Descubren qué ocurrió realmente tras el impacto que acabó con los dinosaurios: el planeta se convirtió en un inmenso horno antes del invierno global
CIENCIAS DE LA TIERRA Y EL ESPACIO.
Una nueva investigación plantea que el impacto de Chicxulub desencadenó un calor tan extremo que pudo acabar con gran parte de la vida terrestre en apenas unas horas.
Un nuevo estudio encuentra la pieza que faltaba en la desaparición de los dinosaurios. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Durante décadas, la imagen más popular sobre la extinción de los dinosaurios ha sido la de un planeta envuelto en una nube de polvo que bloqueó la luz solar durante años, desplomó las temperaturas y provocó el colapso de los ecosistemas. Ese escenario sigue siendo una pieza clave del rompecabezas, pero un nuevo estudio plantea que antes de llegar a ese largo invierno ocurrió algo todavía más inmediato y devastador.
Según una investigación publicada en Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, el impacto del asteroide de Chicxulub habría desencadenado una inmensa ola de calor global en cuestión de minutos. Ese pulso térmico, reforzado por enormes cantidades de polvo fino suspendidas en la atmósfera, habría convertido la superficie terrestre en un entorno prácticamente inhabitable para la mayoría de los animales que no pudieron refugiarse.
La propuesta no sustituye la teoría del invierno de impacto, sino que la amplía. Los autores defienden que ambos procesos ocurrieron de forma consecutiva: primero un episodio de calor extremo con incendios potencialmente generalizados y, después, una prolongada etapa de oscuridad y enfriamiento global.
La investigación reabre un debate científico que lleva décadas abierto: ¿qué fue exactamente lo que acabó con el 75 % de las especies hace 66 millones de años? Para los autores, la respuesta podría estar mucho más cerca de las primeras horas posteriores al impacto de lo que tradicionalmente se había pensado.
El polvo más fino pudo ser la pieza que faltaba para entender la extinción.
Cuando el asteroide impactó contra la actual península de Yucatán liberó una cantidad de energía difícil de imaginar. Millones de toneladas de roca fueron vaporizadas de forma instantánea y expulsadas a cientos o miles de kilómetros de altura.
Los investigadores explican que ese material no tuvo un comportamiento uniforme. Una parte se condensó rápidamente formando pequeñas esférulas de roca fundida, diminutas gotas vítreas de apenas unas décimas de milímetro que comenzaron a caer de nuevo hacia la Tierra. Otra fracción permaneció durante más tiempo en forma de vapor antes de transformarse en partículas de polvo extremadamente finas.
Hasta ahora, numerosos modelos habían analizado el calor generado por la reentrada atmosférica de esas esférulas. Sin embargo, el nuevo trabajo sostiene que faltaba incorporar un elemento esencial: la enorme cantidad de polvo fino que también se habría distribuido por toda la atmósfera.
Ese polvo actuaría como una gigantesca manta térmica. En lugar de permitir que el calor escapara hacia el espacio, lo retendría cerca de la superficie, multiplicando la intensidad del pulso de radiación generado por las esférulas que regresaban desde el espacio.
Los autores apoyan esta idea combinando simulaciones físicas con nuevas evidencias geológicas obtenidas en yacimientos excepcionalmente bien conservados del límite entre el Cretácico y el Paleógeno, donde aparecen capas de polvo muy fino separadas de los depósitos principales de esférulas.
Un ejemplar de Ankylosaurus magniventris, uno de los dinosaurios acorazados más emblemáticos del Cretácico, contempla el instante en que el asteroide impacta contra la península de Yucatán hace 66 millones de años. Foto: Fabio Manucci
"El impacto no solo sumió a la Tierra en un invierno global: antes pudo convertir el planeta en un inmenso horno durante las primeras horas".
La Tierra pudo convertirse durante unos minutos en un auténtico horno.
El estudio ofrece una imagen especialmente llamativa de lo que habría sucedido tras el impacto.
Mientras las diminutas esférulas atravesaban la atmósfera a gran velocidad, su energía cinética se transformaba en calor. Por sí solas ya producían un intenso pulso térmico, pero al quedar atrapada esa radiación bajo la nube de polvo, el efecto se habría amplificado de forma muy significativa.
Los cálculos realizados indican que el flujo de calor alcanzaría valores suficientes para prender con facilidad vegetación seca, líquenes, agujas de pino y otros combustibles naturales. Incluso si los grandes troncos no llegaban a incendiarse inmediatamente en todas las regiones del planeta, esos focos iniciales podrían haber dado origen a incendios mucho más extensos.
La investigación también plantea que el calor habría sido letal para muchos vertebrados terrestres. Basándose en estudios sobre exposición térmica, los autores estiman que los niveles de radiación habrían superado ampliamente los umbrales considerados mortales para organismos complejos.
En ese escenario, sobrevivir habría dependido menos del tamaño del animal que de su capacidad para encontrar refugio. Especies capaces de esconderse bajo tierra, permanecer sumergidas en el agua o protegerse en cavidades naturales habrían contado con una ventaja decisiva durante aquellas primeras horas.
Los nuevos hallazgos geológicos apoyan este escenario.
Uno de los aspectos más importantes del trabajo no reside únicamente en los modelos informáticos, sino en el registro fósil.
Los investigadores prestan especial atención al famoso yacimiento de Tanis, en Dakota del Norte, donde se conservan peces muertos el mismo día del impacto con pequeñas esférulas atrapadas en sus branquias. Sobre esos depósitos aparece una capa distinta compuesta por polvo extremadamente fino rico en elementos asociados al impacto.
Para los autores, esa separación entre ambos materiales indica que las esférulas y el vapor de roca no permanecieron juntos durante todo el proceso. Tras dispersarse por la atmósfera, el vapor terminó condensándose posteriormente en un polvo muy fino que quedó distribuido de forma global.
Resultados similares procedentes de otros afloramientos del límite K-Pg respaldan esa interpretación y sugieren que este polvo pudo permanecer suspendido durante mucho más tiempo que las esférulas, desempeñando además un papel esencial en el posterior invierno de impacto.
En otras palabras, el mismo material que primero intensificó el calentamiento extremo habría contribuido después a bloquear la llegada de la luz solar durante años, favoreciendo el colapso de la fotosíntesis y de las cadenas alimentarias.
Los investigadores plantean que la mayoría de los seres vivos terrestres perecieron en las primeras horas tras el impacto del asteroide, mucho antes de que comenzara el prolongado invierno global. Foto: Mark Garlick
"Sobrevivir no dependía del tamaño, sino de encontrar un refugio bajo tierra, en el agua o protegido del pulso térmico".
Un viejo debate científico vuelve a abrirse.
Desde hace décadas, los investigadores discuten cuál fue el mecanismo principal responsable de la gran extinción del final del Cretácico.
Algunos estudios habían restado importancia a la posibilidad de incendios globales, mientras que otros otorgaban el protagonismo casi exclusivamente al prolongado enfriamiento climático provocado por el polvo y los aerosoles.
El nuevo trabajo no pretende eliminar ninguna de esas hipótesis, sino integrarlas dentro de una secuencia más compleja. Según sus autores, el planeta habría atravesado dos fases consecutivas de enorme violencia: un calentamiento extremo prácticamente inmediato y un invierno global que se prolongó durante años.
El estudio también entra indirectamente en otro de los grandes debates actuales: el papel del vulcanismo de las Traps del Decán. Los investigadores sostienen que, al menos para la fauna terrestre, el impacto de Chicxulub habría sido suficiente para explicar por sí solo la mortalidad masiva registrada hace 66 millones de años.
Como ocurre con cualquier propuesta científica, serán necesarios nuevos análisis en otros yacimientos para comprobar hasta qué punto este escenario puede confirmarse. Pero la investigación aporta una nueva pieza al complejo puzle de la desaparición de los dinosaurios y plantea que la fase más mortal de aquella catástrofe quizá ocurrió mucho antes de que el planeta quedara envuelto en la oscuridad.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante