La ciencia tumba una creencia histórica sobre los primates: la riqueza de su lenguaje no nace en el cerebro, sino en los árboles

CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA.-

Descubre por qué la riqueza vocal en los primates depende más del cuerpo y el hábitat que del cerebro. Así lo sostiene un estudio hecho a partir de 77 especies.

Imaginemos por un momento a un primate desplazándose entre las ramas, a varios metros del suelo, en un espacio tridimensional en el que los obstáculos, las alturas y las líneas de visión cambian a cada instante. En ese laberinto vegetal, una llamada puede atravesar el follaje y localizar a un congénere sin recurrir al contacto visual. ¿Y si ese problema físico, y no la mera inteligencia social, explicara por qué algunas especies disponen de un catálogo de sonidos vocales mucho más amplio que otras?

Un trabajo comparativo, publicado en 2026 en Biology Letters, apunta precisamente en esa dirección. Su autor, Adriano R. Lameira, sostiene que el tamaño corporal y el hábitat pesan más de lo que se creía en las diversas formas de llamarse que utilizan los primates, mientras que el volumen cerebral y el tamaño del grupo social quedan relegados a un segundo plano.

"Según un reciente estudio, el tamaño corporal y el hábitat pesan más de lo que se creía en las diversas formas de llamarse que utilizan los primates para comunicarse".

¿Qué es un repertorio vocal?

Un repertorio vocal designa el conjunto de tipos de llamadas acústicamente diferenciables que produce una especie: señales de alarma y de contacto, asociadas a la búsqueda de alimento o al conflicto. No equivale, por tanto, a un lenguaje propiamente dicho. Los primates pueden manejar decenas de señales distinguibles sin mostrar la sintaxis, la productividad combinatoria ni la flexibilidad semántica que caracterizan al habla humana.

Confundir un repertorio amplio con un lenguaje complejo llevaría a interpretar los resultados como una explicación directa del origen del habla, algo que la investigación evita. Lo que mide el estudio es la diversidad de señales, no la capacidad simbólica.

"Un repertorio vocal designa el conjunto de tipos de llamadas acústicamente diferenciables que produce una especie, como las señales de alarma y de contacto".

Un barrido evolutivo de 40 gramos a 100 kilos.

El análisis abarcó 77 especies de primates, con masas corporales que van, aproximadamente, de 40 gramos a 100 kilogramos. Esa amplitud, que cubre desde primates diminutos hasta los grandes simios, permitió comprobar si la escala física del animal se relaciona con la cantidad de señales vocales distinguibles que emplea.

Como posibles predictores, Lameira evaluó cinco factores: el tamaño corporal, la estructura del hábitat, el tamaño cerebral, el tamaño del grupo social y las relaciones filogenéticas, es decir, el parentesco evolutivo entre especies. Este último punto es crucial desde el punto de vista metodológico, puesto que las especies emparentadas pueden parecerse simplemente porque heredaron un rasgo de un antepasado común. El control filogenético corrige ese sesgo y separa la herencia compartida del efecto real de cada variable.

El hallazgo central: cuerpo grande y vida en los árboles.

El resultado principal deriva de la interacción entre dos factores clave: el tamaño corporal y la arboricultura, es decir, la dependencia evolutiva de los árboles. Entre las especies de primates arborícolas, cada duplicación de la masa corporal se asoció con un aumento aproximado del 28 % en el tamaño del repertorio vocal. Dicho de otro modo, en igualdad de condiciones, los primates arborícolas más grandes tienden a manejar un abanico de llamadas notablemente más rico.

¿Por qué el tamaño del cuerpo importaría tanto? Una explicación física plausible remite a la llamada teoría fuente-filtro. La laringe genera la señal sonora y el tracto vocal la modela, filtrando su espectro. Las dimensiones corporales condicionan qué frecuencias resulta posible emitir y qué contrastes acústicos pueden generarse. Así, los animales grandes suelen producir sonidos más graves y potentes.

Simboliza interacción cuerpo grande-hábitat: gran primate en dosel con perspectiva de amplitud, plano medio desde abajo, hoja

"En igualdad de condiciones, los primates arborícolas más grandes tienden a manejar un abanico de llamadas notablemente más rico".

Terrestre, arborícola o mixto: tres escenarios acústicos.

Cuando se deja a un lado el tamaño corporal, aparecen desviaciones reveladoras según el hábitat. Se detectó que los repertorios eran un 3 % menores de lo esperado en las especies principalmente terrestres, un 6 % mayores en las arborícolas y un 17 % mayores en las que combinan árboles y suelo. Como deja claro el estudio, se trata de desviaciones relativas respecto a la expectativa del modelo.

Lameira también detectó que el mayor efecto positivo no corresponde a las especies exclusivamente arborícolas, sino a las de hábitat mixto. Todo apunta a que la flexibilidad ecológica expone al animal a varios problemas de comunicación simultáneos: emitir la llamada entre las ramas, coordinarse a distancia en el suelo y mantener el contacto cuando cambian las condiciones de visibilidad. El suelo, más abierto, podría favorecer otros canales de comunicación, como las posturas corporales o los gestos, mientras que el dosel arbóreo premia las señales acústicas capaces de sortear la vegetación.

"La flexibilidad ecológica expone al animal a varios problemas de comunicación simultáneos: emitir la llamada entre las ramas, coordinarse a distancia en el suelo y mantener el contacto cuando cambian las condiciones de visibilidad".

El cerebro social en entredicho.

En esta muestra, ni el volumen cerebral ni el tamaño del grupo social mostraron con claridad la presencia de un repertorio vocal más amplio. Este dato cuestiona las versiones más simplificadas de la hipótesis del cerebro social, según la cual los grupos más grandes habrían impulsado sistemas de comunicación más complejos.

Con todo, el hecho de que estas variables no destaquen en el conjunto de 77 especies no demuestra que el cerebro o la sociabilidad carezcan de importancia. De hecho, un estudio complementario, publicado también en 2026 y firmado por Eric Schniter y Mateo Peñaherrera-Aguirre, encontró que el conflicto dentro del grupo predecía el tamaño del repertorio vocal. Basándose en el análisis de 42 especies de primates no humanos, sus autores proponen una vía social en la que los grupos mayores generan más conflicto y, con ello, mayor presión para gestionar las interacciones mediante señales vocales.

Lejos de contradecirse, las explicaciones físicas y sociales podrían ser complementarias. De este modo, la ecología y la anatomía marcarían el terreno de juego, y la dinámica social ajustaría el resultado dentro de esos límites.

"Los grupos de mayor tamaño generarían más conflicto y, con ello, mayor presión para gestionar las interacciones mediante señales vocales".

¿Qué dice esto sobre el origen del habla humana?

El estudio de Lameira sugiere que la vida arborícola pudo crear condiciones ecológicas favorables para una comunicación vocal rica en algunos homininos ancestrales de gran tamaño, un escenario en el que emitir señales a distancia, sin contacto visual, aportaba ventajas evidentes. Sin embargo, pasar de un repertorio de llamadas a un lenguaje exige mucho más.

El habla requiere aprender una vocalización compleja, ejercer un control voluntario sobre la producción de sonidos, combinar unidades de forma abierta y establecer asociaciones simbólicas estables. Las revisiones comparativas clásicas recuerdan que los primates no humanos muestran algunas capacidades relevantes, pero una plasticidad vocal muy inferior a la del habla humana. No existe, por tanto, una línea directa que conecte estos resultados en primates no humanos con una especie o una adaptación concreta del linaje humano.

Este estudio invita a considerar el impacto del tamaño del animal y de las características del espacio en el que se mueve en la formación del repertorio vocal. La física del cuerpo y la geometría del bosque, según esta interpretación, habrían moldeado el terreno sobre el que después pudo florecer una comunicación más compleja.

Por: Erica Couto. Historiadora y asirióloga.

Sitio Fuente: MuyInteresante