconstruir las relaciones evolutivas entre especies fósiles.

Con cada nuevo descubrimiento, el árbol genealógico de los primeros mamíferos se vuelve un poco más complejo. Y también más preciso. Porque, como demuestra este pequeño animal hallado bajo las arenas de Gobi, incluso una teoría aceptada durante décadas puede cambiar cuando aparece el fósil adecuado.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante