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Por qué un herpes humano común está matando lémures en peligro de extinción

CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA.-

Cuatro lémures mueren en Florida tras contraer un herpesvirus humano común, revelando el peligro de la zoonosis inversa y la interacción directa con fauna exótica sin barreras sanitarias.

Recreacion artistica de un lemur de cola anillada interactuando en contacto directo con una persona. Fuente: Scruzcampillo.

Cuatro lémures han muerto en Florida por un herpesvirus que la mayoría de humanos llevamos sin saberlo. El caso destapa un fenómeno raro, la zoonosis inversa, en la que el contagio viaja del ser humano hacia otra especie.

El herpes que cruza la barrera de especie.

Un virus humano común como el herpes simple tipo 1 ha provocado la muerte de cuatro lémures en dos instalaciones de Florida. El suceso revela la gravedad de la zoonosis inversa y la urgencia de aplicar protocolos de bioseguridad ante el contacto directo con fauna amenazada.

1. Un herpes común, letal en otra especie: el HSV-1 causa herpes labial en personas, pero provoca encefalitis y fallo multiorgánico en prosimios sin defensa evolutiva frente a él.
2. Evidencia por necropsia: los cuatro casos se confirmaron mediante necropsia de los animales, no solo por sospecha clínica.
3. Dos contextos de contagio: un lémur participaba en sesiones de yoga con público y otro vivía como mascota, ambos en contacto sin barrera sanitaria.
4. Contagio en sentido inverso: el virus viajó de humano a animal, la dirección opuesta a la zoonosis habitual.
5. Un salto poco frecuente: los virus suelen ser muy específicos de especie, así que este cruce exitoso es una excepción, no la norma.
6. Presión añadida a una especie amenazada: los lémures ya están en peligro de extinción, así que cada muerte evitable pesa más en conservación.

Cuando se habla de zoonosis, casi siempre pensamos en el salto de un virus animal a una persona, como ocurrió con la gripe aviar o con el origen de la pandemia de COVID-19. En este caso el salto fue al revés: el virus llegó a los lémures desde nosotros, no al contrario.

El responsable se llama herpes simple tipo 1, HSV-1, el mismo que provoca el clásico herpes labial en personas y que porta una parte muy grande de la población mundial sin darle mayor importancia durante toda su vida. Para nosotros suele ser una molestia leve y recurrente, casi nunca un problema serio.

"Un herpes labial no es nada para una persona. Para un lémur puede ser la diferencia entre vivir y morir".

Los cuatro casos se registraron en dos instalaciones distintas de Florida y se confirmaron mediante necropsia, no solo por sospecha clínica a partir de los síntomas. Los investigadores hallaron el mismo herpesvirus humano en los cuatro animales fallecidos.

Uno de los lémures afectados participaba en sesiones de interacción directa con público, del tipo conocido como yoga con lémures; otro vivía como mascota, sin relación alguna con esa actividad turística. El factor común no fue el yoga en sí, sino el contacto cercano y sin barrera sanitaria con personas.

Este tipo de experiencias, en las que el público practica ejercicio o simplemente posa junto a lémures sueltos en un recinto, se ha popularizado en los últimos años como reclamo turístico en varios santuarios y zoológicos de Estados Unidos. La promesa es cercanía y espectacularidad; el problema es que esa misma cercanía, repetida con decenas de visitantes distintos cada semana, multiplica las ocasiones de contacto con saliva, piel o superficies contaminadas sin que exista ningún filtro sanitario de por medio.

Los prosimios como los lémures no comparten con nosotros una larga historia evolutiva de exposición a este virus concreto, así que su sistema inmunitario no sabe cómo contenerlo cuando aparece. Mientras que en las personas el virus entra en fase de latencia en los ganglios neuronales y se reactiva de forma episódica sin comprometer órganos vitales, en estos animales la replicación viral descontrolada invade el sistema nervioso central. Ese virus banal en humanos provoca en ellos encefalitis y fallo multiorgánico.

"El mismo patógeno, dos destinos opuestos: un grano molesto en el labio o una enfermedad mortal, según a qué especie llegue".

Conviene no perder de vista que este salto en dirección inversa no es nada habitual. Virus, bacterias y hongos suelen ser muy específicos con la especie a la que infectan, y los virus en particular tienden a estar muy ajustados a su huésped natural tras millones de años de coevolución. Que un herpesvirus humano cruce con éxito hasta un primate no humano es, precisamente, extraordinario.

Existen precedentes parecidos, aunque escasos, sobre todo en grandes simios: gorilas y chimpancés en cautividad han contraído en el pasado virus respiratorios humanos comunes, como el metapneumovirus o el virus respiratorio sincitial, con consecuencias mucho más graves para ellos que para nosotros. La lección que dejan esos episodios previos es la misma que ahora repiten los lémures de Florida.

Cuatro casos documentados no son una epidemia ni permiten hablar de una crisis sanitaria para la especie en su conjunto. La cifra basta, aun así, para vigilar de cerca este tipo de contagio desde ya.

Los lémures ya figuran entre los primates más amenazados del planeta, así que cada muerte evitable pesa más de lo habitual en términos de conservación de la especie. Perder ejemplares por un virus prevenible añade presión a una población que ya la tiene de sobra.

"No hace falta una pandemia para hacer daño; basta con la proximidad equivocada en el momento equivocado".

El episodio no es un argumento para prohibir sin más el contacto directo con fauna en programas de conservación o de turismo responsable, sino para exigir protocolos claros de bioseguridad en cualquier interacción cercana con especies protegidas. La solución pasa por barreras sanitarias y distancia razonable, no por señalar una única actividad concreta.

Mientras tanto, el caso deja una pregunta abierta para quienes trabajan con fauna sensible en cautividad: cuántas otras especies podrían estar expuestas, sin que nadie lo sepa todavía, a virus humanos que consideramos completamente inofensivos. Vigilar esa pregunta con datos, en lugar de esperar a que aparezcan más animales enfermos, es la diferencia entre anticiparse y volver a llegar tarde.

Por: Santiago Campillo Brocal. Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital.

Sitio Fuente: MuyInteresante