Descubren un pez acorazado que vivió hace 254 millones de años y se libró por poco del impacto de un gigantesco meteorito

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.-

Un excepcional fósil de 15 centímetros descubierto en Brasil revela cómo eran los peces que habitaban Gondwana poco antes de la mayor extinción masiva de la historia.

Hallan un pez acorazado de 254 millones de años que vivió justo antes de que un enorme meteorito golpeara su mundo. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

Mucho antes de que aparecieran los dinosaurios, el interior de lo que hoy es Brasil era un lugar muy diferente. Sudamérica todavía formaba parte de Gondwana y, en una región actualmente ocupada por el estado de Mato Grosso, se extendía un enorme sistema lacustre en proceso de desecación. Allí vivía un pez de apenas 15 centímetros cuyo cuerpo estaba protegido por decenas de filas de escamas duras.

Más de 250 millones de años después, aquel animal ha recibido un nombre: Leolepis matogrossensis. Un equipo internacional de investigadores ha descrito la nueva especie a partir de un fósil excepcionalmente completo recuperado en la Formación Corumbataí, dentro de la cuenca del Paraná. El trabajo ha sido publicado en Journal of South American Earth Sciences.

El lugar del descubrimiento añade un ingrediente extraordinario a la historia. El fósil apareció en Alto Garças, aproximadamente a 50 kilómetros del domo de Araguainha, el mayor cráter de impacto conocido de Sudamérica. La estructura tiene unos 40 kilómetros de diámetro y se originó por la colisión de un objeto extraterrestre de unos dos o tres kilómetros de tamaño, según las estimaciones recogidas por los investigadores.

Y ocurrió en un momento especialmente turbulento de la historia del planeta: alrededor del final del Pérmico, cuando la Tierra atravesó la extinción masiva más devastadora de la que existe constancia.

Una pequeña criatura protegida por una armadura.

El ejemplar que ha permitido identificar a Leolepis matogrossensis fue encontrado en 2005 por el geólogo Léo Adriano de Oliveira. De hecho, el nombre del género constituye un homenaje a su descubridor: combina “Leo” con lepis, palabra procedente del griego antiguo que significa “escama”. El nombre específico hace referencia a Mato Grosso, el estado brasileño donde apareció el fósil.

En un primer momento, según el comunicado del Museo de Historia Natural de Londres, algunos habitantes de la zona llegaron a confundir el fósil con el de una rana. La anatomía conservada contaba, sin embargo, una historia completamente diferente.-

Se trataba de un actinopterigio, es decir, un representante del gran linaje de peces de aletas radiadas al que pertenecen actualmente animales tan familiares como salmones, atunes o bacalaos. Su aspecto habría resultado bastante más extraño para nosotros.

Una panorámica de una parte del cráter de impacto de Araguainha. Foto: Geraldo C. F. Valadares/Wikimedia.

El pez tenía un cuerpo fusiforme de unos 150 milímetros y estaba cubierto por alrededor de 50 filas longitudinales de escamas ganoideas. Estas escamas formaban una protección mucho más rígida que las escamas finas y flexibles características de numerosos peces modernos. El comunicado del museo destaca además que incorporaban dentina y esmalte, materiales que también forman parte de nuestros dientes.

La cabeza aporta algunos de los detalles que han permitido distinguirlo de otros peces fósiles. Presentaba una mandíbula superior alargada, pequeños dientes cónicos y una peculiar disposición de los huesos del cráneo. El fósil conserva incluso buena parte de la ornamentación de esas estructuras óseas.

Por el tamaño y la forma de sus dientes, los investigadores plantean que este pequeño habitante de Gondwana probablemente consumía plantas y pequeños invertebrados.

"Leolepis matogrossensis medía apenas 15 centímetros, pero su cuerpo estaba protegido por unas 50 filas de escamas ganoideas".

Un fósil excepcional en un registro lleno de fragmentos.

Encontrar un pez del Paleozoico relativamente completo en esta región de Brasil no es algo habitual. Gran parte del registro fósil conocido está compuesto por elementos aislados: dientes, escamas y fragmentos de hueso. Los ejemplares articulados capaces de conservar simultáneamente el cráneo y buena parte del cuerpo son mucho más escasos.

Precisamente por eso Leolepis resulta especialmente valioso. Su anatomía permitió a los investigadores intentar determinar qué posición ocupaba en el árbol evolutivo de los actinopterigios.

El equipo comparó al nuevo animal con decenas de taxones mediante una matriz filogenética formada finalmente por 37 grupos y 92 caracteres anatómicos. El análisis situó a Leolepis como el género hermano de Paramblypterus, mientras que otro pez brasileño, Angatubichthys, quedó situado en una posición más basal dentro del mismo conjunto.

Pero el fósil también sirve para reconstruir el escenario en el que vivieron estos animales. Los sedimentos rojizos donde quedó enterrado proceden de la Formación Corumbataí. Durante aquella etapa, la región estaba experimentando importantes transformaciones ambientales.

Los investigadores describen un gran lago poco profundo relacionado con la fase final de desaparición de un antiguo mar continental. El clima se hacía progresivamente más árido y aquel enorme sistema acuático se encontraba en proceso de desecación. En sus aguas convivían peces con otros organismos como bivalvos y ostrácodos.

"El animal vivió hace alrededor de 254 millones de años, en los últimos compases del Pérmico y muy cerca de la mayor crisis biológica conocida".

A 50 kilómetros de un impacto gigantesco.

Hay una coincidencia geológica difícil de pasar por alto. Muy cerca del lugar donde vivió Leolepis se encuentra Araguainha.

Las dataciones del impacto continúan teniendo cierto margen de incertidumbre. El propio estudio señala diferentes estimaciones y advierte de que todavía no existe una edad absolutamente consensuada para el cráter. Algunas mediciones lo sitúan aproximadamente entre 251 y 255 millones de años.-

Ese intervalo coincide aproximadamente con uno de los episodios más dramáticos experimentados por la biosfera. Hace unos 252 millones de años se produjo la extinción del Pérmico-Triásico. El estudio recoge estimaciones según las cuales desapareció más del 70% de las especies terrestres y alrededor del 94% de las marinas.

El fósil aplanado de Leolepis matogrossensis, un pez que habitó el actual territorio de Brasil hace unos 254 millones de años. Foto: Journal of South American Earth Sciences (2026).

Esto no significa que el asteroide de Araguainha provocara aquella catástrofe global. Las enormes erupciones volcánicas ocurridas hacia el final del Pérmico, especialmente las relacionadas con las Traps Siberianas, siguen ocupando un papel central en las explicaciones científicas de la crisis. Los autores plantean, en cambio, que el impacto brasileño pudo añadir una perturbación importante a escala regional —e incluso más extensa— en unos ecosistemas que atravesaban ya un momento crítico.

Existen indicios de que sus consecuencias se propagaron a grandes distancias. El paper recoge investigaciones anteriores que han interpretado estructuras sedimentarias situadas hasta unos 1.000 kilómetros del cráter como evidencias de la intensa actividad sísmica relacionada con el impacto, aunque la cronología y el origen de algunos depósitos continúan siendo objeto de discusión.

Leolepis pertenece al mundo inmediatamente anterior a aquel vuelco. Su importancia no está en haber sobrevivido al asteroide, algo que el único ejemplar conocido no permite afirmar, sino en conservar una imagen excepcional de los peces que habitaban el interior de Gondwana cerca del final del Pérmico.

Y quizá no sea la última. Como señala Martha Richter, coautora del estudio y científica asociada del Natural History Museum de Londres, la extraordinaria conservación del ejemplar sugiere que Sudamérica todavía puede esconder fósiles capaces de completar uno de los capítulos más incompletos de la evolución de los peces.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante