Un análisis de ADN antiguo cambia la historia del “guepardo americano”: ni era un verdadero guepardo ni cazaba como imaginábamos

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.-

El ADN de fósiles de hasta 34.000 años revela que el llamado “guepardo americano” era pariente del puma y que algunas poblaciones del Ártico se alimentaban de peces.

El ADN antiguo cambia lo que sabíamos sobre el misterioso “guepardo americano”. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

Lo llamaron “guepardo americano” y durante mucho tiempo su anatomía pareció dar la razón a ese nombre. Miracinonyx trumani tenía un cuerpo estilizado, extremidades alargadas y características asociadas a la carrera, hasta el punto de ser imaginado persiguiendo veloces presas por las praderas de la América del Pleistoceno. Ahora, el ADN recuperado de sus fósiles demuestra que aquella imagen escondía un animal bastante más sorprendente: no era un guepardo y algunas de sus poblaciones ni siquiera basaban su dieta en grandes herbívoros.

Ahora, un estudio publicado en Current Biology obliga a revisar esa imagen casi por completo. El análisis de ADN antiguo recuperado de fósiles de Wyoming y del territorio canadiense del Yukón demuestra que Miracinonyx no pertenecía al linaje de los guepardos. Su pariente vivo más cercano es, en realidad, el puma. Ambas ramas evolutivas se separaron hace aproximadamente 2,6 millones de años.

El dato confirma algo que estudios genéticos anteriores ya habían insinuado mediante ADN mitocondrial, pero esta vez los investigadores contaron con genomas nucleares de alta cobertura. Uno de los ejemplares de Wyoming proporcionó un genoma de unas 22 veces de cobertura y otro del Yukón alcanzó aproximadamente 38 veces, suficiente para colocar con mucha mayor seguridad al animal dentro del árbol evolutivo de los félidos.

La semejanza con los guepardos africanos parece ser, por tanto, un notable ejemplo de evolución convergente. Dos linajes separados desarrollaron cuerpos parecidos al enfrentarse a problemas ecológicos semejantes en entornos abiertos. La naturaleza, en otras palabras, llegó a soluciones anatómicas similares siguiendo caminos evolutivos diferentes.

Pero esa corrección del árbol genealógico no es siquiera la parte más inesperada del trabajo.

El supuesto cazador de las praderas también vivía en el Ártico.

Tres de los fósiles estudiados procedían del Yukón y habían sido identificados inicialmente como restos de puma. El ADN reveló que pertenecían a Miracinonyx trumani. Los ejemplares tienen entre unos 31.000 y 34.000 años de antigüedad y amplían el área conocida de la especie más de 20 grados de latitud hacia el norte. El animal no se limitaba a las grandes llanuras templadas de Norteamérica: también habitaba la estepa-tundra ártica.

Eso cambia bastante la escena. El “guepardo americano” había sido relacionado tradicionalmente con el berrendo, uno de los mamíferos terrestres más rápidos de América. Durante años se planteó que la extraordinaria velocidad del berrendo podía ser el resultado de una antigua carrera armamentística evolutiva contra Miracinonyx. Sin embargo, encontrar al felino en el extremo norte del continente, en ecosistemas con presas y condiciones completamente distintas, hace difícil reducir su historia a una persecución permanente de antílopes sobre la pradera.-

Los huesos guardaban además una segunda sorpresa. Los investigadores analizaron isótopos estables de carbono y nitrógeno para reconstruir la alimentación de los animales. Los ejemplares de Wyoming mostraron valores compatibles con los de un depredador terrestre generalista que consumía herbívoros. Los individuos del Yukón eran radicalmente diferentes: sus valores de nitrógeno eran alrededor de seis partes por mil superiores a los de otros carnívoros contemporáneos de la región.

Los investigadores lograron reconstruir el genoma antiguo más completo obtenido hasta ahora del llamado “guepardo americano”. Foto: Julie Meachen.

Los análisis de aminoácidos situaron a aquellos ejemplares árticos en una posición trófica muy elevada, compatible con el consumo habitual de recursos acuáticos. La explicación que mejor encaja con los datos es que aprovechaban peces anádromos —como los salmones que remontan los ríos desde el mar— y quizá otras especies de agua dulce disponibles cientos de kilómetros tierra adentro. Los autores plantean varias posibilidades: capturar peces en aguas poco profundas, aprovechar grandes concentraciones durante las migraciones reproductivas o consumir animales muertos en las riberas.

No significa necesariamente que Miracinonyx pasara sus días pescando como una nutria gigante. Los isótopos reflejan la dieta acumulada durante largos periodos y no permiten observar directamente cómo conseguía cada presa. Pero sí indican algo difícil de encajar con el viejo retrato del especialista en velocidad: poblaciones de una misma especie podían explotar recursos extraordinariamente distintos.

"Miracinonyx trumani y los pumas procedían de linajes hermanos que se separaron hace unos 2,6 millones de años".

Un felino mucho más extraño que su apodo.

El genoma añadió todavía otro detalle intrigante. Los investigadores identificaron mutaciones que inutilizaban varios genes, entre ellos PER3 y NOS1, relacionados con la regulación de los ritmos circadianos y la respuesta a la luz. Los autores consideran que estas alteraciones podrían estar relacionadas con una menor dependencia de ciclos diarios estrictos, algo potencialmente útil en regiones donde durante ciertas épocas del año existen jornadas extremadamente largas o noches prolongadas. La hipótesis, sin embargo, debe interpretarse con cautela porque el número de ejemplares analizados es reducido.-

El “guepardo americano” tenía una anatomía sorprendentemente parecida a la de los guepardos actuales, aunque esa semejanza surgió de forma independiente a lo largo de su evolución. Ilustración de Julius Csotony

"Los ejemplares del Yukón ocuparon una posición trófica compatible con una importante explotación de recursos acuáticos, probablemente peces anádromos".

También apareció una aparente pérdida funcional en un gen asociado a la percepción del sabor ácido, aunque el estudio señala que esta modificación parece extenderse a otros félidos y que no implica necesariamente la desaparición completa de esa capacidad sensorial. Es uno de esos pequeños resultados que recuerdan hasta qué punto un genoma antiguo puede revelar detalles imposibles de deducir observando únicamente un esqueleto.

En conjunto, Miracinonyx trumani empieza a parecer menos un equivalente americano del guepardo y más un experimento evolutivo propio: un pariente del puma adaptado a correr, capaz de ocupar territorios desde regiones templadas hasta el Ártico y suficientemente flexible como para cambiar radicalmente de dieta según el lugar.

Su apodo sobrevivirá probablemente mucho tiempo. Pero la ciencia acaba de vaciarlo de buena parte de su significado. El llamado “guepardo americano” no solo no era un guepardo. Tampoco parece haber vivido como uno.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante