Descubren en el Ártico un depredador gigante de 2,7 metros que vivió hace más de 230 millones de años: su fósil fue abandonado durante 37 años y es el mayor de su clase

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.-

Un esqueleto hallado en Svalbard en 1948 y abandonado durante 37 años pertenece a un depredador acuático de 2,7 metros que no se parecía a ningún plagiosáurido conocido.

Un fósil abandonado en el Ártico durante décadas resulta ser el mayor depredador triásico de su clase. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

En el verano de 1948, una expedición británica que recorría Bjørnøya, la Isla del Oso, en el archipiélago noruego de Svalbard, se encontró con un esqueleto fosilizado de dimensiones considerables en la ladera de la montaña Miseryfjellet. Estaba a unos 430 metros sobre el nivel del mar y recuperarlo no era una tarea sencilla. El equipo hizo lo que pudo: tomó fotografías, recogió algunas piezas y dejó buena parte del animal en el lugar donde había permanecido enterrado durante millones de años.

Aquellas fotografías acabarían siendo mucho más importantes de lo que nadie podía imaginar. El fósil quedó expuesto al clima ártico y durante 37 años el hielo, el agua y la meteorización fracturaron y destruyeron numerosos huesos. Cuando fue localizado de nuevo accidentalmente en 1984 y finalmente excavado por una expedición noruega en 1985, parte de la anatomía que aparecía en las imágenes originales ya había desaparecido.

Ahora, un equipo encabezado por el paleontólogo Rainer R. Schoch ha conseguido reconstruir la historia de aquel animal. El estudio, publicado en Papers in Palaeontology, concluye que no pertenecía a ninguna especie conocida. Los investigadores lo han bautizado Arctobatrachus urdensis: un temnospóndilo plagiosáurido que alcanzaba aproximadamente 2,7 metros de longitud y vivió durante el Triásico Medio. Es, con diferencia, el miembro más grande de su familia descubierto hasta ahora.

Lo verdaderamente interesante, sin embargo, no es solo su tamaño. Su anatomía muestra una combinación inesperada de rasgos primitivos y características especializadas que ofrece una ventana a uno de los diseños corporales más peculiares entre los grandes anfibios del pasado.

Una cabeza de 70 centímetros de ancho.

Los plagiosáuridos difícilmente pasarían desapercibidos si pudiéramos contemplarlos vivos. Eran animales acuáticos con cuerpos aplanados y cabezas extraordinariamente anchas, adaptados a una existencia estrechamente vinculada al fondo de lagos, ríos y ambientes costeros. En algunas especies, la silueta parece llevar al límite la idea de un depredador achatado.-

Arctobatrachus urdensis llevó esa anatomía a otra escala. Su cráneo medía unos 70 centímetros de ancho, pero solamente 21 centímetros a lo largo de la línea media. Visto desde arriba dibujaba prácticamente un semicírculo. Sus enormes órbitas alcanzaban unos 13,5 centímetros de longitud y 12 de anchura. Para reconstruir las partes destruidas, los paleontólogos compararon los restos conservados con las fotografías realizadas cuando el esqueleto fue descubierto en 1948.

Aspecto del fósil de Arctobatrachus urdensis cuando fue descubierto en 1948 (A–C), estado actual del cráneo tras décadas de deterioro (D) y reconstrucción del esqueleto a partir de los restos conservados (E). Fuente: Rainer R. Schoch et al., Papers in Palaeontology (2026)

La boca resulta todavía más reveladora. El animal combinaba numerosos dientes pequeños con piezas considerablemente mayores y colmillos en el paladar. Además, la articulación de la mandíbula estaba situada excepcionalmente atrás, una disposición que ampliaba la apertura de la boca.

El tamaño corporal, las dimensiones de los dientes y esa enorme abertura llevan a los autores a interpretar al animal como un consumidor de presas grandes. Hasta ahora, los plagiosáuridos eran conocidos principalmente como depredadores acuáticos más modestos que convivían con gigantes como los capitosauroides y metoposáuridos. Arctobatrachus cambia ese escenario: los investigadores lo consideran el primer plagiosáurido conocido que ocupó el papel de gran depredador.

Y hay otro detalle. Su tronco relativamente alargado y probablemente también su cola sugieren que podía propulsarse mediante ondulaciones del cuerpo y que habría sido un nadador más competente que algunos de sus parientes posteriores, mucho más compactos y sedentarios.

"Con unos 2,7 metros de longitud, Arctobatrachus urdensis es, con diferencia, el plagiosáurido más grande conocido hasta ahora".

Un animal que ayuda a reconstruir una transformación evolutiva.

El análisis filogenético sitúa a Arctobatrachus urdensis en la base de los Plagiosauridae. No significa que sea necesariamente el antepasado directo de las especies posteriores, sino que conserva una combinación de características próxima a una etapa temprana de la evolución del grupo. El estudio analizó 122 caracteres anatómicos y coloca al nuevo género antes que formas más especializadas como Plagiosuchus, Gerrothorax o Plagiosternum.

Su anatomía permite plantear algo especialmente interesante: la característica cabeza de los plagiosáuridos parece haberse transformado antes que el resto del cuerpo. El ensanchamiento del cráneo, el aumento del tamaño de las órbitas y el acortamiento de la región posterior ya estaban presentes mientras otras partes del esqueleto mantenían características más primitivas.

Las vértebras ofrecen una de las pistas más inesperadas. Algunas se parecen tanto a las de grandes capitosauroides y metoposáuridos que, según los investigadores, si hubieran aparecido aisladas habría resultado difícil identificarlas como pertenecientes a un plagiosáurido. Este detalle no solo ayuda a reconstruir cómo evolucionó su columna vertebral; también invita a ser prudentes con la identificación de vértebras aisladas encontradas en otros yacimientos.-

Con el paso del tiempo, otros miembros de la familia desarrollarían troncos todavía más bajos, esqueletos pectorales modificados e incluso auténticas armaduras de pequeños huesos dérmicos. Arctobatrachus, en cambio, carecía por completo de osteodermos y escamas gastrales. Es una especie situada cerca del comienzo de esa extraordinaria transformación anatómica.

Comparación del cráneo de Arctobatrachus urdensis (A) con el de otras especies conocidas de plagiosáuridos. Fuente: Rainer R. Schoch et al., Papers in Palaeontology (2026)

"Las fotografías tomadas en 1948 conservaron detalles anatómicos que décadas después ya habían desaparecido del fósil".

Un gigante acuático en las costas del Triásico.

El lugar donde apareció añade una última pieza al rompecabezas. El esqueleto procede de la Formación Skuld y corresponde al Ladiniense tardío. Los sedimentos indican un ambiente marino somero, probablemente próximo a la costa o a un prodelta. Y el hecho de que el esqueleto estuviera articulado sugiere que el cadáver no viajó una gran distancia antes de quedar enterrado.

Esto refuerza la posibilidad de que Arctobatrachus tolerase el agua salada. No sería una excepción dentro de su familia: otros plagiosáuridos aparecen en ambientes salobres o marinos y existen indicios de tolerancia a cambios de salinidad. Los autores plantean incluso que esta capacidad pudo facilitar la dispersión de estos animales por Pangea durante el Triásico Inferior y Medio.

El resultado convierte un fósil castigado durante décadas por la intemperie en una pieza importante para comprender la evolución de todo un linaje. Paradójicamente, parte de la información científica más valiosa no estaba ya en los huesos cuando comenzó el estudio, sino en unas fotografías tomadas en una montaña del Ártico en 1948.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante