Científicos presencian por primera vez el nacimiento de un fragmento de corteza oceánica: así se abrió el fondo del mar en solo unas horas
CIENCIAS DE LA TIERRA / OCEANOGRAFÍA.
Un observatorio instalado en el océano Índico captó un proceso geológico que hasta ahora solo podía reconstruirse a partir de sus huellas: el momento en que la Tierra creó nuevo suelo oceánico.
Científicos observan por primera vez cómo nace un nuevo fragmento de corteza oceánica mientras la Tierra se abre bajo el mar. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Durante décadas, los geólogos han explicado que el fondo de los océanos no es una superficie inmóvil, sino una gigantesca fábrica donde se genera nueva corteza terrestre de forma continua. Sin embargo, existía un problema evidente: nadie había conseguido observar directamente ese proceso mientras sucedía. Se conocía el resultado, pero nunca el mecanismo completo en tiempo real. Hasta ahora.
Un equipo internacional de investigadores ha logrado registrar, por primera vez, un episodio completo de expansión del fondo marino en una dorsal oceánica. El acontecimiento, descrito en la revista Nature, ofrece una visión inédita de cómo el interior del planeta rompe la corteza, libera enormes cantidades de magma y construye una nueva porción del suelo oceánico.
El escenario del descubrimiento se encuentra en una de las regiones más remotas del planeta: la dorsal del Índico Sudoriental, cerca de la isla francesa de Ámsterdam, entre Australia y la Antártida. Allí, donde las placas tectónicas australiana y antártica se separan lentamente, los científicos habían instalado un sofisticado observatorio submarino apenas dos meses antes de que la naturaleza decidiera ofrecerles un espectáculo que muchos investigadores nunca llegan a presenciar en toda su carrera.
Lo que ocurrió a finales de abril de 2024 fue tan excepcional que los propios autores reconocen que no esperaban registrar un episodio de semejante magnitud. Su objetivo inicial era medir pequeños desplazamientos de apenas unos centímetros para comprender cómo se acumulan las tensiones entre las placas tectónicas. En lugar de eso, fueron testigos de uno de esos rarísimos episodios capaces de remodelar el planeta.
El momento en que el fondo del océano comenzó a romperse.
La secuencia empezó el 26 de abril de 2024. Los hidrófonos —micrófonos submarinos capaces de detectar vibraciones a grandes distancias— comenzaron a registrar una intensa sucesión de terremotos que avanzaba rápidamente a lo largo de la dorsal oceánica.
Los terremotos no eran un fenómeno aislado. Eran la señal de que un enorme volumen de magma estaba abriéndose paso desde las profundidades de la Tierra. Bajo el fondo marino existía un reservorio situado aproximadamente a 3,6 kilómetros de profundidad que comenzó a vaciarse de forma extraordinariamente rápida.
Ese drenaje provocó que el suelo situado encima perdiera soporte y empezara a hundirse.
Captan por primera vez el instante en que la Tierra crea nueva corteza oceánica en las profundidades del océano. Foto: NOAA
Los instrumentos del observatorio registraron un descenso acumulado de 4,2 metros del valle que marca el eje de la dorsal, una deformación gigantesca para un fenómeno geológico observado prácticamente en directo. La mayor parte de ese hundimiento ocurrió durante apenas unas horas, antes de continuar más lentamente durante varios días.
Al mismo tiempo, los sensores detectaron un aumento de la temperatura del agua cercana al fondo marino, una pista fundamental para reconstruir lo sucedido. Los investigadores interpretan que el magma ya había alcanzado la superficie submarina y comenzaba a solidificarse al contacto con el agua fría del océano.
"Más de dos tercios de la superficie terrestre se han formado mediante este mismo proceso, pero nunca antes había podido observarse directamente".
Una grieta que creó nuevo suelo oceánico.
El proceso no consistió únicamente en una erupción volcánica. Según el estudio, el magma ascendió formando grandes diques verticales —fracturas rellenas de roca fundida— que atravesaron la corteza en menos de dos horas.
Estas intrusiones actuaron como auténticas cuñas que empujaban ambos lados de la dorsal en direcciones opuestas. Las mediciones mostraron desplazamientos horizontales de entre dos y cuatro metros, cifras enormes si se comparan con la velocidad habitual de separación entre ambas placas tectónicas.
En condiciones normales, esta dorsal se abre alrededor de 6,3 centímetros al año. Sin embargo, durante el episodio registrado, el movimiento llegó a alcanzar aproximadamente cinco centímetros por minuto.
Traducido a una escala más intuitiva, en cuestión de horas se produjo un desplazamiento equivalente al que normalmente requeriría entre tres y seis décadas de expansión continua del fondo oceánico.
Los investigadores describen este tipo de acontecimientos como episodios discretos de expansión, en los que décadas de tensión acumulada se liberan de golpe mediante terremotos, fracturación de la corteza y ascenso masivo de magma.
Más de 150 millones de metros cúbicos de lava.
Las campañas de cartografía realizadas antes y después del episodio permitieron comparar el relieve submarino con gran precisión.
Las diferencias fueron sorprendentes. Donde antes existía un relieve relativamente estable aparecieron nuevas coladas volcánicas distribuidas a lo largo de varios kilómetros de la dorsal.
Los autores estiman que durante la erupción se expulsaron entre 148 y 160 millones de metros cúbicos de lava. En algunos sectores, los nuevos depósitos alcanzaban espesores superiores a los 90 metros.
La actividad eruptiva no fue instantánea. Las señales hidroacústicas asociadas al contacto entre la lava y el agua indican que la emisión de magma se prolongó durante aproximadamente dieciséis días, aunque el momento más intenso ocurrió durante las primeras horas del fenómeno.
Todo ese material terminó enfriándose rápidamente y formando una nueva porción de corteza oceánica, exactamente el mismo mecanismo mediante el cual se ha generado más de dos tercios de la superficie terrestre a lo largo de la historia geológica del planeta.
"El episodio registrado condensó en apenas unas horas el desplazamiento que normalmente tardaría entre 30 y 60 años en producirse".
El misterio de las fallas "silenciosas".
Además de documentar el nacimiento de nueva corteza, el trabajo aporta una posible solución a una incógnita que llevaba décadas intrigando a los geofísicos.
Los científicos sabían cuánto se separan las placas tectónicas gracias a las mediciones geodésicas. Sin embargo, cuando sumaban todos los desplazamientos producidos por los terremotos registrados, las cifras nunca cuadraban.
Siempre faltaba una parte importante del movimiento. Las observaciones obtenidas durante este episodio permiten entender por qué. Los modelos desarrollados por el equipo indican que buena parte del desplazamiento no ocurrió durante los terremotos, sino mediante deslizamientos lentos de las fallas que apenas generan ondas sísmicas.
En otras palabras, una gran fracción del movimiento fue prácticamente silenciosa desde el punto de vista sísmico.
Los autores calculan que alrededor de tres cuartas partes del desplazamiento registrado podría haberse producido de forma aseísmica, es decir, sin terremotos capaces de ser detectados por los métodos convencionales.
Este hallazgo ayuda a explicar por qué muchas dorsales oceánicas parecen liberar mucha menos energía sísmica de la que cabría esperar según la velocidad con la que las placas tectónicas se separan.
Mapa batimétrico del fondo marino en la dorsal del Índico Sudoriental, donde en abril de 2024 dos placas tectónicas se separaron y permitieron el ascenso del magma desde el interior de la Tierra. Foto: Royer, JY., Olive, JA., Bazin, S. et al. Nature (2026)
"La Tierra sigue fabricando nueva corteza bajo los océanos, pero estos episodios son tan raros y difíciles de observar que nunca se habían registrado con este nivel de detalle".
Un laboratorio natural para comprender cómo evoluciona la Tierra.
El éxito del experimento también demuestra que la geodesia submarina ha alcanzado un nivel de precisión capaz de estudiar procesos que hasta hace muy poco resultaban prácticamente inaccesibles.
El observatorio instalado cerca de la isla de Ámsterdam combinó hidrófonos, sensores de presión en el fondo oceánico, sistemas acústicos para medir desplazamientos horizontales y campañas repetidas de cartografía del relieve submarino.
Gracias a esa combinación de técnicas fue posible reconstruir casi minuto a minuto la evolución completa del episodio: desde los primeros terremotos hasta la propagación de los diques, el hundimiento del fondo marino y la posterior erupción volcánica.
Aunque los propios investigadores reconocen algunas limitaciones —como la resolución de parte de la cartografía submarina o la dificultad para determinar con exactitud la profundidad de algunos terremotos— consideran que el estudio marca un antes y un después para la geofísica marina.
Hasta ahora, el nacimiento de nueva corteza oceánica era un proceso deducido a partir de sus consecuencias. A partir de este trabajo, los científicos disponen por primera vez de un registro directo de cómo sucede realmente uno de los mecanismos que más ha transformado la superficie del planeta durante cientos de millones de años.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante